Las Provincias

El Valencia CF se sitúa en zona de confort tras ganar al Leganés (1-0)

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Pérez se va por fuerza de varios jugadores del Leganés. Arriba, Mangala. :: manuel molines

  • El gol de Mangala deja muy lejos el descenso y el equipo transita bajo la sabiduría de Parejo y Carlos Soler

En la terminal de Manises, nada más aterrizar desde Vitoria, Voro transitaba pensativo. No por la derrota en Mendizorroza sino por el partido ante el Leganés. «No va a ser fácil», apuntaba el técnico. Y tenía razón. El Valencia ganó pero los de Garitano, con un fútbol rocoso y primitivo, no facilitaron las cosas. Presión y patadas fueron los ingredientes de su receta. Al final, un gol de Mangala rubricó los tres puntos para mirar ya por el retrovisor la lejanía de los puestos de descenso. El partido, que no pasará a la historia, debió terminar con algún gol más para los locales. No sucedió. La victoria era clave y el Valencia ha ganado nueve de los últimos doce puntos. Un buen botín.

El Leganés se presentó en Mestalla a la búsqueda del error. Despreció el balón. La idea era presionar muy arriba para tratar de pillar en un renuncio a la defensa del Valencia y sacar rédito del fallo. Machís, Bueno y Samu García son artistas de la picaresca y ahí escarbaron para hallar petróleo. Lo bueno que tiene el equipo de Voro es que para estos casos siempre tiene un antídoto en la figura de Parejo. En su fútbol. Desatascador. Por eso el de Coslada es el jugador que más minutos ha jugado esta temporada. Si en junio el centrocampista se marcha el Valencia acabará echando de menos su capacidad para generar fútbol y sus saques de falta. Esos disparos siempre arrastran consecuencias positivas para su equipo como pasó en Mendizorroza y ayer en Mestalla. A Parejo se suma la mejor versión de Enzo y la maravillosa juventud de Carlos Soler.

El Valencia se movió en horizontal durante la primera media hora ante el agobio del Leganés, que sólo buscaba la verticalidad como resultado de su presión. Voro abrió el campo con los laterales y un extremo puro como Bakkali. El belga gozó de la titularidad muchas semanas después. La primera del partido fue suya. Se aprovechó de un rebote, puso vatios en esos muslos descomunales que la genética le ha dado y fue incapaz de sortear el cuerpo de Iago Herrerín. La tiró fuera cuando Mestalla ya se relamía con lo que parecía que iba a ser el primer gol.

Garitano, el entrenador con el semblante más insípido de toda la liga, puso a Alberto Martín y Rubén Pérez a marear en el centro del campo con la intención de enmarañar el trivote valencianista. Los de Voro contragolpearon esa táctica con balones muy abiertos a la bandas. Gayà, por la izquierda, inyecta vida a su equipo. Es otro rollo, muy alejado de Siqueira, al que ayer le tocó ver el partido desde la grada. Prandelli se largó de Valencia sin explicar el motivo por el que convirtió en secundario al de Pedreguer. El italiano era más bonito que solvente.

A pesar del dominio, las ocasiones del Valencia no fueron claras. Un remate de cabeza de Zaza a la salida de un córner y poco más. El italiano, siempre impetuoso, es como una segadora. Siempre a ras de suelo en su lucha por el balón. Un partido más y uno menos para que el Valencia tenga que pagar 16 millones de euros por él -está a dos encuentros de los diez marcados por la Juve para convertir en obligatoria la opción de compra-.

El gol del Valencia no llegó desde el origen de una jugada. Como en Vitoria, fue fruto del balón parado. Allí, Soler aprovechó el rechace de Pacheco a la falta de Parejo. Ayer, otro tiro libre del madrileño se topó con una de las paradas de la noche de Herrerín a córner. El saque de esquina cayó a plomo en el área para una sucesión de rebotes que se convirtieron en fortuna para el acierto de Mangala. El francés, un tipo que se ha destapado con profesionalidad y oficio en los últimos meses, no marcaba un gol desde abril de 2014. Ayer, el central volvió a gozar. El debate queda abierto sobre si Enzo estaba en fuera de juego al molestar al portero rival.

A partir de ahí el Valencia adquirió pausa y el Leganés trató de jugar a otra cosa si demasiado acierto. Machís intentó que Vicandi Garrido picara y señalará penalti al sentir el aliento de Garay. La estafa no fue premiada -al venezolano le honra reconocer ante las cámaras que se tiró a la piscina-. El que sí que se tenía que haber ido a la calle antes de que terminara el encuentro era Adrián Marín, que ya tenía una amarilla cuando se llevó con los pies por delante a Bakkali, que cambió de banda a la derecha para buscarle las cosquillas al jugador cedido por el Villarreal. Garitano, para evitar quedarse con uno menos, mandó a la ducha al chaval en el descanso.

A partir de ahí el Leganés, sin el recurso de la presión, recurrió en la segunda parte a pegar patadas para tratar de evitar que el Valencia buscara ampliar la ventaja. Apostar a que los madrileños no terminarían con once jugadores era ganar. Alberto Martín no acabó el partido por doble amarilla.

El trivote del Valencia carbura desde hace semanas. Parejo ha destapado su fútbol, Carlos Soler es excelso en el acompañamiento y un pulmonar Enzo Pérez ha encontrado por fin su sitio. El partido de ayer no fue para echar cohetes pero es cierto que hubo que bregar en el centro para quitarse de encima la incomodidad de los jugadores de Garitano.

La Liga ya se ve de otra manera, a doce puntos del corte de descenso que marca el Sporting que tiene un partido duro esta jornada ante el Barcelona. El Valencia se ha situado en una zona de confort y ayer resolvió un duelo que antes de fin de año se hubiera agriado en el tramo final. El Leganés se marchó de Mestalla sin tirar ni una sola vez a portería, por lo que el fútbol sí que hizo justicia. La satisfacción de ver a Lato y Nacho Gil fue un añadido y el domingo el Valencia se presentará en el Calderón sin los agobios del descenso. A partir de ahora, llega el momento para volver a construir de cara al futuro.

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