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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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La rendición de cuentas y la financiación de las Entidades Locales
En los últimos años, las Corporaciones Locales valencianas han avanzado significativamente en su obligación de rendir cuentas. A esta tarea la Sindicatura de Comptes, organismo encargado del control de las cuentas del sector público valenciano, ha centrado unos ingentes esfuerzos, que están dando sus frutos. Incluso en el presente año, cuando se ha adoptado un nuevo sistema de presentación acordado con el Tribunal de Cuentas, el índice de cumplimiento está en un rango superior al 80% (gracias también a la colaboración de las Diputaciones de Castellón, Valencia y Alicante), aún lejos de nuestro objetivo de alcanzar el 100%, pero muy por encima del porcentaje del resto de autonomías.

No obstante, y aunque desde la Sindicatura estamos convencidos de la necesidad de seguir avanzado en esta línea, somos conscientes también de la falta de recursos que padecen los Ayuntamientos y demás Entidades Locales. La pregunta que surge inmediatamente es, si las Corporaciones tienen dificultades para acometer lo que les marca la ley en materia contable, cómo resuelven otras cuestiones propias de cada programa de gobierno. Ello nos lleva a analizar la necesidad de un cambio en el modelo de financiación, que asigne los medios necesarios para que cada Corporación pueda acometer aquello a lo que está obligada para que pueda resolver las necesidades de sus vecinos y atender el desarrollo propio del municipio, para, en definitiva, realizar una eficaz gestión que revierta en el ciudadano.

Pensamos que para hacer coherente el rigor de la rendición de cuentas con la futura financiación local, podría ser útil partir de los propios datos e indicadores que constan en los informes que elabora la Sindicatura. Si la finalidad esencial de estos informes es la mejora de la gestión municipal y el suministro de información económico-financiera, tanto a los plenos de las Corporaciones Locales como a la opinión pública, aquella finalidad no debería quedar solo ahí, sino que también podrían utilizarse para articular un nuevo sistema de financiación local.

La financiación local

¿Qué ha ocurrido para que esta cuestión se haya convertido en actualidad? En mi opinión se trata de un mal endémico al que hace tiempo que habría que haberle dado su diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, mientras la economía ha ido bien, de una u otra forma se han ido creando fuentes de recursos que han enmascarado el problema de fondo. El urbanismo de una forma directa o indirecta, a través de las tasas e impuestos que recaen sobre los inmuebles, ha permitido mantener larvada una situación difícil que ahora se plantea con toda su crudeza y urgencia.

Cuando las dificultades económicas aprietan al conjunto de la sociedad es cuando la realidad se transparenta para hacerse nítida y comprobar que el sistema de financiación, tal y como está, no funciona. Si esto ocurre el realmente perjudicado es el ciudadano que es, a su vez, el único origen de los recursos públicos. Esto es algo que creo que no debe perderse de vista en el gran debate de financiación que ha surgido. Por encima de posiciones políticas y de peculiaridades de cada pueblo, ciudad o autonomía, habría que poner sobre la mesa la necesidad de una gestión más eficiente y menos solapada que permitiera que el inversor recuperara su capital con intereses. Quiero decir con ello que la Administración, sea nacional, autonómica o local, no debe olvidar que su principal misión es la de gestionar los recursos que los ciudadanos les confían, de manera que logre rentabilizarlos en servicios, prestaciones, infraestructuras, etc.

Por tanto, el necesario debate sobre el sistema financiación debe regirse en torno a este eje: analizar los recursos que cada ciudadano aporta a la administración y la contrapartida que recibe con ellos. Desde esta perspectiva quizá se deban replantear, no sólo las competencias que financia cada administración, sino también si la gestión que se realiza desde los distintos ámbitos cuenta con los suficientes ratios de eficiencia.

Una consideración final

Ante este planteamiento que pretende destacar el principio de transparencia, tanto en la rendición de cuentas como en el sistema de financiación local, debemos tener presente que aquella rendición de cuentas supone la verificación del resultado anual de la gestión de los ingresos y gastos de las Entidades Locales. Si la Sindicatura de Comptes es exigente en esta materia, coherentemente también debe poner de manifiesto la existencia actual del problema de la financiación local porque así se desprende de sus informes.

Debe existir una correlación entre las competencias que se prestan por las Entidades Locales y su financiación. Los informes que emite esta Sindicatura de Comptes contienen diversos indicadores muy ilustrativos; entre ellos, el de la presión tributaria o el del gasto por habitante; el del remanente de tesorería, el del ahorro neto y el del saldo de la deuda o el hecho de que, en muchos casos, los ingresos corrientes ya no financian los gastos corrientes. El resultado de estos indicadores y su evolución en los últimos años ponen de manifiesto la necesidad de establecer un nuevo sistema de financiación local.

En conclusión, ante el imprescindible y parece que ya iniciado proceso de revisión del modelo de financiación de las autonomías, el Estado y las Comunidades Autónomas deberían contemplar también una necesaria reforma de la financiación de las Entidades Locales. Vengan de donde vengan los recursos, es decir, tanto del Estado como de las propias Comunidades Autónomas o de las Diputaciones (que también son Entidades Locales), los ingresos municipales ordinarios no finalistas deben atender con suficiencia todas las competencias que, con carácter general, la ley atribuye a los entes locales. Sólo así se puede plantear una auténtica reforma de las haciendas locales.

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