Las Provincias

«Vámonos hijo, que no baja a firmar ningún jugador»

Camarasa, Murthy, Layhoon y Sol, con miembros de la peña de Barcelona 'Lo rat penat'. :: vcf/lázaro de la peña
Camarasa, Murthy, Layhoon y Sol, con miembros de la peña de Barcelona 'Lo rat penat'. :: vcf/lázaro de la peña
  • Layhoon Chan atiende a los peñistas de Lo Rat Penat, decepcionados por no tener autógrafos de los futbolistas

    Algunos seguidores de Barcelona mantienen un encuentro cordial con parte del consejo pero se quedan con las ganas de ver a la plantilla

Pasa de la una de la tarde. Aitor -camiseta de la senyera- y Alba llevan desde las nueve de la mañana haciendo guardia en la pequeña recepción del hotel del Valencia en la misma Diagonal de Barcelona. Como también el pequeño Víctor -camiseta blanquinegra- y su padre. Todos tienen dos cosas en común: su afición al club de Mestalla y su decepción. Hay situaciones en el Valencia que desgastan, ya sea por ignorancia, descuido o simple dejadez. Estos cuatro aficionados forman parte de la peña Lo Rat Penat. Si es difícil mantener viva la ilusión por unos colores con el equipo dando tumbos como está, más lo es si se trata de aficionados residentes en una ciudad como Barcelona.

Pues bien, ayer varios miembros de esta peña valencianista se acercaron al hotel de concentración del equipo. Allí mantuvieron un cordial encuentro con la presidenta, Layhoon Chan, Anil Murthy y Juan Sol (en el último desplazamiento la peña 18 de marzo de Madrid mostró su malestar porque sólo Sol acudió a la cena preparada). Hasta posaron con ellos, junto a Paco Camarasa, para una foto. El club tuvo el detalle de regalarles algunas bufandas y entradas para el partido. Hasta ahí perfecto. Pero... ¿y los jugadores? Tan sólo pudieron ver a Jaume Doménech y casi por una coincidencia. Del resto, nada de nada. Pese a que el partido era a las 20.45 horas, el equipo ni tan siquiera salió a pasear y a disfrutar de la agradable mañana por la Diagonal. Reclusión total aunque llevaran desde las ocho de la noche del sábado dentro del establecimiento.

Es verdad que por la mañana Voro dio la charla táctica a sus futbolistas y que estos luego acudieron al comedor. Pero fueron pasando las horas y los comentarios de los aficionados, allí presentes, transitaron desde el agradecimiento por el detalle del club hasta la tristeza por no tener la oportunidad de fotografiarse o recibir los autógrafos de algunos de sus futbolistas.

Si se echa la vista atrás, en el Valencia el último que procuraba cuidar este tipo de situaciones era Amadeo Salvo. Y hasta Manuel Llorente tenía especial sensibilidad también. Con ellos de presidentes, por ejemplo, era bastante habitual que en las mañanas 'perdidas' en el hotel de concentración (salvo que pasen por la sala de masajes), el dirigente hablara con el delegado y forzara a que dos o tres jugadores abandonaran sus habitaciones para departir unos pocos minutos con los aficionados de la ciudad de turno. Esta vez, nada de eso ocurrió. Como el comedor del equipo, encima, estaba en una planta superior, no pisaron la recepción para nada. El desencanto fue mayúsculo. «Vámonos hijo, que aquí no va a bajar ningún jugador. Es una pérdida de tiempo», le decía al pequeño Víctor de corta edad su padre. El Valencia quiere recuperar su conexión con la afición pero falla en algunas estrategias.

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