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Por tierras de profetas
24.03.08 -

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La revolución comenzó a finales de los sesenta en Estados Unidos. La revolución incruenta del aerobismo, a la que algunos han magnificado comparándola con movimientos sociológicos o religiosos tan importantes como las cruzadas o el comunismo, tuvo su toque de rebato en 1972 con la victoria de Frank Shorter en el maratón olímpico de Munich. Como si fuera una revelación, multitudes de ciudadanos invadieron parques, caminos y avenidas imitando al héroe americano: había nacido el corredor popular, en una metamorfosis insospechada del sedentario asténico a corredor atlético.

A España llegó varios años después y tuvo por profeta a Ramón Oliu, un ingeniero catalán que ejercía en Nueva Cork, donde vivió el síndrome que le convirtió en un converso. Cuando regresó a Cataluña, llevó el mensaje a los estamentos federativos del atletismo, pero fue una voz que clama en el desierto, y entonces decidió llevar su palabra al pueblo. Alguien le habló de Domingo Catalán y de unos excéntricos que en Palafrugell corrían 38 kilómetros sin otra pretensión que correr por correr. Aquella conjunción cósmica entre el profeta y sus apóstoles propició el nacimiento de la Comissió del Marathó de Catalunya, y sus nombres son hoy leyenda: Pere Pujol Amat (su prestigio y cargos le otorgan el título de sabio del maratón), José María Antentas, Raimon Vancells, Frances Mates, Mensa. Un prodigio sucedió a otro y se alumbró el primer maratón popular de España, el l2 de marzo de 1978, con un recorrido iniciático: Palafrugell, Calella, Palafrugell, Regencos, Pals, Torroella de Montgrí y vuelta. Sobrevivieron l59 de aquella brigada de la resistencia. El maratón inicial de Barcelona le ganó la mano por dos meses de anticipación a Madrid en su eterna dicotomía.

Invitado por Antentas, he tenido el honor de compartir mesa y mantel con Pere Pujol y otras luminarias, ejerciendo de introductor otro hombre egregio, Adolf Torruella, que fue presidente de la comisión y el realizador de la edición olímpica. Sólo faltó el actual director del Maratón de Barcelona, el dilecto amigo Bep Solé. El ángel malo de la rutina ha deteriorado convivencias y aquella comisión es un recuerdo y su labor señera, que era continuar organizando el maratón, cesó. Personas ajenas a las históricas andan ahora en pleitos con el ayuntamiento, que gobierna el maratón, como sucede en Madrid.

Conmovido nuestro espíritu primigenio, y aunque Valencia sigue independiente y libre de absorciones, en benéfico contubernio decidimos redactar en un improvisado papel, que nos facilitó la camarera del restaurante Les Voltes (el más antiguo de Calella de Palafrugell) el acta fundacional del senado del maratón español, al que se accederá en unánime declaración de principios por edad, maratones corridas y acopio de organizaciones. Firmado: Pere Pujol, Adolf Torruella y Toni Lastra.
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