Un antihéroe para la historia

Un penalti lo convirtió en leyenda de la Liga. El hombre que ahogó el sueño del Superdépor es hoy preparador de porteros del Hércules Qué fue de José Luis González Vázquez ex jugador del Valencia CF

JAVIER ABIETAR ZAHONERO JABIETAR@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.
Un antihéroe para la historia

Una décima de segundo. Un penalti. Once metros separan al Deportivo de conquistar la primera Liga de su historia. Djukic lanza. Todo Riazor enmudece. Todos menos José Luis González. El entonces portero del Valencia detiene la pena máxima y con gesto de rabia entra en la historia del fútbol español. Su puño derecho en alto mientras sujeta el balón con el brazo izquierdo ha quedado grabado en la retina de muchos aficionados, para tristeza gallega y alegría culé. Aquella intervención en el último segundo de la Liga 1993-94 acabó con el sueño del Superdépor y dio el título al Barça.

La celebración de José Luis González Vázquez, nacido en Elgóibar el 27 de agosto de 1964, generó muchas interpretaciones, basadas en el habitual tráfico de maletines, pero él lo tiene claro. «Fue un gesto de rabia después de una temporada muy mala para mí», recuerda dieciséis años después el juez del último campeonato ganado por Johan Cruyff.

«Nosotros no nos jugábamos nada, pero ellos sí; era un partido complicado por eso». Sobre todo cuando el encuentro agonizaba y el colegiado decretó penalti en una internada de Nando por la banda izquierda que Serer interrumpió en el área de castigo. Pena máxima.

Bajo los palos, González. «Era mi segundo año y pensaba que iba a tener más minutos. No fue así. Jugué algunos partidos, pero la temporada fue malísima, así que cada encuentro que tenía, y sólo participé en siete u ocho, trataba de hacerlo lo mejor posible», indica el actual entrenador de porteros del Hércules.

Con esta mentalidad afrontó González el penalti, dispuesto a darlo todo para acabar bien la campaña. En el campo ya no estaba Donato. Bebeto rehusó asumir la responsabilidad. «Fue Djukic quien cogió el balón, demostrando una gran personalidad», explica el ex jugador del Valencia.

El lanzamiento no fue bueno. «Adiviné por donde iba a tirarlo y detuve el penalti. Por eso lo celebré. Toda la rabia contenida de la temporada salió en esa jugada», relata González.

El vasco, que llegó al club de Mestalla procedente de la Real Sociedad como uno de los mejores guardametas de España, no tuvo los minutos que esperaba y terminó yéndose después de dos temporadas al Valladolid.

Aunque deportivamente no lo pasó bien, con los compañeros la situación fue diferente. «Giner y Camarasa eran los que más ayudaron y también los más bromistas. En uno de mis primeros desplazamientos con el Valencia me apareció toda la habitación patas arriba. Me llevé un buen susto, pero fue una broma. Con el grupo me sentí muy bien».

Tras marcharse de Valencia y pasar por Pucela, González fichó por el Marbella y terminó jugando cinco temporadas en el Xerez, hasta que en 2001 colgó definitivamente los guantes.

Una vida para el fútbol

No quiso desvincularse del fútbol ni de la ciudad andaluza. Su primer trabajo lejos de los tres palos se lo proporcionó la escuela municipal y mientras tanto consiguió terminar el curso nacional de entrenador y sacarse el título. Tras su paso por el Ceuta volvió al Xerez.

Esta etapa fue clave para su actual futuro, pues allí coincidió con Esteban Vigo, el histórico 'boquerón', quien ahora lo ha llevado al club alicantino. «Con casi todo el cuerpo técnico del Hércules he estado antes y eso lo hace todo más fácil», manifiesta González. En el equipo alicantino, uno de los grandes favoritos para el ascenso a Primera, desarrolla la labor de entrenador de porteros. La vida de José Luis González ha estado marcada por el fútbol. Lo vivió desde dentro y ahora en el banquillo. «No tiene nada que ver. La responsabilidad es diferente. Resulta mucho más bonita y gratificante la visión del jugador. Aunque la de portero sea una posición específica e ingrata, te da mayores alegrías», indica.

Para González, lo más importante es seguir vinculado al fútbol. «La mayoría de los porteros a los que he entrenado aceptan la metodología de trabajo. Ver cómo van creciendo y desarrollando su juego para mí es muy bonito», señala.

Y ahí están los resultados. Los alicantinos se salen en Segunda División y apuntan al ascenso. «Estamos muy contentos, todos los jugadores nos han recibido bien. La profesionalidad, calidad humana e implicación de la plantilla están dando una respuesta buenísima».

El único aspecto complicado de su etapa en el Hércules es estar lejos de la familia. «Cuando siguen contigo es porque respetan tu trabajo. Mi mujer e hijas ya han asimilado el mío, pero este año se quedaron en Xerez. La pequeña ya tiene tres años y otro cambio de colegio no sería bueno. Además, mi esposa tiene trabajo, así que me vine solo», argumenta el ex cancerbero.

Eso lo ha notado especialmente en fechas tan señaladas como las recién concluidas navidades, pero cuando decidió trasladarse a Alicante lo hizo asumiendo todas las consecuencias. «Si puedo voy allí y otras veces viene mi familia», concluye uno de los grandes antihéroes de la historia del fútbol.