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Zaza, la felicidad del artillero

Simone Zaza posa con el balón del partido en el túnel de Mestalla. / vcf/lázaro de la peña

El delantero italiano, que lleva un año sin acudir a una cita con su selección, tiene el reto de superar en el Valencia su mejor cifra de goles jugando en la élite. «Siempre enfadado», se lee en uno de los mensajes en el balón que le firmó el vestuario a Zaza tras su noche mágica

J. CARLOS VALLDECABRES

Nunca, a lo largo de su carrera, había lucido Simone Zaza (Policoro 25-6-1991) el dorsal 9 a la espalda, número que siempre lleva aparejada una carga extra de responsabilidad. No sería en todo caso el primer jugador del Valencia que prefiere en el reparto otro número para su camiseta. Ha tenido que ser este verano y a sus 26 años cuando Zaza tenga ante sí el reto de asumir un rol del que ya se empezaba a debatir hasta el martes y que nunca se sabe si se seguirá haciendo en el futuro. De momento, esas tres muescas del delantero blanquinegro (una con la cabeza y las otras dos con su pierna izquierda) le han situado en un plano algo superior en medio de la habitual controversia que hay sobre si realmente fue acertado o un acto casi de desesperación el pagar los 18 millones de euros (16 más 2) para su contratación. Su valor de mercado estuvo hace apenas unos meses en 10 millones de euros, cifra que se ha visto incrementada ahora hasta los 16 según uno de los portales de fútbol especializados.

Con los 6 goles que consiguió en los 20 encuentros en los que participó la mitad de la temporada pasada, sobre Zaza había una densa sospecha que ahora, tímidamente todavía, empieza a aliviarse. De momento ya es el máximo anotador del equipo con esas 4 dianas, argumento para que Marcelino lo tenga en cuenta a la hora de escoger quién sale de titular. El técnico utiliza además una baremación con tres parámetros: su rendimiento en competición, los entrenamientos de la semana y las necesidades en función del rival. Con eso justificaba su suplencia en el Ciutat.

«Buena calvo». Ese es uno de los mensajes que el vestuario (firmaron jugadores, técnicos y resto del personal) estampó en el balón del partido que Zaza se llevó a casa cumpliendo la tradición. Los hubo muy significativos («siempre enfadado»), otros cariñosos («un besito de Serreta») y también algunos con mensaje de futuro («el primero de muchos más» o «espero compartir muchos sueños»).

Con esos tres goles, Zaza -lleva un año sin ir a la selección- rescata a Marcelino de las dudas que podía llegar a generar el juego del equipo en lo que se refiere al aspecto anotador; pero también y al mismo tiempo se rescata asimismo justo en la semana que más se ha hablado sobre su travieso e inconformista carácter. El técnico, dicho sea de paso, celebró con rabia el primero de Zaza pero con el segundo se fue directo a beber agua del botellín que tenía en el banquillo y con el tercero apenas torció el gesto. Por último, esa noche goleadora le sirvió también al Valencia para exhibir mediáticamente al jugador y poner tierra de por medio a todo el follón que se había montado desde el partido contra el Levante. El martes resultó redondo para todos y a Zaza todavía le duraba ayer el embelesamiento por su gesta. Entrevistado por el propio club y mientras observaba las jugadas por televisión , el jugador reconocía por una parte que de los tres el que más le gustó «fue el segundo» (el del remate de cabeza) pero también «la celebración con Santi».

Que Zaza es un tipo peculiar parece que ya ha quedado demostrado. La televisión, por ejemplo, le pilló acompañando los cánticos de la afición del Valencia en pleno partido, algo bastante inhabitual. Tampoco fue normal que el italiano acabara el partido contra el Málaga sin hacer ni una sola falta, cuando se le ha criticado precisamente por excederse en su ímpetu. Llevaba y lleva 10 faltas (Rodrigo, 7; y Mina, 2).

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