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Fútbol | Valencia CF

Ruptura en el Valencia CF a causa de las entradas

Uno de los últimos aficionados que pudieron tener entrada aguarda su turno. / J. A.
Uno de los últimos aficionados que pudieron tener entrada aguarda su turno. / J. A.

En poco más de 35 minutos volaron en la taquilla las 420 localidades para el derbi que iban destinadas en un principio a los colectivos que más apoyan. El club quiere acabar con los centros de poder y la herida se abre tras equiparar a peñas y a Curva Nord con los aficionados

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

A los tres meses de que Mateo Alemany firmara la paz con la Curva Nord y cuatro semanas después de que Anil Murthy cautivara a los peñistas en la convención de Alzira, el Valencia CF vuelve poco menos que a la casilla de salida y presenta una ruptura con incierto desenlace con un sector importante de su apoyo popular, por culpa de las entradas para el derbi de este sábado contra el Levante UD. La firme decisión del presidente, Anil Murthy, de echar abajo la concesión que el club tenía con la Curva Nord y la Agrupación de Peñas en lo que se refiere al reparto de localidades ha abierto una herida que tardará en suturar.

La estrategia del Valencia de salir de un jardín metiéndose en otro, posiblemente de mayor trascendencia, ha provocado un distanciamiento de lo que se suponía buen rollo durante el verano, cuando bajo la nueva dirección se tuvo claro que había que recuperar la conexión con la grada, tan dañada en la época de Layhoon. A la Curva Nord y a la Agrupación de Peñas no le ha sentado nada bien ahora que se quedaran sus simpatizantes sin las entradas prometidas (420 en total) ni tampoco que el Valencia haya cometido el desliz de situar al mismo nivel al aficionado en general con el accionista, el socio e incluso con el peñista que se gasta a veces el dinero para apoyar al equipo fuera de casa. Cualquier seguidor de fútbol que estuviera desde bien temprano de ayer en las taquillas de Mestalla pudo acceder a una de esas localidades que se habían sacado a la venta -dos por cabeza- y que iban destinadas en principio a los dos colectivos mencionados.

El Valencia, y es algo que lo tiene bastante claro su presidente, maneja la teoría de que no tiene que dejarse influir en sus decisiones por lo que considera 'centros de poder' alternativos. Para el club, el verdadero poder está centrado en dos puntos: las oficinas -los dirigentes- y el aficionado pero en el más sentido global. Se acabaron lo que se consideran 'privilegios', aunque eso suponga no valorar el esfuerzo tanto de los integrantes de la Grada Joven como de los peñistas cuando deciden organizar desplazamientos para apoyar fuera de casa al equipo e incluso a su filial, con el coste que eso supone.

El cabreo de unos y de otros se hizo patente durante la jornada. Mientras a eso de las diez de la mañana comenzaban a repartirse en las taquillas las primeras localidades, Murthy se presentaba en las colas para supervisar que todo fuera bien y no se repitieran escenas como las del lunes (varias dotaciones de policía montaban guardia también). Allí no dudó en verbalizar en primera persona los mensajes oficiales: "Todos los aficionados son iguales, si quieren comprar, que vengan y hagan cola. No tienen que aprovecharse de la situación. Debemos cuidar a todos, los aficionados son todos iguales".

La directiva de la Agrupación ya había renunciado a esa hora ir el sábado al Ciutat de València y en boca de su presidente, Blas Madrigal, ofrecía un -inhabitual- aroma de enfrentamiento directo con el club. Hay peñistas, por ejemplo, que solicitaron entradas para el campo del Levante hace un mes aproximadamente, cuando ni tan siquiera se sabía el precio que la directiva granota iba a fijar (15 euros) y que ahora se han quedado con las ganas. La Curva Nord, por su parte, utilizó las redes sociales para endurecer su discurso: "El ambiente del derbi valenciano os lo cargasteis ayer".

Sorprendido el club por la reacción de sus aficionados en acudir al estadio levantinista («eso demuestra la ilusión que hay por este proyecto», confesaba el presidente blanquinegro), admite además que el método de montar colas queda un poco desfasado en plena era digital. Quizás sea la última vez que se registre esa fotografía de cientos de seguidores organizándose con muchas horas de antelación en listas para evitar intrusos. Hace 17 años que en Valencia se desató la mayor de las locuras con aquella final de Champions de París y todavía funciona el mismo método de trabajo.

Al menos, ayer el Valencia tuvo la habilidad de abrir el máximo de taquillas y de recurrir a un buen puñado de empleados para amortiguar la larga espera que tuvieron que hacer algunos aficionados.

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