Las Provincias

La redención de un Valencia CF de la tierra

Una nube de pólvora. El posado del once inicial del Valencia, en medio de una gran humareda. :: desfilis
Una nube de pólvora. El posado del once inicial del Valencia, en medio de una gran humareda. :: desfilis
  • Giner promueve la iniciativa con un mensaje: «Este año hemos visto las orejas al lobo y aquello nos debe servir como referencia»

  • Los jugadores celebran hoy el 30 aniversario del retorno a Primera

valencia. Ha anunciado Marcelino que lo mejor para poner al Valencia en el camino correcto es otorgar el valor que se merece a la cantera y engrasar para ello el acceso al vestuario de la primera plantilla a la gente de la tierra. Si las palabras del técnico asturiano quedan o no en un mero gesto, como casi siempre suele ocurrir, es una incógnita que evidentemente el tiempo la despejará, pero si se le preguntara a la afición blanquinegra por sus principales preferencias, seguro que un alto porcentaje admitiría su predilección por ver en la elite, en algún momento o de manera definitiva, a futbolistas formados en Paterna. Más aún cuando se sabe que de nuevo se ha recurrido a Jorge Mendes para arreglar el desaguisado de plantilla que entre unos y otros se ha creado.

Un cántico como el de 'mercenarios' -con todo lo que eso implica- se hace más difícil de escuchar con profesionales que han pasado por el filial sobre el césped. En el último Valencia-Villarreal sólo se contabilizaron entre los dos equipos siete jugadores (tres locales y cuatro visitantes) nacidos en la Comunitat

Curiosamente, hace hoy justo treinta años y aunque en la plantilla habían muchos más, nueve valencianos o diez canteranos (según el prisma que se prefiera) limpiaron sobre el césped de Mestalla la afrenta de ver el escudo del Valencia manchado por el fango de la Segunda. Esa redención llegó un 30 de mayo de 1987 con un ascenso prácticamente cantado (pero que necesitó de una liguilla) y que este martes conmemorarán aquellos mismos protagonistas, en una cita organizada por la Asociación de Futbolistas del Valencia en el Parador Nacional de El Saler. Para ellos, como también para muchos aficionados que hoy superan los cuarenta, aquel fue un grupo tan querido como especial.

Fernando Giner, presidente de la Asociación e impulsor de esta iniciativa, justifica sin dudarlo los motivos de esta reunión para conmemorar la vuelta a Primera. «Además de la fecha, la razón principal que todos debemos tener claro es porque este año hemos vuelto a ver las orejas al lobo y aquello nos debe servir como referencia. El Valencia ha pasado por un momento delicado, en el que muchos temíamos que se fuera a Segunda. Y sin embargo, con la ayuda principalmente de gente de la casa, se ha visto que las cosas se han podido arreglar. Y me refiero a los Voro, Gayà, Jaume, Soler, Lato y Camarasa, por ejemplo. Creo que tenemos que coger la lección de que lo que ha ocurrido como punto de inflexión y también de reflexión para darnos cuenta de que las cosas también pueden funcionar igual o mejor con personas que sienten el escudo».

La reivindicación de Giner no es no nueva, pero no parece que sus conversaciones al respecto con la cesante Layhoon hayan producido alguna reacción inmediata en Meriton. Aquel 2-0 al Recreativo de Huelva tuvo un carácter significativo, algo así como el que puede estar buscando ahora, treinta años después y salvando las distancias, Peter Lim con esa ligera muestra de intenciones, en las que se puede percibir un tímido cambio en el concepto de club.

Fue un sábado noche, el sábado típico en Mestalla en el que los partidos empezaban a las diez y media y terminaban ya en la madrugada del domingo. La televisión no decidía los horarios, lo hacía el club en función de la predilección tanto de sus aficionados como incluso de las manías de entrenadores y jugadores. Arturo Tuzón, presidente de la entidad, saboreó con su habitual pulcritud la celebración, en un estadio que no se llenó y que recaudó diecinueve millones de pesetas (114.000 euros). Alfredo Di Stéfano fue el ingeniero que cosió a esta plantilla nacida casi de la nada, fruto de la herencia recibida en la última etapa de Ramos Costa (la deuda llegó a ser de 9 millones de euros).

«La única estrella que había era el entrenador. El resto éramos gente de la cantera, muchos llevábamos juntos desde juveniles. Formábamos un grupo sobre todo muy sano, con una humildad terrible en todos los aspectos. No era fácil bajar un año y subir al siguiente, y más con unos chavales cuya media de edad era entre 21 y 22 años», recuerda Giner, que no cesa en su empeño de aplicar a la etapa actual consignas de ese pasado. «Nosotros no éramos nadie pero tuvimos claro de dónde veníamos y hacia dónde íbamos. Eso debe calar ahora. Si los futbolistas que hay y los que vayan a venir no se meten en la cabeza que no son nadie, en el sentido correcto de la frase, tardaremos en ver otra vez al Valencia en lo más alto».

Porque precisamente, el Valencia que resurgió de esa generación llegó a zonas nobles pero nunca conquistó un título. Es lo que siempre se les ha achacado a ese grupo de jugadores, que provocaron que su afición se supiera prácticamente la alineación tipo de memoria. «Es verdad que nos faltó ese premio que mucha gente echa en falta, pero fuimos segundos y terceros, y éramos habituales en la Copa de la UEFA. Llegamos también a una final de Copa del Rey y el fútbol que practicamos posteriormente y con Hiddink sobre todo fue bastante bueno. Nacimos de la necesidad y aunque no ganamos ningún título, creo que hay que ser justos y valorar lo que conseguimos. Quizás por eso no aparecemos por ninguna parte del estadio, aunque creo que algunos se lo merecen».

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