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Víctor Espárrago y su Valencia de récord

Espárrago junto a Voro, Ochotorena, Ferrando y Fernando. / j. penalba
Espárrago junto a Voro, Ochotorena, Ferrando y Fernando. / j. penalba

PACO LLORET

El Valencia estableció en la temporada 89-90 su mejor registro de imbatibilidad hasta el momento: quince jornadas consecutivas sin conocer la derrota. Al frente de aquella plantilla estaba Víctor Espárrago, un entrenador que realizó una excelente labor y que devolvió a los de Mestalla a la élite del fútbol. Pese al mal inicio de campaña con dos derrotas en las tres primeras jornadas, los valencianistas remontaron el vuelo y acabaron el campeonato en segunda posición. El técnico uruguayo supo conducir al plantel hasta lo más alto.

Hombre metódico y organizado, serio y discreto, Espárrago fue clave en la transición del Valencia a finales de los ochenta. La pesadilla del descenso quedó rápidamente borrada. Tres años después del hundimiento se volvía a Europa con todas las de la ley. Con Roberto Gil, secretario técnico, formó un binomio que funcionó a las mil maravillas. Ambos se entendían y remaban en la misma dirección. El Valencia armó una columna vertebral de calidad contrastada a la que se añadieron los refuerzos adecuados. Las incorporaciones de Ochotorena y Eloy fueron fundamentales, así como la de jugadores comprometidos como Zurdi y, posteriormente, Lubo Penev, Toni o Tomás. Aquella plantilla se quedó a las puertas de una final de Copa a la que se hizo acreedora, pero la suerte y una decisión arbitral errónea en semifinales lo impidieron.

El calendario liguero deparó un tramo inicial de órdago al medirse en la primera jornada con el Atlético de Madrid y visitar el Bernabéu en la tercera. Ambos duelo concluyeron con derrota. Los rojiblancos, capitaneados por un deslumbrante Futre, se impusieron en Mestalla por 1-3. Pese a jugar bien y estar a un paso de empatar, el duelo de Chamartín acabó con un marcador impactante pero ficticio: 6-2. Entre medias, el Valencia arrancó un empate del Molinón. Un punto de seis posibles y colistas. A partir de la cuarta jornada vino la recuperación y el récord. De forma gradual el conjunto de Espárrago fue progresando. La primera victoria llegó en la cuarta jornada. Triunfo inapelable en casa ante el Cádiz por 3-0 con un juego magnífico. El marcador pudo incluso ser más amplio, pero la principal conclusión es que aquel equipo iba a levantarse con brío y a recuperar el terreno perdido.

El Valencia estableció en la temporada 89-90 su mejor registro imbatido: quince jornadasEl entrenador uruguayo fue clave en la transición del Valencia a finales de los años ochenta

Una racha singular de tres empates seguidos, dos fuera y otro en Mestalla, con idéntico resultado: uno a uno, vino a continuación. El tercero de ellos tuvo como escenario La Catedral, donde Fernando falló un penalti y Bossio sufrió una rotura parcial de los ligamentos de la rodilla. El uruguayo, para sorpresa del doctor Joaquín Arregui, aguantó todo el partido sin rechistar y dando la cara como era habitual. No fue la única adversidad. Dos semanas después vino otro contratiempo, Giner se lesionaba gravemente en Valladolid y era evacuado de Zorrilla en ambulancia. Esa noche los valencianistas consiguieron el primer triunfo como visitantes y Lubo Penev se estrenó como goleador tras un fallo monumental del portero local Ravnic. Pese a las dos importantes bajas, la escalada en la clasificación seguía imparable. La grada de Mestalla apreciaba que su equipo ofrecía un juego más vistoso que en el de la campaña precedente, la 88-89, en la que la producción goleadora fue más limitada. Sin duda, la incorporación del ariete búlgaro resultó todo un acierto aunque se escaparon partidos que se dominaban en el marcador con dos goles de ventaja y que finalizaron en empate. Sucedió ante el Castellón y en la visita a Vallecas.

Sin lugar a dudas, el mejor partido de aquel Valencia tuvo lugar ante el Barça de Cruyff en Mestalla a principios de diciembre. Una segunda parte memorable en la que el once de Espárrago le dio un baño al conjunto culé y remontó el gol inicial de Julio Salinas. De ello se encargaron Voro y Penev. A esas alturas del campeonato, las piezas habían encajado a la perfección y nada parecía frenar a un equipo que abrió el año 90 con un cómodo triunfo en casa ante el Celta. Una semana después, en la jornada que cerraba la primera vuelta, los valencianistas perdieron su condición de invictos después de quince encuentros al caer por la mínima en Las Gaunas ante el Logroñés. Un solitario gol de Manu Sarabia acabó con la racha. Atrás quedaban ocho victorias y siete empates que situaban al conjunto de Espárrago a cinco puntos del líder.

Sin duda, la 89-90 fue la mejor campaña del entrenador uruguayo en el banquillo de Mestalla. Al acabar el ejercicio con el subcampeonato, Arturo Tuzón puso el punto final a sus primeros cuatro años de mandato. Nadie se presentó como alternativa y el máximo mandatario continuó en la presidencia aunque esta nueva etapa no se parecería a la anterior. El tercer y último ejercicio de Espárrago en el banquillo valencianista, tampoco. El listón estaba muy alto y las expectativas se habían disparado. El Valencia no respondió como se suponía. Ni en la Liga ni en la Copa ofreció el nivel adecuado de prestaciones. Se cerraba un trienio con más aspectos positivos que negativos pese a la decepcionante despedida. El récord de imbatibilidad establecido por aquel equipo no ha sido todavía superado casi treinta años después.

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