¿Por qué queremos pasar el resto de nuestra vida en marte?

Sin retorno. Los primeros habitantes de la colonia humana que Mars One quiere establecer en el planeta rojo partirán en 2024. Un viaje de dirección única que no asusta a los aspirantes españoles

ANTONIO CORBILLÓN

Un billete de ida para formar parte del mayor reto de la humanidad. Pero sin poder volver para contarlo. La gloria a cambio de la vida. El penúltimo día de 2013, los gestores del proyecto Mars One, que se han marcado el reto de colocar una base permanente en Marte en el año 2024, comunicaron a 1.058 aspirantes de 107 países que habían superado la primera fase y que serían incluidos en la selección de los 24 tripulantes que partirán al espacio cada dos años. Todos contaron ante una cámara sus razones en un minuto. De entre los que aún pueden soñar con viajar a Marte, 38 son españoles. Un cupo que ha salido de los 3.722 que se presentaron a estas primeras oposiciones a 'martonautas'.

Ya no se trata del «gran paso para la humanidad» que proclamó Neil Armstrong en 1969, cuando pisó la Luna. Sería una enorme zancada hacia el universo. Y su conquista es una aventura privada para la que sus inversores todavía deben juntar los 4.000 millones de euros necesarios. El empresario holandés Bas Lansdorp, cofundador del proyecto, asegura en su web que ha desarrollado «un plan preciso y realista basado enteramente en tecnologías existentes».

Un proyecto que dice haber aprendido de la larga lucha del ser humano por llegar a este fascinante planeta desértico. Esa bola árida con temperaturas de 90ºC bajo cero, atmósfera sin oxígeno, un tercio de la gravedad terrestre y pináculos de lava tres veces más altos que el Everest. Unas condiciones que generan dudas en muchos expertos. «Este proyecto es como irse a colonizar la Antártida con la mejor tienda de campaña y una buena provisión de paquetes de comida liofilizada. Prácticamente un suicidio», pronostica gráficamente Xavier Luri, profesor y miembro de la directiva de la Sociedad Española de Astronomía. Desde las agencias públicas y los foros de debate científicos se ve con mucho escepticismo este ambicioso proyecto. «Es cierto que tenemos la tecnología, pero nunca hemos puesto todas las piezas juntas. Más que ir, el problema sería resistir. No tenemos medios para estancias largas», insiste el astrónomo Xavier Luri.

Pero los candidatos ya saben todo esto. «Lo que busca Mars One son cobayas humanas. Seremos las ratas de laboratorio. Vamos a hacer el trabajo sucio de lo que va a venir». Cuando hizo estos comentarios el pasado noviembre, el geólogo madrileño Juan José Díaz-Guerra aún no sabía que ahora está más cerca de ser ese 'roedor' humano. También es uno de los 38 nominados. Como el resto de españoles que han superado el primer corte, se prepara para el segundo, en el que deberán presentar justificantes médicos de su estado de salud. Invitados por los gestores de Mars One, que buscan la máxima repercusión pública en todas las direcciones posibles, entre ellos se nota ya una cierta efervescencia, aparentemente alejada de la rivalidad. Y la competencia será dura. Y televisada.

Si se cumplen las previsiones actuales, estos más de mil candidatos mundiales se irán eliminando hasta completar 40 en 2015. Se enfrentarán a pruebas de idoneidad que serán decididas no por un comité de expertos en astronomía, sino por los espectadores de los 'reality shows' que serán transmitidos por televisión e internet.

Al límite de la resistencia

Los concursantes serán sometidos a una especie de 'Gran Hermano galáctico' en los que solo puede haber un ganador. Sus derechos de imagen deben ayudar a financiar una gran parte del proyecto. El resto, hasta completar esos 4.000 millones de euros, debe llegar de los 'microcréditos' y las aportaciones de ciudadanos privados seducidos por la dimensión y arrojo de este desafío.

Y, para ganarse el billete real de ida, los finalistas aún deberán demostrar en otro teleprograma planetario su «capacidad de vivir en condiciones muy duras y trabajar juntos en circunstancias difíciles». Antes, serán entrenados en simuladores que reproducirán la vida en Marte. Siete años de ensayos con periodos de tres meses de encierro en algún terreno desértico y extremo, donde cultivarán su propia comida. Cualquier contacto con el exterior se retrasará 20 minutos, el tiempo que tardaría en llegar una voz transmitida desde la superficie del cuarto satélite del Sistema Solar a la Tierra y viceversa: la distancia ronda entre 60 y 100 millones de kms.

- ¿Cómo es la vida encerrado en una cápsula durante 500 días?

- Salir de allí fue el día más feliz de mi vida. Volver a sentir el aire en la cara, poder oler... De todas formas es impresionante cómo el cuerpo humano es capaz de adaptarse a la falta de luz solar.

