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Calendarios en el recuerdo

Calendarios en el recuerdo

PACO LLORET

Antes de que el malogrado y siempre añorado Jorge Iranzo instituyera su personal calendario de cada temporada dedicado en exclusiva a los partidos y efemérides del Valencia CF, hubo otros que también marcaron una época y permanecen en el recuerdo por su singularidad. Sin ningún género de dudas, el más conocido era el editado por la óptica de Paquito Pla, establecimiento ya desaparecido que se ubicaba en la Avenida del Oeste. Probablemente, su mayor atractivo se centraba en la cuidada portada, donde aparecían los escudos a color de los equipos de Primera. Nunca mejor dicho, el calendario te entraba por la vista con aquella muestra de policromía. En una época marcada por el fútbol en blanco y negro, llamaba poderosamente la atención.

Además de la promoción comercial, el calendario lograba con claridad su objetivo: guiar a los aficionados con las fechas de los partidos de la campaña venidera en todas las categorías. Esa información se complementaba con una sorprendente base de registros históricos muy útil. En un alarde de edición contenía un sinfín de datos en un espacio mínimo que, eso sí, también exigía cierta agudeza visual porque en sus primeros años los nombres de los equipos, salvo los cortos, como Betis o Celta, aparecían reducidos. Por ejemplo, el Valencia era el Vlencia, el equipo de San Sebastián era la R. Sdad y el Barcelona era el Barna. Un detalle curioso al que te acostumbrabas. Posteriormente, se modernizó la impresión y aumentó la calidad del texto desapareciendo estas abreviaturas.

El calendario de Paquito Pla se distribuía gratuitamente tanto entre sus clientes como entre quienes no lo eran, sólo había que ir a la óptica y pedirlo. Con una sonrisa amable te lo daban sin obligarte a realizar compras. Aquel calendario adquirió un valor simbólico: representaba el pistoletazo de salida para el inicio de la temporada. Después de tenerlo en tu poder a finales de agosto, llegaba el segundo paso de la liturgia previa a la vuelta de la competición: el esperado álbum de cromos. Una de las peculiaridades de aquella pequeña guía de bolsillo que siempre me llamó la atención era que los escudos correspondían a los equipos que habían competido en el ejercicio anterior y no los que iban a afrontar el siguiente. En la reproducción que acompaña este texto perteneciente a la temporada 69-70, verán los escudos de los 16 equipos -la cifra de competidores- que participaron en el campeonato 68-69, cuando el Valencia celebró sus Bodas de Oro. En esa Liga los de Mestalla estuvieron a un paso de perder el tren europeo, aunque en la recta final lograron un triunfo decisivo en Mestalla ante el Atlético de Madrid que les permitió entrar en la Copa de Ferias en detrimento del conjunto colchonero, que se quedó fuera de los torneos continentales, pero que sería el campeón liguero de la 69-70.

El más conocido era el de la óptica Paquito Pla, pero varias cafeterías editaban el suyo

Otro rasgo que me llamaba la poderosamente atención del calendario era la familiaridad del nombre: Paquito, en contraste con la imagen respetable de un señor maduro, calvo y, por supuesto, con gafas. El único Paquito mayor que yo conocía jugaba en el Valencia de interior y tenía todo el derecho del mundo a llamarse cómo le diera la gana. Mi padre aumentaba la confusión cuando me hablaba de un tal Pla, que había sido jugador de una época anterior y al que no vi en acción. Sin embargo, el propietario de la óptica no tenía relación alguna con la práctica del fútbol profesional. El calendario se publicó durante varias décadas y hasta los años noventa se mantuvo por parte de los propietarios del negocio hasta que cesó la actividad. No era el único establecimiento de la ciudad que los elaboraba, de hecho, era frecuente que algunas de las numerosas cafeterías del centro de la ciudad los repartieran entre su clientela. La totalidad de aquellos locales que congregaban a numerosos aficionados al fútbol han desaparecido. Muchos adoptaron el anglicismo de 'Snack Bar' para estar a la última moda.

Gran parte de la vida comercial valenciana se concentraba en la avenida del Oeste, la de María Cristina y la calle San Vicente. Entre las cafeterías más conocidas destacaban Nebraska, enfrente del Mercado Central, el Pon Café, en la actual Plaza del Ayuntamiento, Héctor, en Don Juan de Austria, o Sueba muy cerca de la iglesia de San Martín, y estaban regentadas por la familia Romero, uno de cuyos integrantes fue propietario de la reciente desaparecida discoteca Woody. Entre sus socios estuvieron algunos jugadores del Valencia. Héctor Núñez fue socio de la cafetería Héctor. El uruguayo, además, regentó un restaurante con Roberto Gil.

Waldo y Guillot también regentaron la cafetería Walgui enfrente de Mestalla. La mayoría de los jugadores de los años sesenta solían frecuentar estos locales casi a diario. Otro establecimiento gastronómico muy vinculado al fútbol y que elaboraba su calendario anual se ubicaba al final de la calle Linterna, cerca de San Vicente, y respondía al nombre de marisquería Riamar, cuyo anuncio se escuchaba en los descansos de los partidos de Mestalla con un mensaje sencillo y repetitivo, parecido al célebre de 'Pollos Asados, Casa Cesáreo', aunque nunca llegó a alcanzar tanta notoriedad.

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