Las Provincias

«Por un Valencia con futbolistas de la casa»

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Exjugadores del equipo de 1987, directivos de la Asociación y empleados del club posan en el Parador Luis Vives. :: damián torres

  • El aniversario de la vuelta a Primera sirve para destacar el acierto en Marcelino y la necesidad de cambiar la plantilla

  • Los veteranos del 87 coinciden en señalar el principio del éxito

valencia. Canas, alguna que otra barriga demasiado generosa, muchos abrazos y un pensamiento único que no admite género de dudas: «El Valencia necesita futbolistas de la casa» y, sobre todo, «hacer mejor las cosas». La quinta del 87 es en clave valencianista algo así como la generación del EGB, protagonistas que superado el medio siglo tienen la perspectiva perfecta para vivir el presente y proyectar el futuro desde el conocimiento del pasado. Esos 30 años del retorno a Primera sirvieron de aliciente para que una de las mejores remesas de futbolistas formados en Paterna rememorara una etapa que, si bien no trajo con los años ningún título, sí permitió devolver al club a lo más alto después del varapalo del descenso.

El fútbol y el Valencia en particular han cambiado tanto en estos años que se hace difícil trasladar la efusividad y las escenas de cariño que se vivieron ayer en el Parador a protagonistas, por ejemplo, del equipo que ha finalizado esta temporada. No se puede equiparar de ningún modo a Sempere con Diego Alves, ni a Quique Sánchez Flores con Cancelo; ni a los Giner, Arias y Voro con los Abdennour, Santos y Garay; ni a los Fernando, Subirats y Carlos Arroyo con los Enzo Pérez, Mario Suárez y Parejo.

Sin embargo, todos tienen en común la pertenencia a un club. El matiz es el sentimiento, porque a este grupo de veteranos les escuece la cruda realidad blanquinegra. Y de eso se habló muchísimo ayer. De esa sensibilidad y responsabilidad con el escudo que había de verdad hace treinta años y que se echa en falta ahora. La voz de estos exfutbolistas coincidió plenamente. Basten las palabras del siempre comedido Paco Ferrando, ahora ilusionado con sus benjamines e infantiles del Real de Gandia. «Cuando nos íbamos a casa después de un partido, nuestras familias estaban tristes, no sólo por nosotros, sino también porque eran todos del Valencia desde pequeñitos. Es necesario que el vestuario vuelva a hablar en valenciano».

De Di Stéfano a Marcelino

Y puestos a buscar comparativas picantes, a los desaparecidos Alfredo Di Stéfano y Arturo Tuzón con los Gary Neville y Layhoon respectivamente. Los dos primeros también estuvieron en boca de todos. Fue Fernando Gómez quien se acordó del técnico y de motu proprio de la figura presidencial. Fue él también el que propuso una iniciativa: «Cada vez hay más extranjeros pero los éxitos en nuestras categorías inferiores demuestran que se hacen bien las cosas. Sería interesante que el propio club se autoimpusiera un límite. ¿Qué ha aportado Bakkali que no hubiera podido aportar un futbolista de la cantera?».

En este cónclave con mayoría de gente de la tierra, un uruguayo se sentía como en casa. Miguel Ángel Bossio fue uno más en un grupo con nada de experiencia. «Cuando entré en el vestuario y vi tanta juventud... pero luego demostraron todos una gran personalidad. El Valencia de ahora también tiene gente joven pero quizás no reúne el perfil necesario». Bossio, además, tiene la condición de haber trabajado para la secretaría técnica hasta hace un año. Eso aún le produce cierto dolor: «Me molestó que fuera el jefe de personal quien me comunicara que me iba. Me dolió que por un cierto respeto que creo que merezco no me lo dijera el verdadero responsable».

Y hablando de responsables, tampoco hubo división de opiniones respecto a Marcelino. Lo avalaron, de hecho, dos ex secretarios técnicos como Fernando y Javier Subirats. «Era una gran opción, del agrado de la inmensa mayoría de los aficionados por el trabajo que ha realizado», reflexionaba el primero. Subi, el 'torero' que alimentaba de balones a Quique Sánchez Flores en esa banda derecha, también iba en la misma línea: «Es un entrenador cualificado que ha demostrado un gran trabajo y que tiene suficiente experiencia».

Sabe también Subirats, por propias vivencias, la dificultad de remodelar un vestuario como el del Valencia en las circunstancias en las que está. «Las personas que están ahora al frente del club al menos saben lo que es el negocio del fútbol. Falta por ver lo que pasa con la plantilla finalmente, porque una cosa es tener un buen entrenador y otra tener los jugadores idóneos. Es evidente que hay que hacer limpieza, pero los que tienen que hacerla saben perfectamente que no es fácil llevarla a cabo. Sobre todo porque hay cuadrar el fair play financiero».

Alejado de ese estrés financiero, Carlos Arroyo ('el chato') hacía hincapié en los paralelismos que se pueden encontrar. «El Valencia de hoy me recuerda un poco al de nuestra época, en la que tuvimos que ir remontando hasta encontrar el sitio. Deben haber aprendido este año para no cometer los mismos errores. Con Marcelino, que fue compañero de selección cuando teníamos 19 años, se recupera el espíritu del Valencia de los éxitos».

Los últimos en aparecer fueron Quique, Voro y Sempere. La entrada de Quique fue con diferencia la más arrolladora por la felicidad que irradiaba. Voro todavía sentía sobre sí la presión que le ha dejado el haber dirigido al Valencia en estos últimos meses mientras que a Sempere no le quedaba otro remedio que aguantar las bromas de Fernando Giner, el impulsor de la cita. «Como es 'mudo', por eso llega el último». Con ellos estuvieron algunas leyendas del valencianismo como Roberto Gil y Vicente Guillot, directivos de la Asociación como Juan Sánchez y Camarasa y exdirectivos como Ramón Aznar, Guillermo Orihuela, Pepe Moret y Germán Marco; y el que fuera ayudante de Di Stéfano, Jesús Paredes.

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