Las Provincias

ESCUDERO

ESCUDERO
  • Con 42 años de trabajo en el Valencia a sus espaldas, Cristóbal Escudero es un ejemplo de trabajo, lealtad y amor por el club

Mestalla, lleno hasta la bandera, jalea y empuja a su equipo hacia la victoria. El conjunto local, impulsado por la ilusión de sus jugadores y la pasión de la grada, doblega a un Real Madrid repleto de estrellas, muy superior sobre el papel, que hasta entonces ha encontrado pocos obstáculos en su camino. El 2-1 con que finaliza el encuentro sorprende en la España futbolística, consciente del desequilibrio deportivo entre ambos equipos, y escuece al madridismo, que aguarda con rabia la devolución de la afrenta sufrida.

La colección de estampas parece sacada del encuentro del pasado miércoles, pero en realidad tiene algo más de medio siglo y corresponde a una de las cimas históricas del filial del Valencia, el Club Deportivo Mestalla. El 24 de abril de 1965 el segundo equipo del Valencia, entonces en la división de plata, recibió al Madrid ye-yé, coleccionista de Ligas y Copas de Europa, en el partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Generalísimo. Los muchachos del filial, entrenados por el legendario Carlos Iturraspe, partían como mera comparsa en la eliminatoria. Y, sorprendentemente (o quizá no tanto), guiados por la calidad de Juan Muñoz y el oficio del veterano Paco Sendra, dieron la primera estocada en Mestalla. Fue, dicen las crónicas, un extraordinario duelo en el que el segundo equipo del Valencia bailó al mejor conjunto del momento. El filial venció la presión de recibir un gol en contra y, con el aplomo y la seriedad por banderas, sujetó a las estrellas del Madrid, volteó el resultado adverso y certificó una victoria histórica.

El defensa derecho de aquel Mestalla que doblegó al Madrid de Puskas, Gento, Serena y Pirri se llamaba Cristóbal Escudero Cebriá y tenía veinticinco años. El pasado jueves, gracias a la generosidad del Ayuntamiento de Picassent, tuve el honor de conocerlo. La excusa era la presentación de mi libro '25 historias del Valencia CF que quizá no conozcas' en la localidad de l'Horta Sud. Al final el acto acabó convirtiéndose en un pequeño y merecidísimo homenaje a Escudero, que protagoniza uno de los relatos del libro. Lo hace en calidad de figura fundamental en la vida del club de Mestalla. A sus espaldas, cuarenta y dos años en el club entre jugador y técnico, cientos de futbolistas formados desde los años setenta y la satisfacción de haber servido a su Valencia y de haber cumplido con su deber en todo momento.

La trayectoria profesional de Escudero sorprende por la modestia y la dedicación, así como por la ausencia de aristas. Como futbolista, Cristóbal disputó casi toda su carrera en las filas del filial, algo impensable en el deporte actual. Era allí, al frente del Mestalla, donde el Valencia lo necesitaba y donde, en consecuencia, permaneció durante un decenio sin escuchar los cantos de sirena que le llegaban de clubes de Primera. Retirado de la práctica deportiva, pasó a engrosar las filas de la estructura técnica del Valencia. Como entrenador repitió las mismas constantes de su etapa como deportista: estuvo allá donde el club le pidió que estuviera y realizó un trabajo silencioso pero muy efectivo. Fue segundo entrenador del Mestalla, responsable del equipo amateur y técnico de las categorías inferiores. Y, por encima de todo, ejerció como maestro de futbolistas y entrenadores, muchos de los cuales desarrollaron posteriormente una espléndida carrera en el Valencia. Uno de ellos, Voro González, se sienta hoy en el banquillo de Mestalla.

En un momento concreto del acto del jueves Fernando Giner, presidente de la Asociación de Futbolistas del Valencia y discípulo de Escudero, empuñó el micrófono para hablar de su antiguo entrenador. Resultó delicioso escucharle glosar la figura de Cristóbal mientras este, emocionado, asentía en silencio. «Escudero siempre iba de cara y no engañaba nunca. Él supo conducirnos y ayudarnos y fue un espejo en el que mirarnos». Cristóbal Escudero es sinónimo, y así ha de reflejarlo la historia, de honradez, lealtad, trabajo y amor incondicional por el club. «Tuve la oportunidad de marcharme del Valencia en varias ocasiones», comentaba, «pero, ¿para qué? ¿Dónde hubiera estado mejor que aquí?».

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