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Fútbol | Valencia CF

Un Valencia CF soberbio en el Bernabéu

Kondogbia, inconmensurable, trata de arrebatarle el balón a Modric en presencia de Gayà. / EFE/J.J.Guillén
Kondogbia, inconmensurable, trata de arrebatarle el balón a Modric en presencia de Gayà. / EFE/J.J.Guillén

Gayà, Lato y Soler fabrican el primer gol y Kondogbia se estrena con el segundo

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Gayà para Lato y éste para Carlos Soler. Así se fabrica un gol en el Santiago Bernabéu, de la manera más sencilla posible, en valencià, entre amigos y con gente de la casa. Este Madrid-Valencia deja una larga lista de interesantes apuntes. El primero, que este equipo también demuestra contra los grandes que tiene buena pinta. El segundo, que con chavales que sienten el escudo (jugaron cinco valencianos) también se pueden construir proyectos. Que Marcelino es tan cabezón y perseverante que aunque se llevan dos jornadas solo disputadas parece que va a conseguir que estos futbolistas se partan la cara por esta camiseta. Y cuarto, que la afición tiene que estar contenta porque el Bernabéu, con toda su colección de trofeos ayer sobre el césped, las pasó canutas.

Lo más curioso de todo es que durante bastantes fases del partido el Valencia dejó que el resultado circulase por el filo de la navaja. Que el Madrid te fuera a dominar en cuanto a la circulación de balón era algo que se podía imaginar, el problema en estos casos es qué hacer para que no te lleguen al corazón del área y te corten la yugular. Para evitarlo, Marcelino le dio muchas vueltas a la cabeza esta semana y al final optó por una solución hasta cierto punto lógica. Poner a Carlos Soler en la derecha (porque este chico es de esos que le das un palillo y un cortauñas y te hace un chalet en Náquera); adelantar a Gayà en un papel que alguna vez ya ha interpretado, y darle la titularidad a un Lato que ya sabe lo que es hacerlo bien en un campo como el Bernabéu. Con esas variantes, además de sellar de alguna manera la banda por la que tenía que galopar el abroncado Bale, se garantizaba el trabajo en beneficio del colectivo de todos los implicados. Le salió perfecta la jugada.

2 Real Madrid

Keylor, Carvajal, Nacho, Casemiro, Marcelo, Modric, Kroos (Borja Mayoral, min. 84), Isco (Kovacic, min. 46), Bale (Lucas Vázquez, min. 74), Benzema y Asensio

2 Valencia CF

Neto, Montoya (Nacho Gil, min. 75), Vezo, Murillo, Lato, Carlos Soler, Parejo, Kondogbia, Gayà, Zaza y Rodrigo (Santi Mina, min. 88)

goles
1-0: min. 10, Asensio. 1-1: min. 18, Soler. 1-2: min. 77, Kondogbia. 2-2. min. 83, Asensio
Árbitro
Fernández Borbalán (Comité Andaluz): Mostró amarilla a Montoya, Nacho, Casemiro, Parejo, Rodrigo, Soler, Zaza
incidencias
Partido correspondiente a la segunda jornada de Liga. Cerca del lleno en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid recibió el trofeo de campeón de Liga 98 días después de haberlo conseguido

En una noche en la que se podían generar dudas respecto a si Murillo y Kondogbia habían entendido el mensaje de su entrenador y lo que se espera de ellos, la verdad es que fue el francés el que dio una mejor nota que el central. Estuvo sublime, dicho sea de paso, con el premio del gol como guinda. Ni por delante ni por detrás de Parejo, siempre cosido a la perpendicular que le marcaba el capitán, Kondogbia se hinchó a robar balones y una vez que se decidió a romper el molde, acabó por sorprender al Madrid con ese 1-2 que parecía definitivo. Por la pinta que tiene, Kondogbia va a ser una pieza tan fundamental como Parejo en este equipo. Juntos hasta la muerte.

Y fue bajo esas premisas por donde en líneas generales discurrió el primer capítulo de la noche y buena parte del segundo, aunque al final se desbocó más de la cuenta. Por supuesto que hubo alteraciones, un Madrid-Valencia nunca roza el aburrimiento. El marcador lo dice todo. Fue interesantísimo, pese a las estrecheces que impuso Marcelino, el encuentro, sin ser nada del otro mundo en cuanto a exquisitez futbolística, tuvo suficiente pundonor y sobrados vaivenes en el marcador para mantener hasta el final la incertidumbre. Algunos momentos fueron trágicos, como el envío no se sabe muy bien a quién de Rodrigo (Kondogbia no estaba en la trayectoria del balón) que cayó en los pies de Asensio. Cogió pasillo el madridista, recularon los centrales cada uno a su bola y el delantero le pegó sin excesiva fuerza pero con la dirección adecuada para dejar a Neto con cara de ¿esto ya va en serio? Total, que antes de los diez minutos el Valencia ya había recibido el primer sopapo y el portero, como ocurrió después con el empate a dos de falta, dejó dudas en el ambiente.

Marcelino, lejos de echarse las manos a la cabeza y jurar en arameo con ese 1-0, empezó a pedir una y otra vez calma a los suyos. El técnico no quería que a su gente le entrara la habitual gastroenteritis aguda que pudiera darse en este tipo de adversas situaciones. Y, quizás, por ahí empezó a gestarse la supervivencia del equipo, el resurgir de un grupo con ganas de morder. El Valencia no alteró sus pulsaciones, sólo faltaba una pizca de inspiración para rajar la improvisada defensa madridista. Zaza no encontraba la forma, Rodrigo seguía haciendo kilómetros y kilómetros -a veces alocados- y fue a nueve minutos después de ese primer tanto cuando llegaría esa partida de truc a tres bandas entre amigachos de toda la vida que dejó a Carvajal, a Marcelo y a los centrales 'fora de joc'.

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El Valencia había hecho lo más difícil. No hundirse, asomar el morro y soplarle a la oreja al 'intocable' rival. Le llegó a sacar de quicio. Aún así, hay que reconocer que Benzema tuvo oportunidades de todos los colores. Como la que a dos minutos del descanso, Murillo le permitió para rematar casi a metro y medio de la línea de gol pero marchándose el balón incomprensiblemente alto.

Lo que pasó en la segunda parte fue la elevación a la máxima de dos equipos que tienen verdaderamente fe en lo que hacen. Pudo ganar el Madrid. Pero también el Valencia. A Zaza, por ejemplo, hay que recriminarle que cuando se tiene un contragolpe como el de la prolongación, hay que asesinar futbolísticamente al equipo contrario. Cortarle en dos. Hubiera sido un final apoteósico para el Valencia. Pero no siempre toca el premio gordo. Hubo que sufrir y apretar los dientes. El Madrid exigió lo suyo, lo hizo por la vía de la calidad pero también por el camino de la pasión, lo que evidencia que el Valencia estuvo a un nivel altísimo. Un equipo bien plantado, humilde en el trabajo grupal pero con la gallardía de ponerse a poco para el final por delante en el marcador. Esa jugada de Rodrigo que culminó Kondogbia con inteligencia estuvo a punto de acabar en sorpresón del que hablaba Marcelino el viernes. Faltó algo una pizquita de suerte pero hay que estar contentos.

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