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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Las nuevas generaciones ignoran u olvidan la funcionalidad que ha tenido esta singular Institución valenciana que regula el derecho de aguas en la Huerta de Valencia, así como su manera de actuar y aplicar el derecho consuetudinario para dirimir los conflictos de riego entre la comunidad de regantes de la Vega de Valencia, cumpliendo las sentencias dictada por los Síndicos de las Acequias del Tribunal de las Aguas del Turia, de manera inmediata. En dichas sentencias se pone de manifiesto el valor de la palabra de los agricultores de nuestra tierra valenciana.
Cabe recordar que el principal recurso económico y base de la vida en la Valencia omeya fue la agricultura. Se transmitieron recomendaciones a los gobernadores y visires para que se dispensasen protección a los labriegos y contribuyesen a la prosperidad de Al-Andalus.
El historiador y geógrafo Al-Razí alaba la bondad del término de Valencia. Destaca el contraste que existía entre las llanuras costeras y las montañas del interior. Alude a la fertilidad de la zona de Borriana, que es toda irrigada, y resalta la importancia del azafrán en el término de Valencia, diciendo que lo exportan a todas las partes del mundo.
La «Balansiya» o área de Valencia desarrolló una agricultura próspera. Los autores ensalzan los primores de la Huerta de Valencia y los cuidados con que los campesinos muladíes, mozárabes y beréberes saben aplicar como consecuencia de la experiencia agrícola multisecular trasmitida desde hace siglos.
El cronista Al-Udrí, que visitó Valencia a mediados del siglo XI, señala la importancia del cultivo del arroz, alimento que se vendía a toda Al-Andalus y se comercializaba a través del puerto de Valencia. Describe que el río regaba sus orillas, cubiertas de jardines, huertas y explotaciones agrícolas sin interrupción. Sin embargo, de las afirmaciones de Al-Udrí se extrae que predominaba el secano en la agricultura valenciana en la primera mitad del siglo X. El historiador Yaqut, al hablar de la zona de Dénia, menciona la abundancia de higueras, vides y almendros, sin aludir a los cereales. Al-Idrisí confirma esta observación al citar las vides y los almendros. El naranjo agrio era conocido, pero se cultivaba como árbol decorativo.
Grandes avances técnicos se produjeron en la agricultura de Sarq al-Andalus -tierras actuales valencianas- : se perfeccionaron los métodos de cultivo, se aclimataron nuevas plantas, se desarrolló los sistemas de riego. El Tribunal de las Aguas de Valencia es una institución peculiar que regula la distribución del agua y su mejor aprovechamiento en la Huerta de Valencia. Aunque se instituyó en época romana, tal como ha llegado a nosotros es un legado de la Valencia musulmana. Si seguimos a los tratadistas fue durante los soberanos Abd al-Rahman III y Al-Hakam II en el siglo X cuando quedó organizado en forma similar a como funciona actualmente.
Según Thomas F. Glick no se conoce casi nada de los oficiales que presidían la distribución de las aguas en Al-Andalus, ni del aparato administrativo, procedimientos y reglas que les guiaban en sus deberes y obligaciones.
Ibn Hayyán recoge la historia de dos libertos del siglo XI, Mubarak y Muzaffar, que estaban al cargo de la administración de regadío en Valencia y que alcanzaron la dignidad de emires en Valencia y Xàtiva respectivamente. Estos dos acequieros fueron reyes en Valencia. El «sahib al-saqiya» debió ser el oficial que entendería de asuntos relacionados con el tema del agua; pero no fue el único sino que existieron otros funcionarios menores como el «amin al-ma» que se encargaron de la jurisdicción de los sistemas de regadío más pequeños.
Debemos sentirnos orgullosos de que a pesar de los avatares de la Historia perviva esta original Institución valenciana, de reconocido prestigio internacional, que en septiembre de 2009 fue designada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

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