Las Provincias
Santi Mina, consciente de lo ocurrido y muy dolorido, nada más caer lesionado. :: EFE/Julio Muñoz El último en bajar. Jaume, su íntimo amigo en la plantilla, esperó a pie de escalerilla a que bajara Santi Mina, visiblemente cojeando. :: lp
Santi Mina, consciente de lo ocurrido y muy dolorido, nada más caer lesionado. :: EFE/Julio Muñoz El último en bajar. Jaume, su íntimo amigo en la plantilla, esperó a pie de escalerilla a que bajara Santi Mina, visiblemente cojeando. :: lp

Mina despeja el camino a Zaza

  • Sufre un esguince del ligamento lateral, a la espera de la resonancia de mañana para determinar cuántas semanas estará de baja

  • La lesión de rodilla llega justo cuando más entonado estaba el delantero gallego

Hasta mañana, cuando se le haga a primera hora de la mañana una resonancia, va a tener que aguantar Santi Mina esa incertidumbre habitual que surge en casos así para saber cuánto tiempo deberá permanecer de baja por culpa de ese esguince lateral en su rodilla izquierda. El delantero del Valencia acaparó sobre todo la nota negativa del partido disputado en el Villamarín. En un intento de llegar a la presión a la defensa, pasada la hora de juego, el blanquinegro metió el pie y la rodilla adoptó una mala posición.

De inmediato se dio cuenta de que el percance podía ser serio. Sus gestos de angustia provocaron la inmediata alarma en el banquillo. Quedó tendido por el intenso dolor que en este tipo de lesiones suele haber y cuando llegó el médico y el fisio se marchó cojeando hasta la banda. A Voro se le comían los nervios. No paró de preguntar si estaba bien o no, con el deseo de preparar el cambio de manera inmediata.

Mina quiso seguir. Tras unos instantes de atención en la banda, entró en el terreno de juego para ayudar en defensa pero cuando quiso salir al contragolpe se dio cuenta de que la situación requería más precaución de la que él mismo creía en un primer instante. No le quedó otro remedio que tirarse al césped. Tuvo que pedir el cambio. Salió no obstante por su propio pie.

Ya en el vestuario se le inmovilizó con un fuerte vendaje toda la pierna y salió visiblemente molesto del estadio. Subió al autocar y al avión como pudo. No necesitó muletas. Luego fue el último en bajar del avión, donde ya le esperaba su amigo Jaume. La cojera era más que evidente, aunque ya Santi Mina al menos sonreía. Le esperan por delante varias semanas de recuperación, según el grado que tenga afectado el ligamento. Es evidente que Mina se va a perder esta intensa parte de la temporada, donde van a llegar partidos entre semana, justo cuando más entonado parecía tras el aterrizaje de Voro al banquillo. En las últimas cuatro jornadas había marcado tres goles (lleva cinco).

Con Rodrigo todavía fuera de combate, llega el momento de pensar en el recambio. Y ahí no hay muchas posibilidades para el entrenador. Aunque Orellana permite manejar un sistema con más velocidad para sorprender al contragolpe, el candidato ideal -para eso se le fichó- es Simone Zaza. El italiano ya ha sido titular -lo fue por primera y única vez contra el Eibar- y aunque tuvo opciones de marcar, sus tres remates se marcharon desviados.

Tanto Cesare Prandelli como García Pitarch tenían una fe tremenda en el internacional, cuyo principal problema al llegar al club de Mestalla fue el de estar falto de forma por las semanas que llevaba sin competir con el West Ham. Y eso, a un futbolista de más potencia y fuerza que calidad como él, le ha pasado factura. Su participación ha ido a más, aunque ayer no estuvo nada bien.

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