Las Provincias

Barcelona - Valencia (4-2) | Crónica: la versión amable del Valencia CF

fotogalería

/ reuters

  • Los hombres de Voro tuvieron varios despistes defensivos que fueron claves en el devenir del encuentro

  • La expulsión de Mangala en el tramo final del primer tiempo ponía el partido cuesta arriba pese al rápido empate de Munir

Una tarjeta roja destrozó ayer a este Valencia bipolar que por muchos minutos llenó de dudas un Camp Nou, acostumbrado a gestas de mayor enjundia. Quien se quede con el marcador exclusivamente tendrá una lectura errónea de lo que verdaderamente pasó en este desigual duelo. No se vayan a creer que el Valencia ofreció su cuello y que hincó la rodilla al primer achuchón. Ni mucho menos. Hasta con diez sobre el terreno de juego fue capaz de ensombrecer el fútbol tan sutil e ingenioso que ofrece como siempre este Barcelona, volcado más que nunca a la mordedura de Luis Suárez, a los arreones geniales de Leo Messi y a la insistencia del siempre ingenioso Neymar. Luchar contra esos elementos es poco menos que negar el sol al día y la luna a la noche. Pues bien, aún así, el Valencia planteó un cara a cara tan sorprendente como difícil de solucionar para el rival. La expulsión de Mangala, además de restar interés al partido, eliminó de un plumazo algunas incógnitas interesantes. La más sustanciosa para el futuro del Valencia podía estar en saber la capacidad técnica y táctica de Voro para encontrar la fórmula de evitar algo así como el peso de la gravedad. En encuentros tan especiales es donde Alesanco, si de verdad tiene alguna duda, puede calibrar hasta dónde puede llegar Voro en el futuro.

Y ahí es evidente que hay que centrarse en qué once escogió el técnico para hacerle daño a esa atípica defensa de tres, con la ayuda de Rakitic, que últimamente parece convencer a Luis Enrique. Prescindir de salida de tu delantero centro de referencia -y caro- es jugártela de salida en la pizarra. Y visto lo visto, la apuesta ni fue tan descabellada ni tan alocada. El Valencia sabía lo que se le podía venir encima y decidió plantarse sobre el césped poniendo equilibrio en el centro del campo y metiendo velocidad a la contra arriba. Dicho así parece lógico y hasta fácil de llevar a cabo, pero si uno tiene en cuenta que se trata de hacerlo contra un equipo como el Barça, es cuando todo alcanza una dimensión mayor.

Por fortuna, la cara que ofreció el Valencia fue el de la generosidad en las ayudas, el del desgaste continuo en favor del grupo y en el de apurar hasta la extenuación la consigna lanzada en el vestuario. Es verdad que Diego Alves metió varias veces los guantes y que el balón circuló una y otra vez por el área valencianista con ese habitual ‘¡ohhh!’, tan característico del Camp Nou, pero no menos cierto fue que el partido tuvo dos partes bien diferenciadas, definidas ambas por la expulsión de Mangala.

Hasta ese momento, el que llevó el partido a su terreno fueron los valencianistas, intentando ser firmes dentro de lo posible detrás y dejando a Munir la responsabilidad de colarse por los vacíos de los centrales. De hecho, la acción que provocó el saque de esquina del 0-1 fue con un saque en largo de Diego Alves que Munir se encargó de conducir hasta el corazón del área barcelonista. Tan fácil lo tuvo que se amedrentó, hasta dejar que entre el meta y Piqué enviaran el esférico por línea de fondo. Lo sacó Parejo y Mangala metió su cabeza deshaciéndose de Rakitic para abrir el marcador. Quizás demasiado pronto.

El golpe no supuso ningún cambio de registro en el Barça. No funcionaban los culés por su banda derecha y todo lo dejaban, como hasta el final ocurrió, a Neymar por el otro lado. El problema fue que la solidez de argumentos blanquinegros tuvo su primera grieta seis minutos después del primer tanto. A Garay se le olvidó que Alves es zurdo y el mal golpeo con la diestra del meta tras una cesión del argentino la envió a saque de banda. Neymar, que es tan bueno como el balón como avispado sin él, sacó en un santiamén para la carrera de Suárez ante la mala colocación de Garay. Qué olfato de gol tan descomunal tiene el uruguayo, que la ajustó casi por donde nadie podía imaginar. Tantos millones invertidos en genios del fútbol para que estos te la enchufen con un saque de banda inocentón pero tan mortal casi como los eslaloms de Messi.

Lo peor llegaría poco después. Otra vez Suárez le gana la espalda a Garay en la diagonal y Mangala, en la ayuda, se le olvida que un agarrón dentro del área se penaliza con la muerte. Penalti y expulsión. De nada le sirvió a Diego Alves su habitual parafernalia ante Messi. El argentino tiró por el centro y le marcó, igual que en Mestalla en octubre. El Valencia apuntaba a la descomposición porque el panorama invitaba a ello. Con diez, por debajo ya en el marcador y con la incertidumbre del naufragio anímico que a cualquier equipo le puede entrar en estas circunstancias. Pero lo que son las cosas. Debió Voro hacer buen trabajo previo porque dos minutos después del 2-1 y pocos segundos antes del descanso, Carlos Soler (qué pedazo de jugador) vio la galopada de Gayà para meterle el balón a lo Iniesta. El toque del de Pedreguer fue para Munir y este, por fin, sí acertó de toque cruzado. Ver para creer.

No obstante, tres cuartos de hora por delante es mucho tiempo para resistir así y más ante un rival que sabe que la insistencia siempre tiene premio. No cesó el Barça en su empeño pero tampoco el Valencia en olvidarse de dar la cara. Juntó todavía más sus líneas y sacrificó Voro la izquierda por donde Gayà se bastaba. Pero les faltó a veces algo de manejo. Es fácil decirlo, pero era la única forma de intentar que el Barça acabara, por decirlo de alguna manera, desquiciándose en algún momento. Con el tercero, de Messi y con la derecha, todo se acabó. No es que el Valencia se quemara como una falla pero fue luchar contra lo imposible. Neymar siguió erre que erre y en una contra que dejó secos a todos le brindó el primer gol a André Gomes como barcelonista.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate