Viernes, 25 de mayo de 2007
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Castellón
El hueco valencianista
dos en campaña

Fue en las autonómicas de 1991 cuando Unión Valenciana, conducida por el ya fallecido Vicente González Lizondo, obtuvo los mejores resultados electorales de su historia. Con un total de 208.126 votos, el 10,5% de las papeletas emitidas, la formación valencianista se convertía en la tercera fuerza de la Comunitat. Desde entonces, UV ha ido de desgracia en desgracia, de error en error, y sus sucesivos dirigentes, incluido el propio Lizondo, no han sabido administrar un capital político duramente conquistado.

A la vista de las encuestas difundidas de cara a la jornada electoral del domingo, cabe pensar que la UV actual, dirigida por su candidato a la presidencia de la Generalitat, José Manuel Miralles, mejorará sus resultados de 2003, -72.594 votos-, lo cual no parece imposible, aunque sí insuficiente para abandonar la condición de partido extraparlamentario que le adorna desde 1999.

Como a perro flaco todo son pulgas, a UV le ha salido una competencia, Coalición Valenciana (CV), partido que se disputa el mismo espacio de UV y que ha hecho del anticatalanismo furibundo, entre otros extremismos, su bandera de campaña.

Tras haber aprendido de los errores pasados, los actuales responsables de UV se han resistido a recientes cantos de sirenas del PP encaminados sacar a UV de la contienda electoral. Los más de 70.000 votos valencianistas podrían, en el supuesto de unos resultados electorales estrechos, ayudar al PP a mantener su codiciada mayoría absoluta.

Como no disponemos de una bola de cristal, nos limitamos a constatar que al frente de UV hay una dirección con ganas, incluido González Lizondo Jr., que ha apostado en serio por rehabilitar unas siglas que se han visto sometidas, por intereses espurios o incapacidad de sus anteriores dirigentes, a un gran descrédito entre los ciudadanos, devaluándose convocatoria tras convocatoria.

Si el domingo las urnas no son favorables a UV y se ve mermado su capital electoral respecto a 2003, veremos si la ilusión y empuje que ahora trasmiten sus candidatos se mantiene o, por el contrario, vuelven a las prácticas autodestructivas que les ha caracterizado en los últimos años.

 
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