La historia del Ros Casares

JUAN CARLOS VILLENAVALENCIA

Cuando una tarde de junio de 1996 dos centenares de personas se reunieron en el teatro Capitolio de Godella para salvar el proyecto del baloncesto femenino en la provincia de Valencia, tras la decisión de Jose Ramón Guimaraens de llevarse el equipo a Getafe, no tenían como objetivo levantar una Euroliga más de una década y media después en Estambul. En ese momento lo único que importaba era que el corazón del baloncesto femenino no dejara de latir. Y se consiguió. Los derechos del primer equipo se marcharon con el Pool Getafe pero los de la cantera se quedaron en Godella.

Y de esa semilla nació el club que el 1 de abril se proclamó campeón de la Euroliga. Gracias al trabajo de Paco Herrero, Mariano Domingo, Pepa Blasco, Amparo Esteve, Daniel Tornal, Dolores Escamilla, Fede Marco... y tanta gente que no cabría en el artículo, la familia Ros García se enamoró del baloncesto femenino tres años después. Pero para ello el equipo tenía que ascender a la Liga Femenina desde la Primera División. Un año después, en la fase de ascenso que se disputó en Godella, se consiguió el objetivo de volver a la elite. Con un proyecto de jugadoras valencianas, con Merche Aloy, Lorena Nestar o Laura Chinillach y con históricas del baloncesto nacional como Piluca Alonso se consiguió, de la mano de Fede Marco, que el baloncesto valenciano volviera a tener representación en la Liga Femenina. Desde el verano de 1999 el club compite con el nombre de Ros Casares, después de que la empresa se hicera cargo de las riendas que ya no quería llevar la empresa Popular de Juguetes. Con un palmarés nuevo pero cogiendo el testigo de esos tres años titánicos en los que, los miles de 'locos' por el baloncesto femenino de la localidad de lHorta Nord, habían luchado para que su deporte no se convirtiera en un episodio similar al del fútbol sala o el balonmano masculino valenciano.

Desde 2001 el Ros Casares se trasladó a Valencia, pero una parte de su alma quedó para siempre en Godella. Hasta allí, a miles de kilómetros de Estambul, llegaron las lágrimas de alegría. La obsesión por la actualidad, por el día a día efímero, nos hace olvidar en demasiadas ocasiones el pasado. Anoche, cuando el presidente Germán Ros pudo saborear la gloria conquistada seguro que recordó a aquellas personas que un buen día acercaron el deporte de la canasta a su familia, a él y a su hermano Francisco Juan. Han sido demasiados esfuerzos, desde aquellos primeros días en el Pabellón Municipal de Godella cerca de Campolivar al glamour del histótico Abdi Ipekçi, como para olvidarlo. Las herederas del Dorna unieron por unos instantes algo que nunca debió romperse.

Porque la historia del baloncesto femenino valenciano no comenzó, ni mucho menos, en aquella calurosa tarde de junio del 96 en Godella. Si aquellos amantes del basket se negaron a tirar la toalla fue porque se había conseguido armar a una afición fiel a base de títulos. Los que llegaron de la mano de Miki Vukovic y su inolvidable Dorna. Bajo la batuta del ingeniero de minas las valencianas disputaron cuatro finales consecutivas de la Copa de Europa, con un resultado de dos títulos y dos subcampeonatos. La espiral de gloria comenzó el 26 de marzo de 1992 en Bari. El Dorna conquistó su primera Euroliga tras vencer al Dynamo de Kiev por 66-56. La estrella de aquel título fue la inolvidable Raziya Mujanovic que anotó 31 puntos. Con una rotación de tan sólo seis jugadoras Vukovic consiguió amasar un equipo ganador que reeditaría el título una temporada después. Y con el segundo título europeo llego el momento más recordado de la historia del baloncesto valenciano. En un Pla de l'Arc de Llíria a rebentar, con más de 5.000 espectadores, el Dorna desató la locura venciendo en la prórroga al histórico Como por 66-58. Fue un 25 de marzo de 1993. Entre McClain, Geuer y Zasulskaya anotaron 45 puntos. Las italianas se vengaron ganándole dos títulos al Dorna, en Poznan 94 y Cantú 95.

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