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El éxito de la primera víctima de Peter Lim

Pizzi, durante la rueda de prensa de ayer. / REUTERS/Maxim Shemetov
Pizzi, durante la rueda de prensa de ayer. / REUTERS/Maxim Shemetov

Pizzi dirigirá a Chile en la final de la Copa ConfederacionesEl técnico asegura que su equipo puede competir contra cualquier selección, incluso ante Alemania: «Vamos a presionar al rival»

HÉCTOR ESTEBAN VALENCIA.

Juan Antonio Pizzi peleaba como gato panza arriba por su puesto mientras Amadeo Salvo, entonces presidente del Valencia, le comunicaba en un hotel de la ciudad que era la primera de las víctimas del proyecto de Peter Lim. «Te ha tocado», le dijo el empresario valenciano para resumirle que en las oficinas del club ya tenían preparado su finiquito. El despido no arrugó al técnico, que se revolvió para asegurar que con él el Valencia estaría en la Champions. «Dí que sí papito», dijo su esposa tras el último aliento como técnico valencianista. Ni por esas siguió.

Hoy, Pizzi dirigirá a la selección de Chile ante la campeona mundial, Alemania, en la final de la Copa Confederaciones. Tres años después de que Peter Lim despidiera a un entrenador que no mereció el finiquito, el tiempo ha colocado a cada uno en su sitio. A Pizzi, como estandarte de un combinado nacional que se ha convertido ahora mismo en la sensación de América del Sur; al Valencia, como paradigma del desastre deportivo de aquellos clubes comprados por inversores extranjeros sin las nociones básicas de lo que es gestionar un club de fútbol.

«Podemos competir contra cualquier selección», señaló ayer Pizzi. El mismo mensaje motivador que quizá trasladó a todos aquellos descartes con los que se plantó en el Camp Nou para derrotar al Barcelona el día de la resurrección de futbolistas como Alcácer y Piatti. Pizzi no teme a Alemania. «Chile saldrá al terreno de juego a someter al rival y a exigirle que juegue bajo presión», apuntó el hispanoargentino.

Pizzi llegó al Valencia para tratar de enderezar el primer proyecto de Amadeo Salvo. El entonces director deportivo, Francisco Javier Pérez Rufete, se lo trajo desde San Lorenzo de Almagro para tratar de lograr un imposible que a punto estuvo de convertirse en realidad. Tan sólo la indolencia de Fede Cartabia para dejarle en bandeja la última oportunidad para el Sevilla con el posterior gol de M'Bia, apartó al Valencia de la final de la Europa League.

Pizzi se quedó en el paro y empezó de cero en el León mexicano. Después fue fichado para sustituir a Jorge Sampaoli al frente de Chile y en su primera gran competición, la Copa América Centenario, se coló en la final para derrotar a la Argentina de Messi en la tanda de penaltis.

Hoy, en Chile, además de Pizzi hay viejos conocidos como el delantero Vargas, otro de los culpables de que aquel Valencia desahuciado estuviera a un paso de colarse en una final europea. Vargas estará acompañado hoy por Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Jean Beausejour, Marcelo Díaz, Arturo Vidal, Charles Aránguiz, Alexis Sánchez, Gonzalo Jara y Pablo 'Tucu' Hernández. Por encima de las individualidades, el técnico ha logrado que Chile sea un bloque, que el equipo sea la verdadera seña de identidad de un conjunto que hoy se lo pobdrá fifícil a la Alemania de Löw.

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