Domingo, 24 de junio de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

en corral ajeno
Comienza la “era Camps”
Ya hay quienes sitúan a Francisco Camps en Madrid, en un hipotético Gobierno de Mariano Rajoy o, eventualmente, como alternativa al líder del PP en caso de su descalabro electoral.

Uno no tiene dotes de adivino para sumarse a esos vaticinios. Sobre todo, si colige que Camps es muy distinto a su predecesor, Eduardo Zaplana , quien nunca ocultó su deseo de hacer carrera en Madrid. Por otra parte, la capital del reino ha sido la tumba política de varios presidentes autonómicos que cayeron en esa tentación. Y sin distingo de partidos: ahí está José Bono , haciendo de tertuliano radiofónico, o Juan José Lucas , sin saberse muy bien qué hace.

Lo único cierto es que el reelegido presidente de la Comunitat, nacido en esta tierra, a diferencia de sus dos predecesores, tiene una ingente tarea por delante, con el desarrollo del nuevo Estatut de autonomía, y gozando para ello de un importante aval electoral. Es decir, de los ingredientes necesarios y suficientes para el inicio de una larga era Camps, no sé si tan dilatada como la de Rodríguez Ibarra en Extremadura, o la del andaluz Manuel Chaves , quien por cierto compatibiliza su cargo con la presidencia federal del PSOE.

La semana que empieza desvelará las claves del gobierno de Camps, hasta ahora más impenetrable que la Esfinge, quien ya dio sus primeras sorpresas con la designación de Milagrosa Martínez como presidenta de Las Corts y el reenvío a Elda de la anterior secretaria del PP, Adela Pedrosa . No dudo que el presidente seguirá asombrando a tirios y a troyanos con más nombramientos inopinados.

En cualquier caso, dos van a ser los ejes, al parecer, del nuevo mandato: el valencianismo y los temas sociales. El primero trasciende de nuestra Comunitat, ya que le servirá al PP para ejemplificar su política de conjugar autonomismo y españolismo. Esa concepción clara del Estado la contrapondrá el Partido Popular a la errática deriva de Rodríguez Zapatero , capaz de desconcertar a muchos socialistas que ignoran cuál es el modelo que éste tiene en su cabeza.

La batalla que se está esbozando no es menor y tiene su último episodio en el recurso de inconstitucionalidad contra el estatuto de Andalucía. La fijación en éste de un criterio propio de financiación, así como el mínimo establecido en su día por el de Cataluña —y otros que puedan sobrevenir—, conlleva que la suma de trozos del pastel a repartir supere el ciento por ciento. ¿Cómo se come eso? Para que nadie se llame a engaño, ya lo previó en su momento alguien tan sensato como el vicepresidente Pedro Solbes , al aludir al sudoku financiero que nos venía encima.

Otra baza que exhibió en su campaña Paco Camps es el apoyo incondicional a los grandes eventos. En la crítica a éstos, precisamente, es donde halló el último clavo de su ataúd electoral la izquierda valenciana. Y es que la Ocean Race de Alicante o el circuito urbano de la Fórmula 1 —con la inocua polémica sobre las preferencias políticas de Bernie Ecclestone — dan más lustre a la Comunitat que decenas de promociones turísticas al uso.

Lo descubrió ya Barcelona con los Juegos Olímpicos y Bilbao con el Guggenheim, de más éxito que el inteligente eslogan de “ven y cuéntalo”, que creó Rosa Díez cuando era consejera del Gobierno vasco. Hasta Asturias utiliza ahora a Woody Allen como reclamo turístico. Y es que cualquier comunidad autónoma se daría de puñadas por tener uno solo de todos nuestros grandes eventos.

Éstas son algunas de las razones que, si no se le tuercen, auguran un largo recorrido al Gobierno de Francisco Camps, más allá del actual mandato electoral de cuatro años. Pero, para ello, el presidente deberá mostrar una capacidad de integración social y política que se le supone y que el nuevo referente de la derecha europea, el francés Nicolas Sarkozy , ha comenzado a evidenciar con la apertura de su gabinete a distintos grupos y sensibilidades.

Es verdad que soplan aires de un liberalismo renovador en toda Europa, con las últimas victorias conservadoras y el previsible triunfo en su momento de David Cameron en Gran Bretaña frente al sucesor de Blair, Gordon Brown . En España, en cambio, con una derecha acomplejada y aún estupefacta a los tres años del 11-M, las cosas van por otro camino.

Se entiende, en ese contexto, que la bocanada de aire fresco que aporta Paco Camps le coloque en el punto de mira de muchas expectativas: infundadas, probablemente, algunas; prematuras, en cualquier caso, el resto.

 
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