«Nuestro hijo va a recuperar los pies, pero estamos arruinados»

Los padres del niño al que operó Cavadas hace tres meses acuden a Cáritas en busca de ayuda y ya no pueden pagar el alquiler del piso que tienen en Manises

ÁNGELES PEÑALVER
Trinidad Jiménez y David Muñoz, junto a su hijo David. / Txema Rodríguez/
Trinidad Jiménez y David Muñoz, junto a su hijo David. / Txema Rodríguez

Trinidad Jiménez y David Muñoz forman un joven matrimonio de Maracena (Granada) que a principios del verano se marcharon a Gerona a trabajar en la hostelería. Dejaron en casa de los abuelos a sus dos hijos, David el mayor, de 10 años y otro pequeño de 14 meses llamado Iván. El 15 de junio, un viernes, el abuelo paterno cogió a los dos nietos y se dispuso a cruzar España entera para que estos pudieran ver a sus padres el fin de semana.

Pero en la vida no siempre se llega al destino previsto. En la autopista AP-7, a la altura de Benicarló, se salió de la carretera la furgoneta en la que viajaban juntos y el pequeño David sufrió heridas catastróficas en ambas piernas y fue trasladado al Hospital La Fe, aunque posteriormente los médicos decidieron remitirlo al Hospital de Manises, que cuenta con un Centro de Traumatismos de Alta Energía.

Allí tuvieron la oportunidad de ponerse en manos del equipo de Pedro Cavadas, quien le reimplantó los dos pies, por lo que se esperaba que el pequeño pudiera volver a caminar sin ayuda en seis meses. «Estamos muy agradecidos por eso, porque en principio nuestro hijo se ha librado de llevar dos prótesis, pero el proceso se está alargando por algunos problemas. Entre otros, el pie izquierdo está creciendo doblado, por lo que se someterá a varias operaciones más de las esperadas», explica el padre.

El matrimonio no tiene queja ni por asomo de los doctores que están llevando el caso, pero su vida se ha venido abajo desde que el mayor de sus retoños ingresó en el sanatorio. Las esperanzas iniciales han acabado por convertirse en una montaña de deudas que no pueden sufragar. El dinero se ha agotado y ya no tienen ni para lo básico: comer y pagar el alquiler.

«Cavadas hace lo que tiene que hacer y yo casi no lo veo. No le puedo pedir más, él realiza muy bien su trabajo», ilustra el progenitor, cuyo hijo iba a empezar a apoyar el pie en el suelo en breve y a recibir rehabilitación, un hito que se ha retrasado temporalmente para decepción de la familia.

Aquella operación inicial de seis horas fue gratis y el resto de asistencia también. El niño, «que a veces se desespera de tanto reposo», ha tenido salidas y entradas intermitentes en el hospital valenciano en estos tres meses, sometido a revisiones e infinidad de pruebas. «No nos podemos mover de aquí ni mi mujer ni yo. Si me marcho a trabajar a Granada ella se queda aquí sola con David, que pesa mucho. Entre otras cosas, el piso que hemos alquilado es un primero sin ascensor. Y si necesita salir a hacer la compra o cualquier cosa, ¿qué?», explica.

El matrimonio, antes de marcharse a Gerona como camareros, se dedicaba a la venta ambulante de ropa. «Pero ahora llevamos tres meses sin trabajar, sin paro, sin ayudas... Nos han hablado de la Ley de Dependencia los Servicios Sociales de Maracena, ¡pero tarda un año o más en llegar!», apostilla David, quien hoy se dispone a acudir a Cáritas de Valencia para que les ayuden con algo de «comida, pañales y cosas de primera necesidad».

En Maracena pagan una hipoteca de 600 euros mensuales de una pequeña casa. «Llevábamos 50.000 euros quitados del préstamo inicial que pedimos hace cinco años, pero desde que estamos aquí con el niño ya van tres meses que no hemos podido hacer frente a las letras, así que ayer (por el pasado miércoles) CajaGranada nos hizo saber que han comenzado el procedimiento para llevar a cabo el desahucio o el embargo, como se llame. Hasta ahora, lo que más me importaba en mi vida era pagar la hipoteca, pero con lo de mi hijo ha cambiado todo», explica el afectado. «Mis padres y mis suegros nos han ayudado en todo lo que han podido, pero esto tiene un límite. Mi padre es pensionista y no da más de sí», ilustra el padre de David, que no volverá a tener movimiento en el tobillo porque en el accidente perdió una de las articulaciones.

«Aquí en Manises también debo el alquiler del piso de este mes (475 euros), que no sé cómo lo voy a pagar. Estamos fatal», declara el joven de 37 años, que recibe la ayuda de los vecinos para, al menos, poder nutrirse los cuatro. «Nuestro hijo va a recuperar los pies, pero nos estamos arruinando aquí».

«Estaré en Valencia hasta que mi crío pueda salir andando por su propio pie. Si es necesario quedarme uno, dos o tres años, por mi hijo haré lo que haga falta», apuntó Trinidad al inicio de este periplo vital. Hoy lo mantiene, pero la situación les está causando tremendos problemas para los que ninguna administración da una respuesta.