Las Provincias

Zaza derrocha voluntad con el Valencia CF pero falla en los remates decisivos

Zaza lucha un balón con Escalante, uno de los mejores del Eibar. :: juanjo monzó
Zaza lucha un balón con Escalante, uno de los mejores del Eibar. :: juanjo monzó
  • El italiano no sacó partido a ninguno de los nueve envíos en largo que le hicieron desde la defensa y cabeceó fuera un gran centro de Gayà en el 11'

valencia. Extraer un juicio exacto de la valía o no de Simone Zaza en un partido como el de ayer del Valencia sería casi como invertir en Bolsa sin tener ni idea de cómo está el mercado ni dónde se mete el dinero. Pero, al menos, la afición de Mestalla pudo comprobar por dónde puede ir el rendimiento de este jugador, objeto de deseo de todos (desde Prandelli hasta Alesanco, pasando por García Pitarch y Voro), que este verano y si se cumple el requisito de los 10 partidos le puede llegar a costar al Valencia hasta 20 millones de euros. ¿Los vale de verdad? Desde luego, dinero es y mucho, demasiado quizás para un club condenado a no jugar Europa la temporada que viene. A Zaza, por lo que se vio ayer, no se le puede negar voluntad. De eso anda sobrado. Fue lo mejor que aportó, energía al menos a la hora de mostrar intenciones. Se le vio presionando arriba, corriendo a ayudar al lateral y hasta echando al final una mano en defensa llegando incluso a ser, pegado a la línea de fondo, el futbolista más retrasado del Valencia junto con Alves. Demasiado. Innecesario.

A Zaza, como a cualquier delantero centro, se le pide remate. Gol. Y de eso, para ser sinceros, más bien poco, por no decir nada. Tres remates tuvo en hora y media. Ni uno solo a puerta. El primero, sin haber llegado al minuto 2', lo envió muy alto tras un servicio de Montoya. El segundo balón se lo puso de manera inmejorable Gayà, pero con el defensa superado y con un salto fácil, cabeceó de nuevo por encima del larguero. ¡Eso no se puede fallar! El tercero, a ocho minutos para el final, con la pierna izquierda y muy desviado de la meta. Esa fue toda la aportación ofensiva, desde el plano rematador, del delantero internacional italiano, el hombre que sin saberlo fue el protagonista del adiós de Prandelli. El equipo abusó del balonazo en largo porque nunca le ganó la disputa a los centrales. Nueve envíos que se perdieron en la nada.

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