Lunes, 11 de junio de 2007
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Castellón
La legitimidad de la AVL (¡y de la RACV!)
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El 8 de julio de 2001 escribíamos en LAS PROVINCIAS: “Contra vent i marea, a pesar de les pedres encontrades en el llarc i tortuos cami, quan obviament es trobava estancada, sorgix el moment magic i ahí tenim feta realitat l’Academia Valenciana de la Llengua. Sincerament crec que esta “conquista” d’Eduardo Zaplana rodejarà d’inoblidables recòrts el seu pas per la presidencia de la Generalitat. Segons l’habil i inteligent politic –i, llogicament, el partit que el respala-, la creacio de l’AVL acabarà en el conflicte -¡la guerra!- que durant molts anys han/hem patit els valencians. Mes val aixina. Si realment la pau llingüistica es d’esta manera possible, benvinguda siga la nova i, ya abans de funcionar, historica institucio”.

Aunque el invento zaplanista era difícil de comprender, porque mucho antes la lengua valenciana ya había sido normalizada por la Real Academia de Cultura Valenciana, competente y legitimada para definir, desde fundamentos históricos y científicos, las cuestiones lingüísticas valencianas, ya que según la misma “es conceptual, estructural i cientificament una llengua diferenciada, i ho és des d’una perspectiva genètica, geogràfica i política, lliterària, sociológica i propiament llingüística, es dir, des de la gramàtica descriptiva del seu estat sincrónic actual”… Nos estamos refiriendo a las Normas del Puig de 1979 –posteriormente revisadas y actualizadas-, que suponen “una superació definitiva de les normes del 32, una separació clara de la normativa de l’Institut d’Estudis Catalans, i un intent científic de dotar a la llengua valenciana d’una codificació gràfica funcional”.

Ahora, tras las recientes elecciones locales y autonómicas, en las que el PP ha arrasado en nuestra Comunitat, Àngel Calpe (Acadèmia Valenciana de la Llengua), escribe en esta tribuna: “Les normes de la RACV foren una proposta lingüística per a codificar el valencià necessària en el seu moment i que ens ha ajudat a arribar on estem (¿necesaria en su momento?, ¿es que ahora se habla de otra manera?), amb un Estatut d’Autonomía que consagra l’idioma valencià i una institució normativa específicament valenciana (AVL)”. ¿Es que el Estatuto de 1982 no consagraba también el idioma valenciano? ¿Es que la RACV no es asimismo “específicamente” una institución valenciana, por lo menos tanto como la AVL?. Sobre el asunto que nos ocupa caben no pocos interrogantes más:

Por ejemplo: ¿por qué se prefirió elegir como denominación la más que sospechosa de Acadèmia Valenciana de la Llengua, que es verdaderamente desafortunada, inapropiada e incluso fonéticamente malsonante?. Con lo claro y concluyente que hubiera sido titularla Acadèmia de la Llengua Valenciana. Mil razones (y ejemplos) refuerzan nuestra tesis, comenzando por el organismo que tan entusiastamente enaltecen los partidarios de la unidad de la lengua, el Institut d’Estudis Catalans, que se denomina así y no Institut Català d’Estudis; como la Academia de la Lengua Vasca (y no Academia Vasca de la Lengua), Federación de Pelota Valenciana (y no Federación Valenciana de Pelota), Real Academia de Cultura Valenciana (y no Real Academia Valenciana de Cultura)…

¿Por qué Zaplana, gobernando con mayoría absoluta, consintió que la mayor parte de los académicos –consensuados entre el PP y PSOE- fueran pro-catalanistas? ¿Por qué la izquierda, siempre en contra de las propuestas de la derecha, aceptó (y bendijo) la creación de la AVL y ha aplaudido siempre su funcionamiento?

Es cierto que los partidos políticos que tradicionalmente han apoyado las normas de la RACV (UV y CV) se han hundido en esta ocasión, pero no se olvide que un elevado número de votantes del PP también defienden estas mismas normas. (y si no, que se lo pregunten al todavía presidente de la Diputación, Fernando Giner, y a sus miles de seguidores). Lo que ocurre es que a la hora de votar, para los militantes y simpatizantes del PP pesa más todo lo bueno de esta formación que lo negativo, que es únicamente la sumisión a los deseos catalanistas, en virtud de las exigencias que en su día Pujol obligó a acatar a Aznar, como está dicho y documentado.

Después de tantos años de conflictos, lo lógico y conveniente hubiera sido que el PP, tras arrebatarle la Generalitat Valenciana al PSOE, se hubiera distanciado de la “querencia” de la izquierda y hubiese aprovechado lo que ya teníamos: la RACV, en defensa de la lengua valenciana. ¡Qué inmenso error se cometió!

Hoy, si la AVL goza de absoluta legitimidad ésta no se le puede negar a la RACV, después de 92 años de impagables servicios al pueblo valenciano. “El que” pasa es que la primera ha sido entronizada por el poder político y erigida en “institució normativa” y la segunda, olvidada. Resumiendo, en la Comunitat Valenciana –aparte del castellano- prevalecen (dígase lo que se quiera) dos lenguas: una unificada con el catalán, y la otra –la genuina y auténtica- desamparada. O sea, la AVL y el IEC se dan la mano (y la lengua).-

 
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