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El túnel del tiempo

El aullido goleador de 'Lobo' Diarte

Muy completo. El paraguayo ha sido uno de los delanteros totales, con un físico envidiable y gran potencia. / lp
Muy completo. El paraguayo ha sido uno de los delanteros totales, con un físico envidiable y gran potencia. / lp

PACO LLORET

Ningún jugador en la historia del Valencia logró el registro goleador del 'Lobo' Diarte en el arranque de la Liga 76-77, su primera temporada en Mestalla. Nadie ha protagonizado un debut como el de aquel ariete paraguayo: 11 goles en las primeras siete jornadas del campeonato. Ni siquiera el legendario Mundo, máximo goleador valencianista de todos los tiempos, alcanzó una marca semejante pese a ser dos veces el Pichichi de la competición. Tampoco Waldo ni Mario Kempes, los otros dos artilleros más destacados.

Carlos Diarte también pudo en vida presumir de un hecho insólito: salir por la puerta grande de Mestalla a hombros de aficionados que, en un arrebato de entusiasmo, le auparon como si se tratara de un torero triunfador. Una escena que no consta se haya dado nunca con ningún otro jugador. El valencianismo bebía los vientos por aquel delantero que prometía superar todos los récords existentes y que parecía no tener techo. Las defensas rivales no podían frenarlo. La tarde de su consagración definitiva le endosó tres goles al Racing de Santander, cuyo portero, el internacional portugués Damas, sufrió un vendaval de juego ofensivo de un equipo que presumía de tener la mejor delantera de Europa: Rep, Diarte y Kempes. El holandés era el menos goleador del trío y el argentino estaba todavía eclipsado por los recitales del paraguayo, quién además de rematar le gustaba tocar la guitarra y cantar. La situación cambió un mal día de forma inesperada. Una inoportuna lesión frenó la espectacular aportación goleadora de Diarte en beneficio de Mario Kempes que no tardó en irrumpir como la verdadera estrella y, de paso, desbancar al Lobo como ídolo de una grada que se las prometía muy felices con aquel equipo entrenado por otro paraguayo, Heriberto Herrera.

Curiosamente, Diarte no pudo marcar en la primera jornada, cuando el Valencia se impuso en casa al Celta por 2-0. Esa noche todo el protagonismo fue para Kempes, que se estrenó como goleador y, lo que fue más importante, convenció a todos sobre su calidad y su potencial, puestos en duda tras un calamitoso debut semanas antes en el Trofeo Naranja. En la siguiente jornada Diarte firmó su primer gol oficial como valencianista al batir en Atocha a Arkonada. El choque con la Real Sociedad finalizó con empate a dos, los goles locales fueron ambos de penalti. Una semana después el Lobo logró su primer gol oficial en Mestalla en el lanzamiento de un máximo castigo decretado por Soriano Aladrén, que ese día debutaba como árbitro de la máxima categoría. El partido frente al Espanyol resultó apoteósico. Pese al gol inicial del chileno Caszely para los periquitos, el Valencia se desmelenó con un juego intenso y de gran belleza que puso a los de Sarriá contra las cuerdas. Bajo la dirección de un renacido Adorno, la noche acabó en goleada por 4-1. El Lobo y el Matador se repartieron los tantos a pares. Fue la primera exhibición de la campaña. Delirio en Mestalla.

No es de extrañar que una semana después el Valencia se fuera acompañado de cerca de 10.000 seguidores a Elche. Una invasión en toda regla. El viejo campo de Altabix había cerrado sus puertas y los de Mestalla debutaban en el nuevo estadio Martínez Valero, cuyas obras aún no estaban finalizadas. Otra actuación estelar de un equipo imperial que trituraba a sus rivales y un marcador idéntico: 1-4, con los mismos goleadores de la jornada anterior, aunque uno de los tantos de Kempes se le concedió al defensa local Dominichi en propia puerta. Las críticas fueron unánimes: el juego del equipo enamoraba. El Valencia se había convertido en el principal favorito a conquistar la Liga. No parecía tener rival. Sin embargo, en las dos siguientes jornadas el valencianismo bajó a la tierra. El primer pinchazo lo pudo ver todo el país a través de TVE que ofrecía en directo el partido que cerraba la jornada a última hora de la tarde del domingo. Cuando todo apuntaba hacia una nueva exhibición, el Real Betis salió respondón y aguó la fiesta con un inesperado empate. De nuevo Diarte volvió a marcar por partida doble. El Valencia hizo lo más difícil, remontar el gol inicial de los andaluces y ver como se le escapaba el triunfo en el último minuto por culpa de un gol de falta en el que la barrera estaba mal colocada.

Una semana después vino la primera derrota. El Valencia cayó en el Insular ante un rival en el que jugaban cinco argentinos y seis canarios. La Unión Deportiva Las Palmas se impuso por 2-1. El único gol visitante volvió a ser obra del Lobo, que inauguraba el marcador, pero los amarillos le dieron la vuelta al resultado en la segunda mitad. Aquello se tomó como un accidente. La confianza se mantenía intacta en una escuadra poderosa como se acreditó frente a los cántabros. Tres goles, salida a hombros y canto del cisne. El ariete guaraní ya no volvió a ser el mismo. Le abandonó la inspiración. Nunca se recuperó de la lesión y solo pudo marcar cinco goles en los veintisiete partidos restantes. Diarte acabó siendo una sombra de sí mismo. Una pena. El Lobo ha sido uno de los delanteros más completos del fútbol, con un físico envidiable y una potencia descomunal.

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