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Una temporada tirada a la basura para el Valencia CF

Carlos Soler
Carlos Soler / EFE
  • Alves, Garay, Enzo y Nani firman un ejercicio demasiado discreto para lo que se esperaba de ellos

  • La irrupción de Carlos Soler y la habitual regularidad de Parejo, las únicas notas que escapan al suspenso general

Una Liga tirada a la basura. Si a Marcelino, tan metódico él, se le ocurre la descabellada idea de solicitar al club el disco duro con los 38 partidos de Liga disputados, por aquello de saber qué se va a encontrar en julio, ya puede prepararse para engullir una temporada poco menos que infumable de un equipo que nunca tuvo una identidad definida. Mejorarlo va a ser más sencillo de lo que cree el técnico asturiano. El hecho de que hayan participado hasta una treintena de futbolistas más el dato de los tres vaivenes de entrenador producidos ya habla por sí solo de por dónde han ido los acontecimientos. El Valencia 2016-17 empezó jugando un 4-3-3 con el obstinado Ayestarán, Voro viró al 4-2-3-1, Prandelli llegó a probar el 5-3-2 y no han sido pocas tampoco las veces que con Voro se ha dibujado también el 4-4-2 (ayer mismo), sistema que por otra parte Marcelino considera idóneo para poner en práctica sus férreos principios.

Hasta la irrupción de Carlos Soler (a partir de enero), tratar de rescatar a un jugador del Valencia de la hoguera se convertiría claramente en una acción poco menos que imposible. Hasta el particular Diego Alves, pese a volver a la selección brasileña y los 6 penaltis detenidos, ha sucumbido al festival que ha sido el Valencia en su defensa. No se puede defender tan mal y los 65 goles en contra dice a las claras el desaguisado que ni Voro ha sido capaz de parchear. El tercero tanto del Villarreal fue una evidente muestra de ello. Acabar el curso a 44 puntos del campeón da algún que otro escalofrío, cuando si uno echa la vista atrás es fácil recordar que hace pocos años, Manuel Llorente apretaba las tuercas a Unai Emery por aquello de ser tercero porque veía en la distancia al segundo clasificado.

Las cosas por Mestalla han cambiado bastante. Se ha perdido esa satisfacción que tenía antes la grada de ver un equipo con corazón y garra. Por ejemplo, Ezequiel Garay, llamado por precio y nivel a ser un líder claro en la defensa, se ha convertido en un futbolista discreto. Cumple pero no sobresale. Uno más. Porque ni él ni Mangala lograron convertirse en esa pareja de temibles centrales. No digamos ya los Abdennour y Santos. No se sabe qué es peor si recordar los 21 millones que costó el tunecino o los 9,5 de Santos, que ayer no se le ocurrió otra cosa que sacar un balón en el área de tacón (así llegó el 0-1). Para echarse a llorar. ¿No habrá mejores centrales en Paterna?

En defensa, los únicos que han podido marcar cierta regularidad han sido Mangala y Montoya (Cancelo fue de más a menos, insulto a la grada al margen). A Gayà le perjudicaron los problemas físicos y no ha sido ni mucho menos el excelente lateral zurdo que llegó a estar entre los mejores de Europa hace apenas dos años.

En el centro del campo, la aportación fiel fue la de Dani Parejo. No falla nunca. El ayer capitán, a pesar de la confrontación que hubo este verano con el club por el tema de su intento de fuga, lo ha jugado prácticamente todo. Tiene un físico increíble porque no ha estado ni una sola vez lesionado. Se podrá discutir su estilo y ese riesgo que siempre le gusta correr con el balón en los pies y que tanto encrespa a Mestalla, pero sólo dos sanciones por tarjetas y el famoso vídeo de su fiesta madrileña le han hecho perderse tres partidos.

Enzo Pérez, por su parte, ha sido el de siempre. Tan abnegado en el trabajo y necesario para los entrenadores como descontrolado en lo que a tarjetas se refiere. 19 amarillas y una roja son una barbaridad, por mucha labor de destrucción que tenga que hacer. El argentino tiene todas las papeletas para marcharse este verano y se irá dejando la sombra de sus continuas lesiones y de su nula aportación ofensiva: ni un solo gol.

Por detrás, muy lejos, en cuanto a rendimiento, están los Medrán y Mario Suárez, este último más decepcionante si cabe. Su final de temporada ha sido para hacérselo mirar hasta el punto de que desapareció completamente de las convocatorias, dejando en la duda su nivel de compromiso.

Del resto de futbolistas, la irregularidad ha sido la nota predominante de la mayoría. Nani, por ejemplo, no ha sido ni mucho menos ese jugador que debía marcar las diferencias. Es verdad que el gol que hizo ayer al Villarreal demuestra la calidad que posee, pero 'desapareció' demasiado pronto cuando su inicio de Liga parecía que iba a ser interesante. Que haya cerrado el ejercicio con 5 goles le supone una aportación bastante pobre, algo que no le ocurría des desde su etapa en el Manchester hace cuatro años aunque estuvo bastantes jornadas lesionado.

La lesión de Rodrigo le impidió demostrar al punta si de verdad es el 9 al que tanta fe le tenía Ayestarán. Zaza ha estado a punto de ser el máximo goleador del equipo en solitario, pese a haber llegado en enero. Orellana ha ido apagándose; mientras que Munir y Santi Mina han pagado con la Eurocopa su falta de inspiración. Y Bakkali, lo esperado: como si no estuviera.

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