El astronauta italocolombiano Eduardo Urbina, colega de Pedro Duque en la ESA, describe las primeras sensaciones cuando se abrió la escotilla tras permanecer 520 días encerrado en un simulador marciano en las afueras de Moscú en 2011. Él y sus cinco compañeros estuvieron aislados, sin ver la luz solar, ni pista alguna sobre si era de día o de noche.

No es suficiente para lo que les espera a los conquistadores de Marte. Ni serán de mucha ayuda las aportaciones del 'Skylab' (EE UU), 'Mir' (URSS) y la 'Estación Espacial Internacional', las tres únicas experiencias de vida humana fuera de la gravedad terrestre. Los técnicos de Mars One ya advierten a sus elegidos de que pasarán siete meses «juntos en un espacio muy pequeño». Su comida será liofilizada y enlatada. Habrá ruido constante de ventiladores de los sistemas informáticos. Con rutinas diarias de tres horas de ejercicios para no perder masa muscular y siempre tensos ante cualquier tormenta solar, lo que les obligaría a refugiarse en una especie de búnker antirradiación por varios días. Tendrán presiones «hasta el límite de su formación y capacidad personal», les avisa el médico del equipo, Norbert Kraft.

Si lo superan todo, en Marte les esperaría su nuevo hogar. Cápsulas de 50 metros cuadrados por persona que se montan de forma automática al aterrizar. Con dormitorios, zonas de trabajo y hasta cuartito de estar. Con atmósferas preparadas incluso para que inicien cultivos de plantas con las que podrán alimentarse en el futuro. Se trata de vivir, no de morir en Marte. Antes emigrábamos a Alemania. Ahora, a otro planeta. Juan José Díaz-Guerra vuelve a elevar sus razones a su perfil de Twitter: «¡Qué ganas tengo de tener mi propia nave espacial y salir de este planeta!». Cada cual encuentra sus argumentos para dejar atrás a la Tierra. Entre los españoles hay todo tipo de motivaciones. 'Colgados' de la serie 'Star Trek' como Rafael. O chicas como Ana, que estrena mayoría de edad dispuesta a poner su vida «al servicio del progreso humano». «Marte será un nuevo hogar, donde van a vivir y trabajar -explican desde Mars One-. Si bien esto puede parecer poco razonable para algunos, otros no tienen una mayor ambición en la vida». Resumimos las de cuatro de esos viajeros que solo coinciden en una cosa: no dejarían descendencia tras de sí.

Aurelio Gabaldón Tenor e ingeniero

«Cuando llegue quiero cantar un aria de Puccini»

Ya tiene elegida la pieza: 'E lucevan le stelle' ('Y brillaban las estrellas'), su aria favorita de 'Tosca', de Giacomo Puccini. Habrá pocas solicitudes más originales para presentarse en Marte que la que propone el tenor asturiano Aurelio Gabaldón. «La música es lo más noble y universal que ha creado el hombre para inspirar sentimientos», explica desde su casa en Avilés. A sus 35 años, este tenor formado a la vera de Alfredo Kraus, ofrece un doble perfil por su condición de ingeniero forestal y geólogo, aunque vive de recorrer los escenarios.

- Pero, ¿cómo sonaría la voz de un tenor con una atmósfera tres veces menor?

- Yo también tengo esa curiosidad, pero ¡hay tantos interrogantes! Todo hace pensar que iríamos hacia una muerte segura, pero dar la vida por la ciencia puede ser bonito. Ya que no elegimos nacer, al menos sí podemos elegir morir.

Sin mujer ni hijos detrás, ya se ha acostumbrado a los comentarios de su madre y su hermano, que piensan que «tienen a un loco en casa». Para Aurelio, la fama que le daría participar en una aventura así «no deja de ser una pequeña venganza». Como muchos artistas, le duele haber tenido más éxito y ofertas de trabajo fuera que en casa. En su agenda tiene ya cerradas fechas hasta el 2016 en el Carnegie Hall de Nueva York, en Viena o el sudeste Estados Unidos. En España, casi nada. Da igual el calendario. Gabaldón abandonará todo si entra en la fase definitiva. De hecho, ha sido durante años un habitual de la cartelera de Miami, donde asistió al penúltimo despegue de los transbordadores espaciales. «Siempre buscaba hueco para acudir a Cabo Cañaveral para ver los lanzamientos de cohetes. ¡Ahora sería yo el que iría dentro!». Aunque suele respirar optimismo, Gabaldón todavía no ve a nadie vestido con los 'Marssuits', los trajes espaciales necesarios para sobrevivir en la atmósfera de Marte. «Hay quien piensa que aún no existen todos los medios necesarios. Como en todos los pasos de la humanidad, hay que jugar al ensayo y error. Y participar en la conquista de Marte me parece lo más grandioso en este momento».

