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Lim pasa desapercibido tras dilatar su presencia

Peter Lim observa el partido anoche en Mestalla. / manuel molines
Peter Lim observa el partido anoche en Mestalla. / manuel molines

El público de Mestalla ignora al empresario de Singapur pese a que durante toda la temporada pasada fue objeto de duras críticas El dueño del club ocupa la butaca en su palco en el minuto 8

J. CARLOS VALLDECABRES VALENCIA.

Derechazo de éxtasis de Mateo Alemany y mansos aplausos de Peter Lim. Dos maneras de vivir el fútbol. La escena sucedió nada más pitar el árbitro el final del encuentro y ambos sólo estaban separados por la butaca que ocupaba Cherie, la mujer del empresario. Lim apareció en Mestalla. Ya era hora. Dilató tanto su reaparición (quince meses hacía que no pisaba el recinto de Artes Gráficas) que hasta para dejarse ver lo hizo con retraso. No fue hasta el minuto 8 de partido cuando se sentó en la primera fila de su palco privado, en la parte superior de la zona vip. Allí, junto con su séquito de seguridad (pinganillo en la oreja), el máximo accionista contempló de manera anónima el encuentro. El primero de esta temporada (la pasada se la pasó en blanco).

Y lo hizo de manera anónima porque Mestalla pasó olímpicamente de él. Todo el respeto que podía causarle la campaña anterior el acercarse por el estadio, con los ánimos tan caldeados como estaban con él por su nefasta manera de llevar el negocio, esta vez se debió llevar un chasco. Temeroso de que el público le abroncara desde el primer instante, quizás el escenario que se montó para evitar esta incómoda situación causó el efecto deseado.

Primero porque al asomarse fuera del palco con el partido ya comenzado evitaba las miradas de la grada, segundo porque lo de los fichajes anunciados a última hora y coincidiendo con su llegada le vinieron de perillas pero, sobre todo, porque el equipo de Marcelino sacó adelante la noche. Ese es el mejor antídoto posible. Si el Valencia gana, vaciándose como se vació en este estreno, es complicado que el aficionado blanquinegro se enfade. Ni con sus futbolistas ni con su entrenador ni con sus dirigentes ni con un señor de Singapur que afronta su cuarto proyecto sin un contacto directo de primera mano con lo que realmente piensa y quiere el público.

Con el Valencia carburando es fácil adivinar que Lim vaya a venir más veces. La semana que viene toca el Bernabéu, otro de los escenarios que ya ha probado y que encajan en su ideal del fútbol. No extrañaría volverlo a ver por Madrid.

Ayer, quien se mimetizó por completo con la afición fue su esposa. Gorra y camiseta blanquinegra. A su lado, Mateo Alemany y algunas butacas más a la derecha el inquieto Kim Koh. Varias filas más abajo, Anil Murthy experimentaba por primera vez en partido oficial lo que significa lucir el cargo de presidente de la entidad. De momento la experiencia no ha podido resultar más satisfactoria para todos los dirigentes, esforzados en transmitir un aroma de cambio en lo social.

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