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David Ferrer conquista el Open de la Comunitat después de una nueva gesta
El tenista de Xàbia levanta un 2-5 en contra en el tercer set de la final ante Almagro
21.04.08 -

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David Ferrer conquista el Open de la Comunitat después de una nueva gesta
Ferrer descorcha una botella.
David Ferrer se ha ganado a pulso el apelativo de Ferru. Ese es el apodo que le puso, jugando con su apellido y la traducción de hierro al catalán (ferro), Nito Llorens, un entrenador que le dirigió durante su etapa en Barcelona. Y sí, Ferrer ha sido de hierro esta semana, incluida la fantástica final del Open de la Comunitat celebrada ayer en la que remontó, ante Nico Almagro, el campeón en las dos ediciones anteriores, un 2-5 adverso en el tercer y definitivo set.

El pupilo de Javier Piles, a quien dedicó el triunfo en esta ocasión, se llevó una final que tenía perdida. Muchos pensarán que fue gracias a su carácter ganador. Pero la lectura que hace Piles es diferente. "David no es un ganador, lo que pasa es que no resiste perder". Y por eso, cuando se ve contra las cuerdas, cuando ve que el partido se le escurre de las manos, saca lo mejor de sí mismo.

Así lo hizo en la final, remontando un 2-5 en contra ante el poderoso Almagro para acabar imponiéndose en ese tercer set en el tie-break. Ferrer venció por 4-6, 6-2 y 7-6 (2) en dos horas y cinco minutos de partido ante 3.500 personas que abarrotaron las gradas de la pista central del CT Valencia. Pero no fue su única gesta de la semana. El día anterior, en las semifinales, superó a Tommy Robredo pese a perder el primer set. Y un día antes, en los cuartos de final, salvó tres bolas de partido ante Fernando Verdasco. No es fácil completar todo eso. De hecho, este año sólo hay otros cuatro jugadores que se han proclamado campeones después de superar algún punto de partido en contra: Nikolay Davydenko (Miami), Sam Querry (Las Vegas), Keil Nishikori (Delray Beach) y Fernando González (Viña del Mar).

Ferrer ha incorporado a su currículo un torneo que tenía entre ceja y ceja. El tenista alicantino quería ganar el International Series de su tierra. Especialmente después de perder la final de 2005 ante Igor Andreev y no llegar en condiciones a las dos siguientes ediciones.

No es el de Xàbia un deportista de celebraciones exageradas. Cuenta Ferrer que el día que consiguió sus primeros puntos ATP no se sintió especialmente contento. Él quería más, necesitaba seguir creciendo como jugador. Algo similar le sucedió cuando atrapó su primer torneo ATP (Bucarest, 2002). Ferrer no ha sido un jugador de explosión prematura, no fue ningún niño prodigio. Sus éxitos llegaron después de mucho trabajo, de muchos sinsabores y por eso, cuando triunfó en Bucarest, con 20 años, ya había aprendido la lección: en el tenis cada semana subes y bajas, un día eres campeón y al siguiente caes en primera ronda. Por eso, por no dormirse en los laureles, ha llegado hasta el top-5, la crema del tenis mundial.

Pero en Valencia fue diferente. Ferrer se tiró de espaldas al suelo tras ganar el séptimo punto del desempate. Estaba feliz, radiante por haberse proclamado campeón en su casa, en la ciudad donde reside, en el club al que pertenece. Aunque hay algo más detrás de esa explosión júbilo. Hace dos semanas no hubiera apostado un euro por él, pero llegó la Copa Davis y su soberbio triunfo ante el número uno alemán, y luego el Open y sus fantásticas remontadas, de lo más excitante que se ha vivido en los seis años de historia del torneo. Atrás han quedado unos problemas que el jugador y su entrenador han preferido no airear.

El caso es que Ferrer volvió a exhibir su fortaleza mental, su cabeza de hierro, de ferro. Y por eso, cuando tenía la final perdida, cuando Almagro, imperial en todos los torneos que ha disputado sobre tierra (llevaba 18 victorias y una derrota), se colocó con 2-5 en el set definitivo, sucedió lo que tanto sorprende a su entrenador. "Cuando le ve las orejas al lobo hace cosas imposibles", apunta Piles. E imposible parecía entonces, situación límite, extrema, máxima tensión, físicos en reserva, anotarse cuatro juegos consecutivos, incluidas dos roturas de servicio ante un Almagro que completó el partido con once saques directos.

El murciano, el murciaNico, soñaba con enganchar su tercer título seguido en Valencia. Es el último año que se celebra sobre tierra batida y a partir de 2009, en pista rápida (green set), bajo techo, sus opciones menguarán considerablemente. Almagro lo tuvo al alcance de la mano después de una semana de tenis esplendoroso, pero cuando servía para completar el trébol, Ferrer le vio las orejas al lobo y... ya se sabe.

En ese momento mutó. Ferrer, con muchos altibajos hasta ese momento, se creció y empezó a alimentar su fama de ser el mejor restador del circuito. Replicó con precisión los potentes saques de Almagro, jugó más profundo, más duro y con mucho más ritmo. Y cuando llegó el tie-break no titubeó, no perdonó y sólo cedió dos puntos.

El murciano no daba crédito a lo sucedido. Cuando concluyó el partido se sintió tan frustrado que no pudo más que romper la raqueta, chillar, lanzar una botella de agua contra el suelo... Desesperación. Aunque Almagro sabía que había perdido ante un tenista de hierro: Ferru.
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