Las Provincias

Valencia CF - Deportivo de la Coruña (3-0) | Joao Cancelo crispa una tarde de paz

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/ EFE

  • El luso manda callar a Mestallatras marcar y después pide perdón

Cuando parecía que el partido en Mestalla se iba a cerrar con una plácida victoria del Valencia y poco más, el relato se trufó de detalles que tendrán consecuencias. La lesión muscular de Gayà, una más en la plantilla esta temporada, obligó a la entrada de Cancelo, que alborotó los minutos del tiempo añadido. No por su tanto, que fue un gran gol, sino por el gesto de mandar callar a la grada como si el público no fuera soberano por criticar al luso cada vez que lo ha hecho mal. Esta no ha sido su mejor temporada. La osadía de un joven refleja en lo que se ha convertido la entidad de Mestalla. El desgobierno de Peter Lim en el que el nuevo, Mateo Alemany, tendrá que poner orden. La estupidez de Cancelo fue tan mayúscula como la honradez del gesto de pedir perdón. Algunos de los veteranos, como Parejo y Abdennour, se acercaron al chaval para reprocharle el atrevimiento. El chico, todavía en caliente, se disculpó con las manos al viento. Una parte de Mestalla lo ha sentenciado.

La sanción de Montoya impone a Cancelo en el lateral derecho el próximo jueves ante el Celta. Los noventa minutos pueden ser un suplicio para el chico. Pidió perdón, aludió a problemas psicológicos como razón de su gesto disparatado –es cierto que no lo ha tenido fácil en esta vida— y obliga a la maquinaria mediática del club a trabajar la calma. Cancelo tiene una historia detrás. Triste, muy triste. De esos mamporros que da la vida en un instante y que ya no tienen olvido. Hay adolescentes que se ven abocados a madurar subidos de revoluciones. Obligados a quemar etapas. «Que mami me bendiga», señaló el luso en su cuenta de Instagram como cierre a otro mensaje para pedir disculpas a la afición. Ahí está el secreto. La comprensión del club con este caso es una norma. A partir de aquí, cada uno manejará el indulto o la condena según sus principios.

La irreverencia de Cancelo cerró un partido que no tuvo más historia que la paz de una de las victorias más plácidas de la temporada. Un triunfo que se gestó en la inspiración de Alves y en el desacierto del Deportivo. Es cierto que el árbitro De Burgos Bengoetxea echó un cable al anular un gol legal a Carles Gil con el marcador todavía virgen de goles.

El Valencia se impuso en el patio de colegio que fue Mestalla en los primeros diez minutos del partido. Un encuentro de recreo, con dos ocasiones clarísimas falladas, un penalti que Alves despejó para sumar páginas a su leyenda, un gol mal anulado al Deportivo y un tanto de Garay tras el balón al larguero de Munir. No podían pasar más cosas en los primeros minutos del partido. Un enfrentamiento anárquico propio de dos equipos que han narrado esta Liga desde la falta de criterio. Donde la inestabilidad ha sido el hábitat natural semana tras semanas. Valencia y Deportivo, no hace mucho alternativa a los candidatos al título, acumulan dos temporadas ligoteando con los puestos de descenso. Ambos están en pleno proceso de recomposición. Los gallegos, tras su vuelta desde el pozo de la Segunda División. Los valencianistas, desde que Peter Lim apartó el sentido común de la gestión deportiva.

El resultado de ayer del Valencia fue más vistoso que real. Los de Voro lucieron efectividad. A los dos minutos Orellana tuvo una clarísima que lanzó a las manos de Poroto Lux. Después fue Zaza el que marró su oportunidad. Los errores estuvieron a punto de pagarse cuando Montoya se llevó por delante a Andone. Penalti. Hoy en día, ponerse de cara a Alves desde los once metros es un ejercicio de valentía. Lo hizo Fajr. Su tiró lo despejó el carioca –el Dépor se queja de que se adelantó varios pasos– para agrandar su leyenda y subir el primer peldaño hacia la victoria.

Un minuto después, Carles Gil, que saltó a Mestalla con el afán de reivindicarse y lo consiguió, marcó para que el árbitro anulara el tanto por un fuera de juego que no existió. Ayer, después de tantas jornadas de cruz, al Valencia le salió la cara de la moneda. La norma en este campaña casi siempre ha sido la de remar en contra. Ayer, el viento sopló tan a favor que Garay despejó las dudas tras recoger un rechace de un cabezazo de Munir al travesaño. Todo en diez minutos.

El gol dio más libertad al Valencia. El centro del campo batalló y Zaza levantó la bandera ofensiva pero a un mundo de la portería. El italiano es tan voluntarioso como atropellado. Su esfuerzo es loable pero el ímpetu desbocado le lleva a arrasar con todo lo que se le presenta por delante. Las ganas de agradar le pueden. El sosiego le hará crecer. El chico ha caído de pie en Mestalla.

El Dépor no le perdió la cara al partido y buscó el empate. Andone es un pedazo de delantero y Carlos Gil demostró que hoy tendría sitio en el Valencia. Pero el favor lo hizo otro valenciano que juega en el Dépor. El central Albentosa remató a su portería un saque de esquina lanzado por Parejo. Más paz en Mestalla.

Mel metió a Emre tras el descanso para tratar de enredar. El Deportivo disfrutó de alguna ocasión pero la mejor versión de Diego Alves estuvo presente para desbaratar cualquier opción de remontada. Las paradas del carioca templaron los nervios. El paso de los minutos jugó a favor del Valencia. Voro movió el banquillo. La salida de Siqueira recompuso líneas. La lesión de Gayà obligó a actuar con rapidez. Y ahí apareció Cancelo, revolucionado, disparatado y arrepentido. Todo en un gol. Su historia ya está contada al principio. El triunfo deja al Valencia a once puntos del descenso, con una semana propicia para sumar –Celta en casa y Granada fuera– y con el debate de la continuidad de Voro marcado en rojo en la agenda.

Al final, ante el agotamiento del Deportivo, el Valencia encontró espacios a la contra y se acercó a la meta de Lux, pero con poca precisión, aunque en tiempo de prolongación, en un contragolpe Cancelo cerró el encuentro con un gran gol.

El partido acabó con polémica ya que Cancelo pidió silencio al público y fue abucheado por la afición de Mestalla.

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