Las Provincias

El Valencia CF, un carnaval de despistes

Zaza y Laguardia, en una acción del encuentro de ayer en Mendizorroza. :: EFE/Adrián Ruíz de Hierro
Zaza y Laguardia, en una acción del encuentro de ayer en Mendizorroza. :: EFE/Adrián Ruíz de Hierro
  • Diego Alves y Abdennour ya no hablan el mismo idioma y el Valencia cambia de dinámica: ahora suma más puntos de local que de visitante

  • Cancelo se olvida de hacer el fuera de juego y Voro de sacar partido a los cambios

VALENCIA. Que nadie se lleve a engaños. El Valencia actual es lo que es, capaz de sacarle los colores al Real Madrid y de zambullirse en una pastosa mediocridad como la que exhibió este sábado en Vitoria. Es el Valencia de las dos caras, con talento de sobra como para autoproclamarse el menos malo entre los malos, por decirlo crudamente. Justo cuando algún iluso pretendía tímidamente pensar en aspiraciones menos dañinas como la de seguir peleando por el descenso, de nuevo vuelta a las andadas.

Ir a Mendizorroza y venirse de vacío es simplemente el fiel reflejo de cómo está estructurado por dentro este grupo de jugadores. El Alavés, para quien no lo supiera, sólo había ganado dos partidos como local, a equipos tan 'poderosos' como Granada y Betis. Ni aún poniéndoselo todo de cara pudo salir vivo el Valencia ante un equipo que, no hay que olvidar, fue hecho de remiendos y a última hora.

Es evidente que Mauricio Pellegrino y su fiel ayudante, el valenciano Xavi Tamarit, han hecho un trabajo excepcional para las posibilidades de este recién ascendido. Ayer, el argentino hasta manejó con más criterio y acierto las situaciones que se produjeron a lo largo del encuentro. En los cambios, por ejemplo. Si Voro precisamente había advertido, ya antes de vérselas con el Real Madrid, que temía el cansancio de su gente, ¿por qué espero a hacer los dos últimos cambios a tres minutos para el final y ya cuando el Alavés había dado la vuelta al marcador?

La grada de Mendizorroza ni se lo creía. Allí, disfrazados por el dichoso carnaval, los aficionados hasta llegaron a ningunear al Valencia. En nada desde luego ayudan escenas que se observaron con absoluta claridad. Por ejemplo, haría bien Voro en invitar a Diego Alves y Abdennour a que se sentaran en una mesa y dejaran las cosas claras entre ellos. El central tunecino da para lo que da. Llevaba más de dos meses y medio sin jugar un partido completo ni de titular con el Valencia por aquello de la Copa de África. Hasta en dos ocasiones le corrigió de manera descarada Diego Alves sus intervenciones, precisamente por falta de compenetración con su compañero. Los goles, dicho sea de paso, fueron por otros motivos. El primero es más mérito del delantero que despiste de una defensa que le permite trazar la paralela al área; mientras que en el segundo a quien hay que recordar los conceptos del fuera de juego es a Joao Cancelo.

Lo del portugués en el segundo tanto fue de manual. La secuencia es perfecta para que la enseñen a los chavales de la Academia bajo el siguiente corolario: 'lo que nunca hay que hacer para echar por tierra el intento de fuera de juego de tus compañeros'. Cancelo montó el campamento en torno a su área mientras el resto de defensas del Valencia avanzaban metros. Todos protestaron menos el propio Cancelo, seguramente consciente de la gran pifia que había cometido. Le vino bien también el asunto a Siqueira, que no estuvo todo lo certero a la hora de controlar a Katai, autor del gol.

Después de toda la efervescencia del día del Madrid, ver al equipo desenvolverse de esta manera produce un bajón considerable. Lo peor del caso es que tampoco hay tiempo para lamentaciones. El martes, otro reto. Porque ganar al Leganés en Mestalla se ha convertido hoy por hoy en un verdadero desafío.

Los madrileños, además, llegan crecidos por la goleada de ayer. Al menos, el Valencia parece que va cambiando la dinámica en casa. Ahora ya tiene más puntos como local (14) que como visitante (12), tendencia que no se daba hasta ahora.

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