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La pegada y Neto salvan al Valencia CF

Zaza, que marcó el primer gol del partido, durante el partido . / m. molines
Zaza, que marcó el primer gol del partido, durante el partido . / m. molines

Rodrigo sale al rescate, Zaza exhibe su bipolaridad y el equipo sigue invicto

HÉCTOR ESTEBAN

Marcelino debe guardar agradecimiento eterno a Ziganda. El vasco tuvo la osadía de dejar a Aduriz y Raúl García en el banquillo de inicio. El Valencia partió con ventaja desde el minuto uno. Ziganda reaccionó tan tarde que siempre remó con la corriente en contra. Los locales jugaron el partido más indisciplinado de la temporada, el primero sin el músculo de Kondogbia en el centro del campo. La pegada de sus delanteros y el buen hacer de Neto permitieron que el Valencia siga anclado en la parte de la Liga de Campeones e invicto. Por delante hay dos semanas para ajustar los movimientos, para que Marcelino, que seguro que ayer no quedaría contento con la empanada defensiva, engrase la retaguardia. El Valencia resumió esa idea tan de moda que es saber competir. Para los tradicionales, sufrir para ganar.

El Athletic Club, zarandeado el jueves en la Liga Europa por un desconocido equipo ucraniano, se presentó en Mestalla para recuperar sensaciones. Sin todos sus titulares pero con un once de aplicados jornaleros. Desde el primer minuto trató de convertir el partido en un relato pastoso. La fórmula del tedio para llegar a Neto funcionó hasta el minuto veinte. Un disparo de Gayà sirvió para que el Valencia asumiera el mando en el ecuador de la primera parte. El tiro lo despejó Arrizabalaga pero fue el toque de corneta necesario para ganar el partido. Hasta ese momento el Athletic se había impuesto a los puntos. Con un fútbol destructivo. El balón se lo regaló al Valencia, que no encontraba el compás necesario para hallar el juego directo. San José e Iturraspe eran el incordio necesario para enredar el juego en un cuerpo a cuerpo.

Gayà hizo de despertador. Primero con su disparo y después con la jugada para asistir a Zaza. El italiano marcó por tercera jornada consecutiva, sumó su sexto gol de la temporada -cinco en los últimos tres partidos- y dio la razón a Marcelino. Desde que el entrenador dejó al atacante en el banquillo ante el Levante, Zaza marida con el gol. El tanto, en la definición, similar al de Anoeta con una gran movimiento para sentirse libre para rematar. La crónica del partido no puede esperar al preocupante análisis de la bipolaridad del italiano. Resolutivo y letal si responde al mandato de Marcelino. Un peligro para su equipo cuando asume el protagonismo que no le corresponde. Zaza es torpe en el desfiladero. En la segunda parte anduvo más pendiente de repartir estopa y figurar para la grada que de resolver el partido. Sacó los codos a pasear y tuvo que ser expulsado por doble amarilla por buscar la mandíbula de Arrizabalaga. Su felicidad son los goles, no el 'catch'.

3 Valencia CF

Neto, Montoya, Garay, Gabriel Paulista, Gayà, Parejo, Carlos Soler, Andreas Pereira (Maksimovic, m.71), Guedes (Toni Lato, m.83), Rodrigo Moreno (Sant Mina, m.73) y Simone Zaza

2 Athletic Club

Kepa Arrizabalaga, Lekue, Núñez, Laporte, Balenziaga, San José (Aduriz, m.46), Vesga, Iturraspe, Susaeta, Córdoba y Williams (Raúl García, m.60)

árbitro:
Hernández Hernández (Comité Canario). Amonestó a los locales Gayà, Zaza y Parejo; y en el Athletic a Arrizabalaga, Núñez, Raúl García y Vesga
incidencias:
partido disputado en Mestalla ante 42.000 espectadores

El Valencia enfiló la recta final de la primera parte con viento a favor. El que le dio el portero del Athletic con un penalti absurdo sobre Rodrigo. Arrizabalaga, llamado a ser el portero de España, fue un lastre para las esperanzas bilbaínas. Todo lo que hizo fue un desastre. Parejo asumió galones para marcar desde los once metros su primer gol de la temporada. El Athletic tuvo sus oportunidades en la primera parte. Un remate tras un córner que Neto despejó al palo y alguna más bien resuelta por el portero brasileño, que resolvió con suficiencia.

El paso por los vestuarios sirvió para que Ziganda asumiera su error. Lo primero que hizo fue poner a Aduriz en el campo. El Valencia comenzó a sufrir. Más pendiente del atacante vasco que de sentenciar el partido. A las dudas se unió la glotonería de Pereira para resolver oportunidades de manera individual. Tenía opciones para buscar el gol que no aprovechó.

Aduriz, una vez calentó motores, marcó el gol de la tarde. Bajó un balón aéreo con un control excepcional, dejó clavado a Gayà y recortó distancias para engordar las dudas. El vasco, cada vez que visita Mestalla recibe el cariño de la grada y pone de manifiesto la ignorancia de aquellos que consideraron que era un jugador amortizado. Aduriz se quería ir pero en los despachos nadie hizo nada por evitarlo.

El Athletic Club apretó. Y entendió que podía empatar. El Valencia trataba de digerir la empanada defensiva para que volviera el orden. Cuando parecía que la igualada podría ser cuestión de minutos, marcó el Valencia para respirar. Un balón largo contó de nuevo con la colaboración de Arrizabalaga, que salió mal para que Rodrigo de cabeza celebrara su convocatoria con España con un tanto para alargar su racha. La confianza le ha dado alas y el perdón de Mestalla.

El gol preveía un tramo final de partido de pactada tranquilidad pero el Valencia, por sus errores, inyectó nerviosismo. Una jugada a balón parado mal defendida por Zaza habilitó a Raúl García para recortar distancias. Las dos piezas que dejó Ziganda en el banquillo aparecieron para tratar de rascar alguna ganancia. Los vascos creyeron. Laporte cabeceó al larguero, Balenziaga estuvo a punto de tacón y Neto, con una gran intervención, blindó la victoria al despejar con la pierna otro disparo de Raúl García. El portero brasileño debe sentirse culpable de la victoria de ayer.

Sin duda no fue el mejor partido de la temporada para el Valencia. De nuevo, las jugadas a balón parado en contra, traducidas en goles y balones al palo, se sitúan en el debe del equipo de Marcelino. Deberes para estas dos semanas de parón. En el haber, el equipo mantiene su curva alcista. Invicto, con llegada, y lo que es más importante, pegada. Los delanteros ven puerta con facilidad tras las dudas iniciales y el camino vuelve a pasar por blindar la portería. Los sueños de la Champions siempre son dulces. El Valencia duerme feliz.

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