Vicente Mota, un valenciano que dejó el catolicismo y se convirtió en imán

F. M.VALENCIA.
Vicente Mota. :: J. MONZÓ/
Vicente Mota. :: J. MONZÓ

Vicente Mota se siente una persona afortunada, un hombre realizado. Este valenciano se sentía atraído por la figura de Cristo y, como buen católico, leía la Biblia para encontrar respuestas. Hasta que llegó a la crucifixión. «Lo leí y no me lo creí». Entonces tiró hacia las religiones orientales, aunque tampoco le contentaron.

Su vida cambió por completo durante la guerra del Golfo. Un día, dialogando con un vecino argelino, descubrió que el Islam no era tan diferente. «Me dijo que creían en todo lo que creen los cristianos». Poco después acudió a una biblioteca para hacerse con un ejemplar traducido del Corán. «Leí que no le mataron ni le crucificaron. Ese mismo día me consideré musulmán».

Entonces comenzó a frecuentar la Gran Mezquita. Allí surgió la oportunidad de viajar a Francia, a la Borgoña, para estudiar en la universidad islámica de Chateau-Chinon, donde se licenció en Teología y Jurisprudencia Islámica, logrando la máxima puntuación en la tesis de final de carrera. Y volvió a Valencia, donde se convirtió en un imán, un guía espiritual, que le permite dirigir las oraciones en la mezquita de Orriols.

Su conversión fue bien recibida en casa, pese a que era una época en la que estaban muy de moda las sectas, algo que asustó a su madre. Aunque más le intimidó su padre, a quien no le dijo ni pío. Pero su progenitor empezó a sospechar y a temer por la salud mental de su hijo. Hasta que unos amigos marroquíes le tranquilizaron. «No tienes nada que temer». Desde entonces todos respetan sus creencias.

No siempre es así. «Mucha gente las pasa canutas. Hay hasta quien echa de casa a su hija», explica. Mota esgrime su argumento más recurrente. «Todos los problemas que surgen alrededor del Islam es por desconocimiento. Al final el comentario siempre es: 'No es como yo pensaba'». Y pone un ejemplo: «Los cristianos siempre critican nuestro trato hacia las mujeres, pero, curiosamente, tenemos muchas más mujeres conversas que hombres».

Este valenciano de 34 años dirige la oración del viernes, que, en Orriols, se ha dividido en dos para poder acoger a toda la gente que acude, en masa, a la mezquita para rezar en grupo. Mota es el imán que lee el Corán ante las postraciones y reverencias de los fieles.