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Fútbol | Valencia CF

Premio al mejor actor de Primera

Santi Mina y Kondogbia, los autores de los goles del Valencia, se felicitan ante la mirada de Carlos Soler. / Efe
Santi Mina y Kondogbia, los autores de los goles del Valencia, se felicitan ante la mirada de Carlos Soler. / Efe

Con Guedes, Soler y Zaza en el banquillo, el equipo sobrevive a una defectuosa primera mitad y destroza al Espanyol en la segunda

JUAN CARLOS VALLDECABRES

Le pese a quien le pese, el Valencia ya es con todos los honores uno de los grandes protagonistas de este campeonato. Justo un día después de que en la capital, los dos equipos madrileños pusieran gasolina al Barça y cegaran no se sabe muy bien por qué las posibilidades de futuro valencianistas, el equipo de Marcelino alzó la voz en Cornellà para recordar que, aunque queda todavía un mundo por delante, se ha ganado al menos el derecho a no ser ninguneado. Por algo sigue invicto y por algo va a jugar de tú a tú al Barça el domingo que viene. Y lo hará no sólo por las extraordinarias virtudes futbolísticas que ya han quedado patentes sino por el reciente descubrimiento de unas excelentes dotes en la interpretación, hasta ahora casi desconocidas. El Valencia es como esos animales que saben que la única forma de seguir vivos es precisamente fingir que están muertos para acabar después capturando a sus presas. La culebra parda, por ejemplo, se queda paralizada si percibe a un depredador cerca. Este, al ver el estado casi catatónico de la serpiente, no sólo pierde la prudencia sino que acaba finalmente perdiendo la vida.

El ejemplo es perfectamente válido a lo que sucedió ayer sobre el césped en el estadio espanyolista. Simular una cosa para obtener precisamente la contraria. Por supuesto Marcelino no es tan hábil para diseñar un encuentro tan ajustado a esos parámetros, pero da la jugosa casualidad que al técnico, haga lo que haga, por ahora le sale todo de cara.

Si uno observa lo que ocurrió en la primera mitad, percibe a un Valencia anodino, un tanto desorientado, más pusilánime que otra cosa y lejos de la identidad que lo ha caracterizado hasta el momento. El único razonamiento ante tanta acumulación de factores negativos se podía achacar a la ausencia en el once de jugadores de peso. No ver en la alineación a Carlos Soler, Guedes y Zaza siempre es motivo de ciertas dudas. La sospecha ante la ausencia de estos valores se confirmó conforme el partido fue entrando en materia. Llegó un momento en el que Espanyol y Valencia olvidaron el rigor de la pizarra y en ese cruce de achuchones fueron los blanquinegros los que peor lo pasaron, hasta el punto de que lo mejor que pudo pasarles fue escuchar el silbato del colegiado señalando el tiempo de reflexión.

0 RCD Espanyol

Pau López; Víctor Sánchez, David López, Naldo, Aarón; Darder, Fuego; Baptistao (Jurado, min.12), Sergio García, Piatti (Hernán Pérez, min.71) y Gerard Moreno

2 Valencia CF

Neto; Montoya, Murillo (Garay, min.65), Gabriel, Lato (Guedes, min.60); Pereira (Soler, min.80), Kondogbia, Parejo, Gayá; Mina y Rodrigo

ÁRBITRO:
Hernández Hernández (Comité Canario). Expulsó al entrenador del Valencia, Marcelino. Mostró tarjeta amarilla a Murillo (min.28), Lato (min.48), Montoya (min.49) y Pereira (min.78)

Hasta dos envíos al poste tuvo la formación de Quique para haberse puesto por delante en el marcador. Y nadie habría podido poner en duda sus méritos. El Espanyol, con el veterano Sergio García insistiendo por la banda de Montoya y con Gerard Moreno mareando más de la cuenta a Lato, llegó a desorientar por completo a la zaga visitante. El descontrol fue más que evidente y en apenas cinco minutos (del 36' al 41') llegaron los golpeos de Gerard y Darder que acabaron besando la meta de Neto. En la primera acción, Gerard dejó en evidencia a Lato con un soberbio control en el pecho y en la segunda fue la habilidad de Sergio García el que se la puso a Darder para que éste golpeara con el interior al poste izquierdo del guardameta brasileño. Mala pinta tenía el asunto.

