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Kondogbia, un fichaje para acabar con el gafe

Kondogbia se va de Eraso, jugador del Leganés. / juanjo monzó
Kondogbia se va de Eraso, jugador del Leganés. / juanjo monzó

Rodrigo ha tardado tres años en explotar, Garay aún no ha confirmado su alto precio mientras que fracasaron los Negredo, Enzo, Joaquín y Abdennour

JUAN CARLOS VALLDECABRES

Cuando tras el partido contra el Alavés Marcelino verbalizó con rotundidad que da por hecho que el Valencia ejecutará la opción de compra por Kondogbia, se presupone lógicamente que el departamento financiero que comanda Inma Ibáñez habrá estudiado de manera concienzuda los números. Si sobre las opciones de quedarse a Guedes, Ibáñez ha llegado a ser extremadamente contundente (descartándolo por caro); en lo que se refiere a Kondogbia, Mateo Alemany siempre ha dicho que hasta el 31 de mayo hay tiempo de ejecutar la operación. Al fin y al cabo, todo está ya más que pactado, tanto con el jugador como con el Inter, sobre todo en lo que se refiere al pago aplazado así como en las prestaciones adicionales. Esos 25 millones que cuesta quedarse al francés en propiedad serán abonados en plazos.

Será, por cuantía y sin entrar en el debate sobre su rendimiento actual o de futuro, el tercer fichaje más caro de la historia del club, por detrás de Negredo y Rodrigo, e igualado en el ranking a los Enzo Pérez y Joaquín, con el matiz de que la contratación del extremo andaluz se produjo en 2006, hace ya 12 años, y cuando ni la Liga de Campeones ni la televisión pagaban lo que pagan ahora.

Parecía que tras las experiencias de Negredo y Rodrigo, el Valencia se había desmarcado de operaciones de tanto trascendencia económica. Es más, desde el propio Valencia siempre se ha ofrecido un discurso advirtiendo que no podían volverse a cometer excesos del pasado más reciente. La billetera se le encogió a Peter Lim cuando se dio cuenta lo ruinoso que fueron las contrataciones de Negredo (30) y de Enzo (otro de 25 millones), los ejemplos más claros del fracaso deportivo teniendo en cuenta por cuánto han sido vendidos después de aportar bastante poco al equipo: tanto uno como otro se marcharon por unos 2,5 millones de euros aproximadamente, diez veces menos de lo que costaron.

¿Es un riesgo para un club como el Valencia y aún estando el próximo año en Champions gastarse 25 millones en un jugador? Si se le preguntara a Juan Soler la respuesta no tendría excesiva validez porque él tiró de talonario para pagar eso por Joaquín. Un año después, al Valencia llegaría un Manuel Fernandes por 18 millones -otro que no triunfó-. Y si se repasa la historia más cercana, el único que dio el rendimiento esperado fue Pablo Aimar, que en verano de 2001 firmó como blanquinegro por 21 millones de euros.

Desde entonces, ninguno de los que han llegado por una cuantía de similar calado han brillando como se esperaba. El ejemplo más claro es el de Rodrigo (30 millones), que aunque ahora está en la selección, ha tardado tres años en despertar. Sobre Garay (22), hay un claro debate porque Gabriel Paulista y Murillo han costado entre los dos lo mismo y, además de rendir igual, no padecen tantas lesiones musculares como el argentino.

Caso aparte merece el de Abdennour. Ahí sí que no hay ninguna discusión posible. Se pagaron 21,8 millones por un central que ni está ni se le espera (si se vendiera algún día por más de 26,8 -imposible-, habría que pagar al Mónaco otros 6,8). Es evidente que en este Valencia funcionan mejor los fichajes de un segmento medio (Coquelin, por ejemplo, costó 14) que los 'caros'. Kondogbia puede cambiar la dinámica.

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