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La generosidad valencianista

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

La solidaridad y la generosidad del valencianismo ha sepultado en pocas horas el lamentable error de aquel o aquellos que decidieron poner un dique en Mestalla con su política de precios para el partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey. Una vez pasado el partido, la decisión tomada en la planta noble de la sede del club merece un análisis certero de la situación. El punto de partida es desde la casilla del error. La primera tabla se imprimió entre la desmesura y el castigo. Unos precios desorbitados para dejar pasar de largo la gran oportunidad de reconciliarse con una afición maltratada en las dos últimas temporadas por las torpes decisiones de los delegados de la propiedad. El presidente, Anil Murthy, aparcó el proyecto de la internacionalización del Valencia para empezar de cero, desde la cercanía y el tacto del valencianista. No debe de haber aprendido mucho en estos meses si una de sus primeras grandes decisiones -al menos la debió autorizar- fue la de exprimir el bolsillo del socio, que ya sufre y ahorra mes tras mes para renovar su pase de temporada. La chapuza se ha subsanado con la generosidad del aficionado valencianista. Primero, por aquellos miles que acudieron en masa a las taquillas del estadio para alistarse a la batalla contra el Barcelona. La rebaja inicial de los precios movió montañas. El otro impulso llegó tras la segunda enmienda, aquella forzada por la amenaza del cemento en la grada. Hay hogares en los que es insostenible aguantar dos localidades todavía en plena cuesta de enero. Una parte de la pareja se sacrificó en favor de la otra, que iría sola al fútbol. El miércoles fue grato ver a alguno acudir de nuevo a la taquilla para sacar esa entrada extra a precio reducido para quien en un principio estaba condenado a quedarse en casa. Pero más mágico todavía ha sido la relación a través de las redes sociales. La solidaridad y el valencianismo a partes iguales. Abonados que han ofrecido sus pases para que otros que no son socios del Valencia puedan acudir al partido y llenar esa grada tan necesaria para el club. La semana pasada, tras el partido de ida, al entrenador del Barcelona, Ernesto Valverde, se le preguntó por el dato de que el Camp Nou estuviera semivacío: «No lo sé, y no sé qué más tenemos que hacer para que la gente venga». Y eso que el partido era gratis para los abonados blaugranas. Valencia vive el fútbol de manera distinta, ruidosa e impulsiva. Y pocas aficiones son tan generosas con su equipo. Ayer estuvieron en Mestalla aficionados con el pase de otros, militantes que se embarcaron a última hora, gente que cogió un avión y voló para alentar a su equipo. Ese el ejemplo, el camino a seguir, el mejor test sobre los aficionados del Valencia. El mayor ejemplo para no volver a cometer un error tan mayúsculo.

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