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Doce horas con Marcelino

Parejo, Rafa Mir, Vezo y Lato atienden las indicaciones de Marcelino. / juanjo monzó
Parejo, Rafa Mir, Vezo y Lato atienden las indicaciones de Marcelino. / juanjo monzó

El técnico estuvo muy activo y dando ánimos a los jugadores en las dos sesiones de trabajo que hicieronAnil Murthy dio la bienvenida a la plantilla, que comió en la ciudad deportiva y después se marchó al hotel que está al lado para descansar

C. V.

valencia. Para ser el primer día no está nada mal. Tiempo van a tener de sobra los jugadores del Valencia para conocer y quizás 'hartarse' en algún que otro caso de su nuevo entrenador, pero la primera jornada seria de trabajo con Marcelino comprendió un buen puñado de horas. Doce más o menos, porque a las 9.30 horas de la mañana saltaban los futbolistas al terreno de juego y casi a las nueve de la noche salían algunos de la ciudad deportiva.

Doble sesión para empezar y, entre una y otra, almuerzo en el comedor de la ciudad deportiva y posterior siesta en el hotel que hay pegado a las instalaciones (cada uno fue con su coche); síntoma evidente de la exigencia que pone Marcelino en su cometido: siempre muy atento a la dieta (por eso ha venido un nutricionista) y al descanso.

Es evidente que el de ayer resultó un día de estreno para muchos. Para la retocada composición del equipo médico, por ejemplo; pero también para ese amplio cuerpo técnico que fusiona elementos que ya estaban con Voro (todos siguen en el primer equipo menos Juan Monar) con los que se ha traído Marcelino -hijo incluido-.

Anil Murthy ejerció de presidente y entró al vestuario para dar la bienvenida a todos y presentar formalmente al entrenador. Luego, el dirigente salió al césped en compañía de José Ramón Alesanco. Allí empezaron a comprobar de primera mano la doctrina del método de su nuevo entrenador.

Ya sin la famosa barrera y garita que convertía el acceso a la ciudad deportiva -fuera del parking- en un absurdo búnker, al menos la primera media hora de la sesión fue abierta a los medios de comunicación. La vespertina, para no variar la vieja costumbre, cerrada a cal y canto. Por eso, por la mañana al menos se pudo comprobar cómo el asturiano, inconscientemente, retrasó su puesta efectiva en escena y así, mientras los jugadores realizaban los primeros ejercicios de calentamiento a las órdenes del preparador físico, Marcelino iba de aquí para allá en solitario y pensativo, atento a detalles sobre la situación de los conos, por ejemplo.

Dialogó con el responsable del césped y no fue hasta que terminó esa primera fase de la sesión cuando se hizo notar. Reunió a los jugadores en un círculo a la altura del medio del campo y les dio las primeras indicaciones de lo que quería en las siguientes pruebas. Desde ese momento, su participación fue intensa. Su voz se hizo palpable, tanto a la hora de repetir lo que quería en cada acción como para valorar y animar algunos de los movimientos y toques de balón que hicieron los futbolistas. Sin distinciones. Ya con el balón en juego como excusa para empezar a sudar.

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