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«Un partido difícil, una grata sorpresa»

Las fotos de Paquito y Claramunt iban dentro del programa. / lp
Las fotos de Paquito y Claramunt iban dentro del programa. / lp

PACO LLORET

Una grata sorpresa aguardaba a los aficionados que acudieron a Mestalla para asistir al partido del Valencia-Espanyol que cerraba la primera vuelta de aquella Liga 70-71. En los accesos del campo se distribuía un programa informativo del partido, editado en color, con un atractivo formato y un contenido de lo más interesante. Una iniciativa pionera muy celebrada por los seguidores valencianistas, que tuvo una magnífica acogida y que se mantuvo durante muchos ejercicios siguientes. La idea surgió de la brillante cabeza de Vicente Peris que se inspiró en una tradición arraigada del fútbol inglés. La principal diferencia estribaba en que los clubes británicos cobraban por su venta, mientras que el Valencia optó por repartirlo de forma gratuita. Pronto se convirtió en un objeto cotizado para los aficionados que se afanaban por completar la colección de cada temporada. El paso del tiempo los ha convertido en una valiosa reliquia, referente de un periodo apasionante en la vida del club de Mestalla. El decidido afán por modernizar el club empujó a Peris a concebir planes de mejora organizativas a nivel interno y a implantar novedades en numerosos ámbitos que gozaron de enorme aceptación por su carácter visionario.

Otro ejemplo significativo fue la ambientación previa a cada encuentro. En esa temporada triunfal se introdujo la costumbre de recibir a los jugadores locales mientras sonaba el pasodoble 'Valencia' del maestro Padilla a través de la megafonía. A la grada de Mestalla se le aceleraba el pulso, los incondicionales entraban en trance, se rompían las manos aplaudiendo y se dejaban la garganta. Más que nunca, la afición ejerció de verdadero jugador número 12. Esa campaña fue una mascletà, de menos a más, con un terremoto final apoteósico. Forment y Antón ejercieron de pirotécnicos con sus legendarios goles a última hora en partidos decisivos que salvaron el liderato in extremis. Se daban todos los factores para el despegue. Peris en los despachos, Di Stéfano en el banquillo y un equipo atrevido que desafiaba la lógica de los pronósticos; una combinación explosiva de juventud y experiencia, el talento, la tenacidad y la ambición distinguían aquella plantilla. La fórmula del éxito. Aquel Valencia despertó la expectación y la curiosidad desde antes de empezar la Liga, la parroquia se olía la tostada y se entregó en cuerpo y alma.

Sin embargo el arranque no fue bueno: una victoria, dos derrotas y dos empates. A partir de la quinta jornada empezaron a llover las victorias y, claro está, el valencianismo se puso a soñar. Dos días después de Navidad, el domingo 27 de diciembre, se cerraba la primera vuelta del torneo. El rival se presumía incómodo. Los periquitos venían de purgar una campaña en Segunda pese a contar con una plantilla de nivel contrastado. En los dos ejercicios anteriores habían sacado tajada de Mestalla: un empate a dos en el año de su descenso y una increíble victoria por 2-3 en la temporada anterior, la 67-68, con tres goles en los últimos diez minutos cuando el Valencia con dos a cero a favor se sentía seguro de la victoria. Toda precaución era poca ante un oponente que solía plantear muchas dificultades. El partido respondió al guión previsto. La tarde fue muy fría, el terreno de juego estaba pesado por la lluvia caída. Las montañas próximas a Valencia aparecieron cubiertas de blanco. Hubo peregrinación automovilística al Garbí para entrar en contacto con la nieve. Menos amable fue el percance sufrido durante el encuentro por Pep Claramunt: un trozo de barro le entró en un ojo y le afectó la visión.

Para Alfredo di Stéfano se trataba de una cita muy especial. Se había retirado como futbolista en activo cuatro años antes defendiendo los colores del club de Sarrià. El Valencia podía proclamarse campeón de invierno si vencía a los españolistas y, al mismo tiempo, el Barcelona y el Atlético de Madrid empataban en el duelo que les enfrentaba en el Camp Nou, sin duda, el duelo estelar de la jornada. Ese empate deseado se dio meses más tarde en el desenlace por el título. Los espectadores no le quitaban ojo al marcador simultáneo Dardo, aunque, como se temía, el duelo de Mestalla se había complicado. La primera parte concluyó sin goles. En la reanudación, el Valencia logró batir a Bertomeu gracias al gol de Claramunt II. La alegría duró dos minutos. El paraguayo Cayetano Re, un delantero incómodo y peleón, igualó la contienda. Los hombres de Di Stéfano no cejaron en su empeño y entonces apareció el jugador providencial, el autor de los goles salvadores: Forment. El delantero de Almenara arregló la tarde con su tanto entre el alborozo de la hinchada. La jornada concluyó con victoria por la mínima aunque el honorífico campeonato de invierno fue para el Barcelona, que derrotó a los colchoneros una semana después en el arranque de la segunda vuelta. Los valencianistas alcanzaron el liderato gracias a una victoria por la mínima en casa ante el Real Madrid, gracias, de nuevo, al gol de un inspiradísimo Forment. Lo mejor de aquella campaña vino en abril con el inolvidable alirón de la última jornada.

PD: Artículo dedicado con el máximo cariño a la familia de Vicente Montesinos Vernetta, grandes valencianistas de varias generaciones siempre leales al Club.

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