Moisés Barba Medina Piloto y comercial

«Mi segundo reto es volver y contarlo en primera persona»

Lo del gaditano Moisés Barba Medina es la adrenalina. Todo aquello que tenga motor, haga ruido y se mueva rápido. También a veces el submarinismo para sentir justo lo opuesto. Piloto de motos, con participaciones en pruebas nacionales y europeas, y con experiencia manejando aviones, también es paracaidista y escalador. Pero las circunstancias de la vida le han llevado a sus 35 años a trabajar de comercial en un concesionario de motocicletas. «Me siento enjaulado», brama. Cuando vio en un telediario una noticia sobre las pruebas de acceso a la Mars One, dejó el plato en la mesa y corrió a registrarse. A la aventura le añade una confianza un tanto suicida y que no se escucha a otros candidatos. «Se supone que el viaje es solo de ida, pero estoy convencido de que también será de vuelta. Ese es el segundo reto: volver y contarlo en primera persona. Creo que, según avancen los años, el proyecto se irá redimensionando».

- ¿Cambia en algo eso sus ambiciones de viajar?

- No tengo que rendir cuentas a nadie y por eso no me produce ningún inconveniente no regresar. La clave es tener la cabeza bien amueblada. Y yo la tengo.

Aunque la selección final aún está lejos, Moisés sabe que viajaría con 45 años, con media vida aún por apurar. «Firmaría el contrato ahora mismo», insiste. Lo que no le impide tener los pies en la Tierra para reflexionar sobre los costes de esta aventura. «Sé que todo esto también es un despilfarro tremendo de dinero y lo cambiaría por acabar con el hambre en el mundo». Entre los argumentos que convencieron al jurado destaca su «capacidad de liderazgo para trabajar en equipo».

Ara Molina Emprendedora

«Pegaba los artículos del 'Discovery' en mi habitación»

Es una de las seis mujeres españolas seleccionadas. Dice que aún está buscando su proyecto vital y, para definir sus ambiciones, reclama la palabra «emprendedora» en el más amplio sentido de la palabra. Para emprenderse acaba de aterrizar en Madrid hace apenas unas semanas. Atrás ha dejado su Bilbao adoptivo (ella nació en Albacete), ciudad en la que luchó sin éxito por hacerse hueco en el marketing 'online', y a donde regresa en cuanto puede. En esta inusitada experiencia espera que le ayude el hecho de celebrar su cumpleaños el mismo día que Pedro Duque (14 de marzo), primer astronauta español de la historia. «Recuerdo como si fuera ahora mismo aquel día de 1998 que el 'Discovery' despegó con Pedro Duque en la tripulación. Arrancaba cada artículo que leía y lo pegaba en la pared de mi habitación». Apenas tenía 13 años. Ahora, a los 28, confiesa «una paciencia infinita», que le hará falta para subir todos los peldaños que permitirán poner el pie en Marte. Su pareja bilbaína y su entorno miran su anhelo con distancia: «Casi ninguno piensa que Mars One vaya a conseguir su objetivo. Pero les hace gracia que esté involucrada y que me llames para una entrevista».

- ¿Tan joven y sin miedo?

- Hay mucha gente que pasa toda su vida en el mismo sitio y nadie lo considera una tragedia cuando, en mi opinión, eso es bastante peor que haber vivido en dos planetas diferentes. A pesar de que no haya posibilidad de regresar.

En su perfil de Mars One destaca su interés por la lectura (sobre todo autobiografías y memorias), la escritura y su condición de bloguera.

José Vicente Díaz Martínez Físico y divulgador científico

«Hay que trabajar donde sea. ¿En Marte?... pues a Marte»

Este máster en Astrofísica valenciano de 41 años siempre quiso ser astronauta. De momento, vive y mata el gusanillo con la divulgación astronómica a través de su empresa, dedicada a guiar a los estudiantes por planetarios y laboratorios científicos.

- Como astrofísico ¿qué es lo que menos le convence?

- Con la tecnología actual no creo que se pudiera resistir en Marte. Pero sí en unos años. En todo caso, no me planteo volver.

No ve problemas en participar en 'reality shows'. «Por una vez servirán para algo positivo». Los suyos le piden que se descuelgue, aunque Marte «les suena a... Groenlandia». Pero José Vicente quiere dar el paso más grande de la historia con argumentos bastante sencillos. «Estoy preparado para todo. Tal y como estamos en España, hay que buscar trabajo donde sea. ¿En Marte? Pues a Marte».

'Donde sea' está a más de 60 millones de kilómetros en su fase orbital más corta. Más de 150 veces la distancia a la Luna. Y, hay que insistir una vez más, no habrá billete de vuelta.