Tumbas monumentales para alicantinos ilustres

La zona de la fábrica de tabacos de Alicante, la plaza de Correos y la de Hernán Cortés fueron camposantos

En Alicante, antes de la construcción de cementerios, los enterramientos se realizaban en las iglesias, como en el resto de los países cristianos. El primer templo en acoger restos mortales fue la parroquia de Santa María, luego San Nicolás, que contaba con una bóveda, bajo el antiguo coro, de cuatro metros de profundidad, donde se cuenta se enterraban a los canónigos del cabildo.

El primer cementerio alicantino estaba frente a la ladera del monte Benacantil, a espaldas de la fábrica de tabacos. También hubo enterramientos en el Huerto de Seguí, detrás de la fábrica de gas, donde se construyó el primer cementerio protestante. Hubo otro en el Arrabal Roig, a orillas del mar, cerca de la calle Jovellanos, al igual que en la antigua plaza de la Barcas (hoy Gabriel Miró).

También se levantaron cementerios en la partida de Los Angeles, en la plaza de Quijano y en la de Hernán Cortés, lugares que ocuparon monasterios religiosos, hasta que el rey Carlos III firmó una Real Cédula en 1787, para la construcción de cementerios fuera de la población y ventilados, como prevención sanitaria para evitar las epidemias.

Así se llegó al viejo cementerio de San Blas, que estuvo abierto más de cien años. Se construyó por decisión del cabildo de San Nicolás y el cura de Santa María, quienes firmaron en los primeros días de enero de 1803, con el conde de Soto Ameno, la escritura de compraventa de los terrenos conocidos como el huerto Lavadero del Rey, al final de la vía Conde de Soto Ameno.

Sus primeros enterramientos se celebraron, tras la bendición efectuada el 14 de julio de 1805, sin estar acabado ya que las obras concluyeron, unos años después. La amplitud era de aproximadamente de 8.626 metros cuadrados. Se cerró en 1918.

En este camposanto hubo notables enterramientos, como el de la Princesa Pío de Saboya, fallecida en 1819; el marino alicantino Berenguer de Marquina o la viuda de Alcalá Galiano. Destacaron varios monumentos funerarios: el de Francisco Alberola Romero, Luis Foglietti, el padre de la que fue gloria de la escena española María Guerrero; Nicasio Camilo Jover, Blas de Loma y Corradí. Albergó además los panteones de los poetas alicantinos Rafael Campos Vasallo y Carmelo Calvo.

Allí recibieron sepultura ingenieros y arquitectos locales como Próspero Lafarga, Guardiola Picó, Emilio Jover, el pintor alcoyano Lorenzo Casanova, que años más tarde fue trasladado a su ciudad natal. También se enterró allí a los alcaldes alicantinos Eleuterio Maissonnave, el conde de Soto-Ameno, Miguel Pascual de Bonanza, Rafael Terol o José Gadea.

En el año 1914 se iniciaron los trámites para la construcción de un nuevo cementerio, el actual camposanto de Nuestra Señora del Remedio. Empezó a construirse en octubre de ese año. El primer enterramiento se efectuó en 1918; cinco años después se efectuó la inauguración oficial.

El primer Reglamento del Cementerio es de 1933, en la época del alcalde Lorenzo Carbonell Llorens. Hacer un recorrido por él cementerio es conocer las obras de mausoleos de lujo creados por distintos escultores alicantinos. Están en la calle principal de entrada, donde destacan las obras de Bañuls, Ibáñez y Gutiérrez, entre otros.

Allí descansan los restos de alicantinos como Soto Chápuli, Sánchez Laliga, Buforn y Martínez Tercero. Junto a la plaza de toros, en el Jardín de Quijano, se encuentra el panteón del que fuera gobernador de la ciudad, Trino González de Quijano, enterrado el 16 de septiembre de 1857.

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