El trastorno del comedor compulsivo, un tabú entre los hombres

La mayoría de los afectados masculinos tienden a ocultar o negar su adicción para no ser estigmatizados en sus círculos sociales

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Un comedor compulsivo de hamburguesas. / Damián Torres/
Un comedor compulsivo de hamburguesas. / Damián Torres

Las enfermedades que vinculan problemas psicológicos con conductas alimenticias se han asociado tradicionalmente al género femenino, a pesar de que los hombres son igualmente propensos a convertirse, por ejemplo, en comedores compulsivos. Mientras que las mujeres suelen reconocer con más facilidad que atraviesan este tipo de dificultades, buscando el apoyo de familiares y amigos, la mayoría de los afectados masculinos tienden a ocultar o negar su adicción para no ser estigmatizados en sus círculos sociales.

Aunque menos de un 10% de la población masculina ha llegado a sufrir anorexia o bulimia, aquellos afectados por el trastorno del comedor compulsivo se reparten casi equitativamente entre los dos sexos en países como Estados Unidos, al identificarse con una serie de causas que son comunes al ser humano. La ansiedad y el estrés, la infelicidad o los episodios depresivos pueden desembocar en una inusual voracidad patológica que, hoy en día, afecta a 20 de cada 100 hombres en Norteamérica, de los cuales muchos no se atreven a acudir al médico en busca de soluciones.

Algunos psicólogos ya han alertado de que mucha de la información divulgativa que existe sobre este trastorno está innecesariamente dirigida al sexo femenino, lo que influye en la animadversión de los hombres hacia el tratamiento profesional. No obstante, la presión social y los estereotipos sobre la masculinidad son los principales factores que determinan el miedo generalizado a admitir el problema y a combatirlo activamente. Por lo general, los hombres aceptan en mayor grado ciertos niveles de obesidad, y muchos de ellos relacionan frívolamente los trastornos alimenticios con una obsesión por la estética que consideran esencialmente femenina.

La negación y el autoengaño presente en muchos hombres contribuyen a agravar la adicción y dificultan un tratamiento que, generalmente, requiere un largo período de tiempo y mucha constancia por parte de los afectados. Las terapias cognitivas basadas en la corrección de pautas de conducta han demostrado ser la técnica más eficaz para minimizar el impacto de este trastorno. Sin embargo, el primer paso que conduce a la recuperación consiste en la identificación del problema por parte del paciente y en la adopción de una actitud proactiva, algo de lo que precisamente carecen aquellos comedores compulsivos que no se atreven a compartir en público sus preocupaciones.