Tesoros romanos sumergidos

Los expertos buscarán un pecio del siglo I en un yacimiento considerado «único en España» Restos de naves, ánforas y lingotes de plomo descansan en el fondo del Grau Vell de Sagunto

MARINA COSTASAGUNTO.
Tesoros romanos sumergidos

No son los restos del Titanic, pero el yacimiento que se extiende sobre el lecho marino de la costa saguntina es todo un filón para los investigadores. Este trozo de historia del Imperio Romano, mecido por las olas y el tiempo durante siglos, comparte baño con moluscos y peces en el Grau Vell, a la espera de un rescate que lo devuelva a la vida.

Los hallazgos en dos prospecciones subacuáticas, realizadas durante los años 1999 y 2001, detectaron con radares sonar y varias inmersiones tinajas de grandes dimensiones, ánforas, fragmentos cerámicos, lingotes de plomo y un enorme derrumbe de una construcción antigua que podría indicar el lugar donde se levantaba el faro del puerto romano.

Pero las entrañas del mar aún tienen reservadas muchas más sorpresas. «Existen indicios importantes de la existencia de un pecio del siglo I d. C. que transportaba vino y que estaría situado a unos 200 metros mar adentro», explica el especialista en arqueología náutica y autor de las dos últimas campañas de rastreo, Carlos De Juan.

La aparición de más de setenta kilos de fragmentos de tinajas o «dolia de vino» abre a los expertos todo un mar de posibilidades en el lugar donde fondeaban aquellas naves romanas.

Pero ahí no acaba todo. «Pueden encontrarse restos de la vida diaria del puerto, mercancías muy diversas, utensilios e, incluso, lo que comían los marineros como huesos de animales», destaca el investigador. Todo el apartado de residuos orgánicos como pieles, telas o desperdicios de época clásica salpican el fondo marino.

«Sus propiedades físicas están alteradas pero se pueden recuperar si se actúa a tiempo. La madera, por ejemplo, pierde la celulosa pero se le puede devolver la consistencia mediante unos tratamientos específicos».

Lo mismo sucede con el material cerámico. Se satura de sales marinas. Por ello, hay que realizar el proceso inverso cuando se extrae del agua, rápidamente. «Mediante ósmosis la pieza va soltando las sales. En caso contrario, los vestigios cristalizan y se agrietan hasta que se deshacen o revientan», apunta el especialista.

Pero no es la única nave romana que podría aparecer sumergida en este punto. A unos mil metros de la costa, los expertos hablan de la existencia de un pecio «de cierta envergadura de época imperial que portaba salazones de pescado, probablemente procedentes del estrecho de Gibraltar.

«Hay noticias y materiales arqueológicos que nos dirigen a ese sector». Esta nave pudo tener entre 20 y 25 metros de eslora, aproximadamente.

Métodos más eficaces

Todo un imán para los radares de última generación que en la actualidad podrían surcar los mares «con obvias probabilidades de éxito». Un convenio entre la Autoridad Portuaria de Valencia y el Ayuntamiento de Sagunto puede acabar pronto con estos siglos de silencio sumergido bajo las aguas del mar.

Tal y como avanzó el alcalde de la capital del Camp de Morvedre, Alfredo Castelló, este proyecto prevé analizar el fondo marino en busca de restos y convertir el yacimiento terrestre en un paseo arqueológico visitable «único» que daría a conocer la importancia marítimo-mercantil que tuvo la vieja Saguntum. Las excavaciones realizadas en tierra firme destaparon importantes datos de aquel periodo.