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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Quienes andáis buscando tema para tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas, parad atención un momento: ella, la alcaldesa de Valencia, hace un alto en sus vacaciones, se pone el uniforme rojo de campaña, baja a la ciudad un rato y con dos frases, con apenas doscientas palabras, sublima y capitaliza los sentimientos de un millón de valencianos:
--Estoy muy satisfecha porque Valencia está liderando en tres grandes campos y al más alto nivel: en la ciencia, la cultura y el deporte. Estamos viviendo un espectáculo de primer nivel y todo está saliendo a la perfección.
Todo lo asume, todo lo abarca. En el santo nombre de Valencia, todo lo transforma en energía positiva: a pesar de las dificultades, la Fórmula 1 ha salido bien, Valencia ha brillado más que en 2008. Pero es que además está el doctor Cavadas, que ha proyectado el nombre de Valencia en el mundo con un trasplante sensacional, y el triunfo del genial Sorolla en la exposición de Madrid, de la que tan poco se habla en casa. Antídoto contra la depresión, vitamina para la autoestima, la alcaldesa necesita apenas cinco minutos para catalizar todo cuanto ese millón de electores valencianos necesita. Lo convierte en reconstituyente, lo administra como antidepresivo, levanta la moral del partido y sus electores, les da cuerda al menos hasta Navidad, y se vuelve tranquilamente a la playa.
No hay más secreto, ese es todo el secreto. Por eso Jorge Bellver cuando le preguntar por la sucesión dice le vuelvan a llamar dentro de 200 años. Rita Barberá, sin mistificaciones, tiene la fórmula que le permite interpretar los deseos inconexos de miles de valencianos, el viejísimo anhelo de esta ciudad (provincia-región) de estar presente en el mundo, de codearse con las de siempre, de destacar en algo y para algo, se llame trasplante de cara, arquitecto que triunfa en Seúl o algo tan simple, pero por otra parte tan digno de encomio, como que en Onda Cero, aunque sea por sustitución de verano, está habiendo programas que hacen desde aquí profesionales de aquí.
Desde hace más de un siglo, ese pequeño y bien dosificado orgullo local es el que nos distingue; el que nos separa de los abertzales violentos y los nacionalistas maquinadores. Y ese es el sentimiento que Rita Barberá sabe cristalizar, por encima de una gran mayoría de dirigentes de su partido, que no siempre lo sienten o no lo saben transmitir con naturalidad, y por encima, desde luego, de la gran mayoría de cabezas de huevo del PSPV que se avergonzarían de intentar expresarlo porque son estamos hablando de sentimientos que en modo alguno les ponen.

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