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Recuerdo entrañable para los campeones del 67

Jara marca el primer gol del Valencia en la final de Copa disputada el 2 de julio de 1967 en el Bernabéu. / efe
Jara marca el primer gol del Valencia en la final de Copa disputada el 2 de julio de 1967 en el Bernabéu. / efe

PACO LLORET

Aquel fue el primer título del Valencia que se vio por televisión. La conquista de la Copa de 1967 significó el punto culminante para una generación de futbolistas que marcó una época. También implicó el final de una maldición: a principios de los años sesenta, los valencianistas alcanzaron en tres ocasiones consecutivas las semifinales del torneo, pero en todas ellas cayeron y se quedaron a las puertas de la final. Aquel ciclo negativo -desde el 62 al 64- coincidió con un fenómeno inverso: el Valencia disputó en esos mismos ejercicios las semifinales europeas de la Copa de Ferias y logró en las tres ocasiones la clasificación.

La imagen que perdura de aquella final jugada en Madrid el 2 de julio de 1967 bajo un calor sofocante es la de Roberto, el capitán, alzando el trofeo. Ya han pasado cincuenta años. Atrás quedaba un triunfo ante el Athletic de Bilbao por 2-1 que además de sumar un título igualaba el palmarés de los duelos directos: cuatro finales dirimidas entre ambos contendientes y dos títulos para cada uno. Aquel enfrentamiento era todo un clásico en los años cuarenta, duelo de reminiscencias legendarias. En los banquillos dos figuras de aquella época: Mundo en el Valencia y Piru Gaínza en el Athletic. Ambiente de fútbol tradicional en las abarrotadas gradas de Chamartín: los vascos con sus cánticos y sus txapelas, los valencianistas con su entusiasmo y sus tracas. El espectáculo estaba servido.

Para ser campeón el Valencia disputó nueve partidos con un balance de siete triunfos y solo dos derrotas. La singladura se inició cómodamente ante el Cádiz en la primera ronda por un global de 8-1. Otro viaje a Andalucía para eliminar al Betis tras caer por 2-1 en el feudo verdiblanco y remontar por 3-0 en Mestalla. Y entonces vino la eliminatoria clave: cruce con el Real Madrid en cuartos y el encuentro de ida en casa.

Los madridistas habían ganado la Liga pero sucumbieron por la mínima en Valencia pese a adelantarse en el marcador con un tanto de Grosso. El paraguayo Jara y el brasileño Waldo obraron la remontada. El marcador pudo ser más amplio y los locales desperdiciaron un penalti. Se presumía un partido muy complicado en el Bernabéu, pero los valencianistas resistieron con orden y se llevaron el triunfo con un gol de Waldo en las postrimerías. Antes, el Real Madrid falló un máximo castigo lanzado por Gento y detenido por Abelardo.

La expectación se disparó. El valencianismo soñaba con acceder a la final. El sorteó deparó un emparejamiento con el Elche: el primer partido se jugaría en Altabix. Una excelente noticia porque todas las semifinales coperas perdidas en los primeros años de aquella década habían tenido el mismo desarrollo: choque de ida en Mestalla y el de vuelta en el Sánchez Pizjuán, Camp Nou y Metropolitano, respectivamente. Con la amargura añadida de forzar un partido de desempate ante el Barça en terreno neutral -se celebró en el Bernabéu- en el ejercicio del 63, resuelto con un gol en propia puerta para colmo de desgracias.

El Valencia sufrió lo indecible en el feudo ilicitano pero arañó un buen marcador: derrota por 2-1. El Elche estaba dirigido por Alfredo di Stéfano que se estrenaba como entrenador y llegó a ganar por 2-0 además de fallar un penalti. Un providencial gol del 'talismán' Jara fijó el resultado definitivo y dejó las espadas en todo lo alto.

El extremo guaraní había jugado con el Córdoba el campeonato liguero, de hecho le marcó al Valencia en El Arcángel, y se enroló con los de Mestalla para la Copa. Su llegada fue providencial, marcó goles decisivos, incluido el primero en la final. Con su incorporación el tándem formado por Ansola y Waldo se deshizo y el ariete vasco fue al banquillo. La aportación de Jara se fundamentaba en su versatilidad. Quedaba por resolver el duelo de vuelta. Las crónicas hablan de una entrada sin precedentes en Mestalla, no es ninguna exageración de hablar de más de 60.000 espectadores, con el papel agotado en las taquillas desde mediados de semana y la general de pie a reventar una hora antes del comienzo del partido. No cabía un alfiler la noche del sábado 24 de junio en el feudo valencianista. Waldo emergió como el artífice de la victoria gracias a sus dos goles, uno en cada período, pero la actuación coral del equipo de Mundo fue antológica, un partido memorable y objetivo conseguido.

El Valencia fue muy superior en la final y con el 2-0 a su favor gracias a un espectacular gol de Paquito que remató de tacón para sorpresa de Iríbar y sus defensas, replegó líneas y cedió la iniciativa. Los bilbaínos recortaron las diferencias gracias a un soberbio remate de Argoitia. El partido entró en una fase agónica. Los valencianistas se defendieron a capa y espada ante las acometidas de los leones hasta que el colegiado catalán Jaime Oliva señaló la conclusión. La mascletà sobre el césped y la locura en la grada. El Valencia se proclamaba campeón y se ganaba el derecho a entrar por primera vez en la Recopa. Dos días después, regreso triunfal a casa. La ciudad se echó a la calle. Delirio en Mestalla. Imposible de olvidar para quienes estuvimos.

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