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Valencia CF | Un boceto en manos de Marcelino

Marcelino, a su llegada ayer al aeropuerto de Manises para volar hacia Francia. / jesús signes
Marcelino, a su llegada ayer al aeropuerto de Manises para volar hacia Francia. / jesús signes

El Valencia aterriza en Évian con muchos jugadores en la rampa de salida y a la espera de nuevos fichajes

HÉCTOR ESTEBAN

evian-les-bains. El Valencia de Marcelino ha aterrizado en Évian-les Baines, una pequeña localidad termal a orillas del lago Lemán y famosa por etiquetar el agua embotellada de medio mundo. En la entrada del pueblo luce su hermanamiento con Benicàssim. Évian está a tiro de piedra de la frontera con Suiza, donde el equipo se estrenará con sendos partidos la semana que viene para empezar a perfilar un proyecto que se ha convertido en la última vida de la credibilidad de Lim. La realidad es que Marcelino embarcó ayer con un boceto de plantilla.

La rutina conduce casi por inercia a situaciones paradójicas. El Valencia busca la relajación de una ciudad balneario cuando la entidad ha atravesado dos campañas de profunda esquizofrenia. El nuevo director general, Mateo Alemany, que mientras alguien no diga lo contrario es el eje de este proyecto, decía en la presentación vespertina y acelerada del portero Neto que la llegada del brasileño escenificaba un 'break' en la forma de proceder de los últimos tiempos. La realidad es que el Valencia necesita romper con su pasado más inmediato y alejar lo más posible a Peter Lim de las decisiones clave en lo deportivo por muy máximo accionista que sea. El renacer del equipo se ha fiado al orden de Marcelino, un técnico poco dado al jolgorio y a los efectos especiales. El Valencia debe resurgir desde los principios más clásicos del fútbol, desde la propia identidad que ha hilado los éxitos de una entidad que ha celebrado de manera puntual y que casi nunca ha dejado de ser la alternativa.

En Évian-les-Bains, el Ayuntamiento está ubicado en la antigua residencia veraniega de la familia Lumiere. Los hijos inventaron el cine, y hoy el club de Mestalla es parte del guión de una película de ciencia ficción, al otro lado de aquellas promesas del verano de 2014 que garantizaban un proyecto permanente de Champions. El valencianismo, especialmente aquella parte anestesiada desde el púlpito con voz y voto, se ha dado de bruces con una realidad desastrosa de lo deportivo y preocupante en lo económico.

El primer fichaje -Marcelino reclamó hace unas horas un mínimo de seis caras nuevas- ya ha llegado en la figura de Neto. Al menos el Valencia aterrizó a orillas del lago Lemán con el problema inesperado resuelto. A Ryan, que fue el primero en arrogarse la condición de titular, se le ha dado boleto para traer al suplente de la Juventus, con el que el Valencia ha empezado un noviazgo a favor de los italianos que ya se traduce en 24 millones de euros -los 18 de Zaza más los 6 de Neto-.

Es el primer paso para blindar la defensa, el principal objetivo de Marcelino. El técnico ya dijo que encajar más de 60 goles en una temporada era una sentencia de muerte. El siguiente paso serán los centrales. El plan pasaba primero por sacar a Santos, que se enrocó en una posición inicial de permanencia en Mestalla hasta que Marcelino y Alemany tuvieron que verbalizar que el carioca en la plantilla tendría colgada la etiqueta de descarte. Santos ayer se quedó en Valencia.

A partir de ahí habrá que buscar y decidir en un mercado limitado. De los cuatro centrales que se subieron ayer en el chárter rumbo a Évian, sólo Garay tiene asegurada la continuidad. Abdennour y Vezo son transferibles con patrones distintos. El Valencia quiere ingresar dinero por el tunecino. Es pura necesidad. El problema es que costó 21 millones de euros y una operación a lo Enzo Pérez sería ruinosa.

El portugués costó mucho menos -alrededor de un millón y medio- pero el problema es el mismo. No se puede sacar ni una migaja de beneficio por sus malas prestaciones. La cesión al Granada terminó de devaluarlo. El cuarto, Javi Jiménez, es una opción de futuro que debe curtirse en el filial. El técnico asumió desde el primer día que la pretemporada será larga, lo que no significa que acepte comenzar la Liga sin una pareja de centrales titular. Además, Marcelino añadió entre sus peticiones refuerzos para el centro del campo y para la banda izquierda.

Los deseos chocan de frente con la situación real de un Valencia que, a día de hoy, dibuja para el año que viene un presupuesto con casi 60 millones de déficit. Un imposible. La solución, salvo que el máximo accionista inyecte capital a través de una ampliación o haga una donación, pasa por vender aquellos jugadores que pueden equilibrar el balance. Vender a Carlos Soler, por poner un ejemplo, sería ahora mismo levantar a la afición en armas.

Mientras el Valencia se oxigena en las faldas de los Alpes -muchos equipos como es el caso del Athletic Club, han elegido la zona para su preparación- Mateu Alemany, que tiene opinión en todo -llama la atención que fuera él quien aterrizara desde Italia con Neto con el director deportivo en Valencia-, cuadra los números con una operación de ingeniería financiera alejada de lo que se prometió. Marcelino trabaja en Évian con un boceto de plantilla, donde ha subido al avión a futuros ausentes y a la espera de la base del proyecto.

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