Las Provincias

València, 7 nov (EFE).- Cada año se desperdician en la Unión Europea cerca de 179 kilogramos de comida por persona, un problema que se produce en comedores escolares, hospitales, residencias o medios de transporte y al que debe darse una solución porque supone un impacto social, ambiental y económico muy importante.

Así se ha puesto de manifiesto en la tercera edición del Congreso de Restauración Colectiva (CRC'17) que se celebra en el marco del programa "Valencia. Capital Mundial de la Alimentación Sostenible" y reúne a profesionales de la restauración social y colectiva.

Isabel Coderch, directora y consultora de "Te lo Sirvo Verde", ha asegurado a EFE que es en el sector hospitalario donde se desperdician más alimentos, hasta 120 gramos por persona, y en la alimentación escolar también se estima que se desperdicia entre 70 y 100 gramos por bandeja.

Entre los escolares, los alimentos que más se desperdician son los pescados, pan y ensaladas, y lo que menos se tira es lo que más le gusta a los menores.

A su juicio, este desperdicio de alimentos supone un "impacto social, económico y ambiental muy grande" y considera que podría reducirse tomando "medidas sencillas", motivando a las familias, que son las que pagan los alimentos, a que presionen para disminuir esa pérdida de alimentos.

En España, 15.646 escuelas proporcionaron servicios de catering a 1.916.621 alumnos, según datos del curso escolar 2013/14 ofrecidos por Luis Mata, director técnico de I+D de Zaulab.

Otro de los temas abordados durante el congreso ha sido la alimentación en residencias de la tercera edad donde, según la dietista-Nutricionista Inma Girba, se producen diferencias culturales en la concepción del menú.

Según Girba, a partir de los 60 años aumenta la prevalencia de patologías que afectan al estado nutricional por la disminución de nutrientes con la edad y la polimedicación, y para las personas mayores el acto de comer es relacional y social con sus seres queridos y va más allá de saciar el hambre.

"Su comportamiento alimentario es fruto de años de muchas influencias: geográficas, familiares o socioculturales", según la dietista-nutricionista, que añade que muestran una gran preferencia por la comida casera.

Según la experta, algunos de los factores de riesgo para la malnutrición en las personas mayores son la soledad, la discapacidad, las pérdidas de visión, las patologías o la polimedicación.

Añade que la prevalencia de desnutrición en la población anciana es de entre el 5 y el 10 por ciento en la población general, porcentaje que se eleva a en entre el 35 y el 65 por ciento en los hospitales, y del 30 al 60 por ciento en las residencias de la tercera edad.

En algunas residencias se dan carencias como la imposibilidad de poder personalizar la dieta de cada paciente acorde a sus necesidades fisiopatológicas y gustos, o la ausencia de poder elegir el menú diario.