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Solsona, el mago del balón

Daniel Solsona remata en un partido frente al Barcelona. / lp
Daniel Solsona remata en un partido frente al Barcelona. / lp

PACO LLORET

Sutil y elegante, Solsona jugaba al fútbol como si estuviera en un concurso de carambolas sobre una mesa de billar. Su exquisitez sobresalía por encima del resto, era un artista. Dotado de un talento extraordinario, el 'noi de Cornellà' dominaba el balón con una precisión poco frecuente. Le sobraba clase, y exhibía una gran habilidad para amagar y engañar a los rivales que nunca sabían cómo quitárselo. Esas virtudes le distinguían en unos tiempos poco propicios para la lírica sobre los terrenos de juego. Pese a su contrastada calidad, su adaptación al Valencia no resultó sencilla. Sin embargo, el nombre de Solsona aparece en todas las alineaciones de las finales disputadas y ganadas por los de Mestalla entre los años 79 y 80. No solo jugó sino que protagonizó lances decisivos para lograr aquellos títulos.

Siendo todavía juvenil, Daniel Solsona debutó en Primera División con el Espanyol en la temporada 70-71. Su presentación en la élite coincidió con la conquista de la Liga por parte del Valencia pese a perder con los periquitos el último partido del campeonato celebrado en Sarrià. En aquel inolvidable duelo no apto para cardíacos estuvo Solsona como titular. Ya se había medido contra el que ocho años después sería su equipo en la primera vuelta. Aquel encuentro jugado en Mestalla concluyó con un agónico triunfo local por 2-1. Se le consideraba una figura en ciernes y se le auguraba un gran porvenir. No tardó en confirmar las excelentes referencias en un equipo que estuvo a punto de conquistar el título liguero en la 72-73 y que perdió el tren del alirón tras una derrota en Mestalla por la mínima que le descabalgó del liderato.

En el mismo escenario, dos años después, firmó un golazo que estuvo a punto de dar la victoria a los españolistas. Juan Sol lo evitó con su providencial tanto a última hora que dejó el marcador en tablas. En Sarrià, ante el Valencia, firmó su primer doblete goleador en una tarde de frenesí realizador con triunfo local por 5-3. Su nombre sonaba como refuerzo del Barça todos los veranos, pero el presidente blaugrana, Josep Lluís Núñez, desestimó la operación. En esas, el Valencia apareció en escena y aprovechó la oportunidad para llevarse al futbolista en el mercado estival del 78 por un precio a la baja: 25 millones de pesetas, en la actualidad 150.000 euros. Un fichaje de lo más rentable.

Solsona jugaba al fútbol como si estuviera en un concurso de carambolas sobre una mesa de billar

La trayectoria de Solsona en el Valencia va ligada en paralelo al Real Madrid. Debutó en el Bernabéu en la jornada inicial de la temporada 78-79 con derrota por 2-1, su último partido como valencianista fue en Mestalla con el épico triunfo por 1-0 ante los madridistas de la campaña 82-83 que evitó el descenso, y su primer título fue la Copa del Rey lograda ante el mismo rival en 1979. Por añadidura, sus duelos más enconados los sostuvo frente a Uli Stielike, centrocampista internacional alemán del Real Madrid, conocido como el 'panzer', por su potencia y fiereza. Solsona solía sacarlo de quicio gracias a su amplio repertorio de filigranas. El jugador germano se veía incapaz de imponer su ley y terminaba por descomponerse mientras la grada de Mestalla jaleaba entusiasmada las acciones y picardías del catalán.

Di Stéfano no confiaba en él

Solsona solía brillar en los grandes partidos, se sentía a gusto, la presión no le afectaba lo más mínimo. Se ponía el frac y de la chistera salía siempre un truco de magia futbolística diferente. Su manera de jugar no era del agrado de todos, por ejemplo Di Stéfano lo sacrificó en la memorable noche de Ibrox Park en beneficio de Subirats cuando el Valencia volteó la eliminatoria de la Recopa con el Rangers. Pero en la final de Heysel fue titular y ejecutó con maestría uno de los penaltis. Su actuación en el Calderón, un año antes, en la conquista de la Copa también fue magistral. El primero de los dos goles de Mario Kempes nació en un prodigioso pase, marca de la casa, que lanzó con el exterior del pie en profundidad. Un acción similar fue el origen del decisivo tanto que proclamó a los valencianistas campeones de la Supercopa europea. En Mestalla, ante el Nottingham Forest, pegado a la banda derecha de tribuna, Solsona se inventó un prodigioso envío que aprovechó el laborioso Saura y culminó el oportunista Morena para batir a Peter Shilton.

Sin duda, la temporada 80-81 fue la mejor de todas. Su tercera campaña en el Valencia, bajo las órdenes de Pasieguito, el entrenador que mejor lo entendía, resultó antológica. Solsona inició el campeonato con una sobresaliente actuación ante la Real Sociedad de Arkonada al que batió por partida doble. Poco después hizo lo mismo en el Nou Camp, victoria del Valencia por 0-3 y dedicatoria al palco culé por el rechazo de que había sido objeto. Uno de sus mejores goles lo firmó en la antigua Condomina cuando en un lanzamiento inverosímil de falta sorprendió al portero del Murcia. El seleccionador español lo incluyó entre los aspirantes al Mundial que se organizaba en nuestro país. Una contundente derrota en Mestalla por 0-3 ante Hungría en un amistoso con una lamentable actuación colectiva le cerró las puertas definitivamente. Solsona aún permaneció dos campañas más en la disciplina valencianista hasta su marcha en el verano del 83.

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