Valencia CF

Valencia CF - Leganés: Una manera cruel de triturar rivales (3-0)

Valencia - Leganés./AGENCIAS
Valencia - Leganés. / AGENCIAS

El Valencia pulveriza su mejor registro histórico de victorias después de macerar a fuego lento al Leganés

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Hay días en que a uno le toca la lotería casi de rebote y otros en los que vale la pena no salir de casa. El Valencia actual ya ha dado sobradas muestras de estar suficientemente capacitado para decapitar adversarios como le venga en gana. Lo puede hacer a lo bruto, de cuajo, relamiéndose hasta con voluptuosidad por la manera que tiene de acumular botines (véase lo sucedido en el Villamarín); también sutilmente (como en Vitoria la semana pasada); y ayer ofreció a Mestalla una nueva versión, mucho más cruel de cara al rival por decirlo de alguna manera, por aquello de darle en este caso al Leganés alguna ligera esperanza durante bastantes minutos. Justo cuando al equipo madrileño, bien cosido por otra parte por Garitano, le estaban entrando ganas de pasar de la inquietud inicial al susto, el Valencia le pegó un tajo en la yugular para dejarlo desangrar durante los últimos veinte minutos.

Así se las gasta este Valencia, que se ha metido por méritos propios en un berenjenal de auténtico éxtasis, hasta el punto de haber pulverizado todos los registros. Hacía setenta años que el equipo no acumulaba siete triunfos consecutivos. Para ser más exactos, aquella gesta comprendió desde el final de la temporada 46-47 hasta el inicio de la 47-48, con Pasarín como director de orquesta. En la primera el Valencia fue campeón de Liga y en la segunda subcampeón. Cada cual, ahora, puede hacer un ejercicio de imaginación y aplicar el potencial de este grupo a la realidad que se maneja. Cuando dentro de tres domingos pase por aquí el Barça aún habrá más fundamentos para justificar qué final de campeonato se acaba escogiendo.

El Leganés, por supuesto sin manejar los recursos que tiene el Barcelona, cometió la osadía de inquietar más de la cuenta en un primer tiempo bastante interesante desde el punto de vista estratégico, sobre todo del lado visitante. Garitano le ganó la partida a Marcelino en esa fase del partido. Es verdad que se hace difícil jugar al fútbol contra un rival que pone los once jugadores por detrás del balón, pero ante eso tiene que saber el Valencia desenvolverse. No va a ser el Leganés el último que venga con esos preceptos a Mestalla ni posiblemente se vuelven a ver ocasiones de gol tan claras como la que echó a la basura Beauvue. A apenas tres metros la envió por encima de la portería de Neto.

3 Valencia CF

Neto, Montoya, Garay, Murillo, Gayá, Soler (Andres Pereira, m. 64), Parejo, Kondogbia, Guedes, Rodrigo (Lato, m.85) y Zaza (Santi Mina, m.78)

0 Leganés

Cuéllar, Zaldúa (Tito, m.76), Ezequiel Muñoz, Siovas, Rico, Darko, Erik Morán (Gumbau, m.60), Gabriel, Eraso (El Zhar, m.69), Beauvue y Szyamanowski

ÁRBITRO:
De Burgos Bengoechea (Comité vasco). Amonestó por el Valencia a Parejo y por el Leganés a Ezequiel Muñoz
INCIDENCIAS:
partido correspondiente a la undécima jornada de Liga disputado en Mestalla ante 39.694 espectadores

Hubiera supuesto, de haber acertado ese remate, el empate a uno. Viendo cómo terminó el marcador, uno puede llegar a imaginarse un partido de desenfreno. Y no fue así, más bien todo lo contrario. El primer tiempo fue un ejemplo de cómo debe trabajar Marcelino a su gente para lo que pueda venir. El Leganés se dedicó a exprimir toda la teoría con la que Garitano les ha aleccionado desde que se inició el campeonato. Por eso al Valencia, aún con mejor porcentaje de posesión, le costó más de la cuenta hasta acercarse al área con cierto peligro. Realmente, de los dos porteros, el que tuvo más trabajo fue Neto. Con eso está dicho todo. El Valencia hizo circular el balón pero nunca con pillería, demasiado previsible siempre. La pulcritud en ocasiones no basta para ganar partidos. Tuvieron que ser un arranque de Guedes que terminó en falta y un lanzamiento de Parejo que sorprendió a todos -al colarla por bajo de la barrera- los componentes que pusieran a los valencianistas por delante casi casi sin merecerlo.

Es más, esta primera fase si por algo se caracterizó fue por sembrar alguna que otra duda en defensa desde el lado local, a pesar de que ya por entonces Murillo estaba dando sobradas muestras de su concentración y del despliegue físico de Gayà.

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Si lo que pasó antes fue interesante sobre todo desde el punto de vista madrileño, lo que aconteció después da un valor añadido al lado valencianista. Marcelino puede llegar a ser un tío plomizo para sus futbolistas pero está demostrando que por ahora no le ciega la soberbia. En el descanso, en tiempo de reflexión, no sólo descargó de tonos grises a su gente sino que les puso sobre la pista. Ahora es cuando había que poner en marcha la maquinaria. Darle un punto más de revoluciones al motor, abrir el campo y en la medida de lo posible alimentar a Guedes con pelotazos, ya sea al pie para que sea él quien se cueza los garbanzos o buscando el pasillo interior.

A los nueve minutos de la reanudación ya había mandado el portugués el balón al poste haciendo eso que tanto le gusta a hacer a él: dejar en evidencia al marcador con un recorte y ajustar el cuerpo para pegarle con la derecha y con efecto al lado largo. Se había encendido la luz verde para todos. El Leganés había dado un paso adelante y al Valencia se le habían abierto las puertas para sacarle todo el jugo posible a su letal contragolpe. Lo tienen tan asumido e interiorizado que hasta Rodrigo, que hasta ese momento se había mostrado algo torpón y era centro de las quejas de su entrenador, se ganó el habitual azucarillo de todos los partidos. En apenas media docena de toques, el Valencia hizo una transición de manual. Impoluta. Arrancó de un lado, sirvió desde otro Pereira y ejecutó Rodrigo con la cabeza y hasta con cierta condescendencia. Si contra el Barça sale igual... La fe de este equipo en sus propios recursos es lo que les hace también disimular sus carencias más íntimas. A Santi Mina, por ejemplo, eso le lleva a buscar balones casi imposibles -tras un rechace de Cuéllar- y a obtener una recompensa como la del penalti. Que Parejo y Rodrigo le dejaran después el privilegio del lanzamiento es un detalle que no debe pasar tampoco inadvertido y que dice bastante de lo que se está cociendo en Paterna este año.

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