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Del intento de Orellana a la frustración de Mina

Grippo controla el balón ante Orellana. / EFE/Javier Cebollada
Grippo controla el balón ante Orellana. / EFE/Javier Cebollada

Pese al concepto que impone Marcelino de primar al grupo por encima de todo, el partido resultó especial para algunos futbolistas El chileno vuelve a jugar tras 164 días de confinamiento y Maksimovic se estrena como titular sin despejar las dudas

J. CARLOS VALLDECABRES VALENCIA.

164 días se ha zampado en blanco Fabián Orellana, aquel fichaje que se apuntó José Ramón Alesanco en su curriculum y que todavía no se sabe muy con qué argumentos se hizo. Lo único que se dijo entonces es que era una oportunidad de mercado y la verdad es que al Valencia le ha salido algo desviada la intentona. Desde el 13 de mayo -penúltima jornada de la Liga pasada- en el Espanyol-Valencia donde participó en los primeros 66 minutos de juego hasta la titularidad de ayer, demasiado tiempo viendo los partidos por la televisión para el chileno, que no encaja en ninguno de los planes de Marcelino. Fue el propio futbolista el que a última hora decidió rechazar las propuestas que le llegaron y aguantar aquí el chaparrón hasta el mercado de enero, donde se marchará a nuevo destino con un buen pellizco.

Al atacante se le escapó la oportunidad anoche de dejar en evidencia a su entrenador, aunque estuvo a punto de lograrlo. Sobre todo en ese intento que forzó a Ratón a meter el guante para desviar con apuros a córner poco antes del descanso. El remate de izquierda del chileno fue impecable, dándole el efecto justo para buscar la cercanía al poste. Hubiera sido un gran gol, desde luego.

Sabía Orellana que sobre él iba a estar buena parte de la atención valencianista. Ya se sabe que hay jugadores que, pese a ese deseo de Marcelino de exprimir el concepto de grupo, tienen difícil entrar en la foto. Maksimovic, por ejemplo, es uno de ellos. Casi diez meses después de su fichaje, la afición no sabe aún si está o no integrado -el idioma le está costando-, y ni tan siquiera si se trata de un futbolista capaz de ponerse la camiseta del Valencia hasta 2022, que es lo que tiene firmado. Contra el Zaragoza es difícil evaluarlo con el criterio adecuado. Junto a Parejo, el serbio se limitó a cumplir, dejándose ver en ocasiones bastante poco (ni punto de comparación desde luego con Kondogbia), aunque se atrevió con algún que otro lanzamiento en largo, que no siempre llegó a buen destino.

Con las cosas que tienen este tipo de partidos, que por mucha idea de bloque y equipo que haya, que afortunadamente las hay, existen casos más especiales que otros. Al de Orellana le seguía el de Maksimovic, y tras ellos había que examinar con detalle cómo ha regresado por ejemplo Vezo. El portugués está listo al menos en apariencia de entrar en esa particular dinámica de rotaciones por la que se decanta Marcelino en su defensa. Fue curiosamente Vezo titular en las dos primeras jornadas del campeonato pero esa lesión en el pie izquierdo le apartó de la dinámica. Casi dos meses ha tardado en volver a jugar un partido oficial. Vezo acabó al menos contento por sus sensaciones, nada que ver con la cara de enfado y/o frustración con la que se marchó al banquillo cuando le cambiaron Santi Mina.

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