El Valencia estaba arriesgando más de la cuenta en ese guión inusual. Fue, con diferencia, la peor primera mitad en lo que va de campeonato. No es la primera vez tampoco que el equipo ofrece esas dudas. No aparecía Parejo y en ataque Santi Mina y Rodrigo andaban a oscuras y a trompicones.

LAS CLAVES

Falta de puntería
El Espanyol, con 9 goles en 13 jornadas, demostró que de nada le sirvió crear ocasiones ante la meta valencianista. Sus delanteros no tienen gol.
Suerte de cara
El Valencia lo tiene todo de cara y prueba de ello fueron los dos balones al poste que estrelló el equipo local.
Golazo
El zapatazo de Kondogbia pasada la hora de juego resultó decisivo. Hundió al Espanyol y llenó de confianza al Valencia.
Sin perder los papeles
Aunque lo pasó mal durante algunos minutos, el Valencia no acabó de descomponerse del todo.

Pero si algo no tienen este año los jugadores de Quique Sánchez Flores es puntería. Todo lo aportado al partido les sirvió de bien poco. Aquí, el equipo 'grande' es el que trocea a sus rivales casi sin querer. Y ese papel lo sabe interpretar a la perfección el Valencia. Después de falsear ese estado febril, salió en la segunda parte a dar otra versión. No es que aportara mucho fútbol al asunto, pero cuando fallan a veces las ideas recurre a ese golpeo mortal que le hace infranqueable. Ya puede correr kilómetros el Espanyol, entrar por las bandas, buscar a los interiores o mover a sus puntas, que cuando llega la hora de la verdad, quien golpea en serio es el Valencia. Que se lo pregunten a Kondogbia, un gigante que vino para trabajar como una bestia pero que también sabe pegar a la pelota de forma elegante. El control pasada la hora de juego y el olfato de buscar con la izquierda la zona de la portería local fueron de un exquisito nivel. Hasta llegar a ese sorprendente 0-1, el Espanyol volvió a dejar patente su absoluta ceguera cara al gol. Piatti echaba el balón muy alto tras una entrega de Sergio García, y este último no llegaba por muy poco a una inoportuna y corta cesión de Lato sobre Neto. Quiso el Valencia apurar esa particular estrategia, dejando creer hasta casi el final que el equipo local realmente estaba capacitado para conseguir lo que otros doce equipos de Primera todavía no han sido capaces de lograr.

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Metía Marcelino a Guedes por Lato, retrasaba a Gayà; entraba Garay por el lesionado Murillo y al final por aquello de aumentar la autoprotección, Carlos Soler ocuparía el sitio de Pereira.

Con ese zapatazo de Kondogbia, el Valencia mordió la yugular del Espanyol y dejó que el rival fuera poco a poco desangrándose. Agotados pro el esfuerzo físico y mental, los de Quique fueron poco a poco perdiendo el pulso. Y los valencianistas empezaron a chupar su sangre. Ya con más tranquilidad detrás y cumpliendo en la zona de medios, tan sólo había que esperar uno de esos latigazos a la contra. A Guedes le faltaron tiempo y campo para aparecer y fue en un largo centro de Carlos Soler hacia Santi Mina cuando a Víctor Sánchez no se le ocurrió otra cosa que ceder a su portero con el pecho. La idea es loable pero su puesta en práctica fue horrible. El balón se quedó a medio camino y Santi Mina, que hasta ese momento sólo había hecho que luchar contra sí mismo, sólo tuvo que acertar en el fácil golpeo para establecer el segundo.

Ese es la esencia de un Valencia algo bipolar. Cuando juega bien te machaca y cuando deja mucho que desear, te engaña creyendo que está casi muerto pero acaba clavándotela donde más duele.

El encuentro, si se analiza con cierta perspectiva, dejó bastante que desear, pero da la casualidad que el Barça gana casi por peso; que el Real Madrid no sabe muy bien a qué juega, y que el Atlético parece cada vez más lejos del espíritu de Simeone. Por eso no hay que discutirle mucho a este Valencia, el único en definitiva que sigue el frenético ritmo que imponen los de Valverde. Como el domingo que viene se queden los tres puntos en Mestalla, ya no habrá opción de que el Valencia pueda actuar de falsete. A cara descubierta, este equipo hoy por hoy está tocado por ese halo que le hace plantar una piedra y convertirla en oro.

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