Viernes, 25 de mayo de 2007
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Castellón
Hablemos de España
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Nunca se había hablado tanto de España en unas elecciones autonómicas. Por ejemplo, el candidato a la reelección, Francisco Camps, siempre que alude a la Comunitat la vincula al futuro de España, en coherencia con la letra y el espíritu de nuestro himno oficial.

Eso evidencia que la apuesta electoral trasciende del marco autonómico.

De ahí que se haya armado la marimorena con la extemporánea frase de José María Aznar: “Zapatero ha conseguido que media España no acepte la otra media”, lo que, según él, “nos condujo a lo peor de nuestra historia hace 70 años”.

Al rato cargó en tromba el PSOE contra Mariano Rajoy, por elevación, mientras otro “ex”, Felipe González, dijo que Aznar legitimó la Guerra Civil. Ya ven cómo están las cosas. Hace un par de meses, hablando en México de la situación española, González declaró: “Parece que estamos en un debate político prebélico”. Y nadie se rasgó entonces las vestiduras.

Es que, entre otras batallas, el PP ha perdido la de la imagen. Haga lo que haga, siempre se asemeja al malo de la película porque no sabe cómo trasmitirlo: carece de formas suaves, sonrisa meliflua y amigos que le bailen el agua.

Todo lo que dice la izquierda, en cambio, va a misa. ¡Vaya paradoja! Cuando Santiago Carrillo manifestó hace nada “no sé si estoy en 2007 o de vuelta en 1936”, nadie lo vio mal. Y cuando Almudena Grandes dijo que cada mañana “fusilaría dos o tres voces de la derecha” la cosa quedó ahí. ¡Ay si hubiera sido un escritor de la otra cuerda el autor de semejante dislate!

Quienes, sin pertenecer a ningún bando, somos testigos de este guirigay debemos dar cuenta de él, así como de otras trampas dialécticas. Si ZP argumenta, afortunadamente con razón: “España no se ha roto, pese a lo que diga el PP”, los populares no saben replicarle: “Eso se debe, precisamente, a nuestra presión”.

Peor para ellos. Si no espabilan, tal como pregona la cuña electoral del Compromís, lograrán “echar al PP de las instituciones”.

De eso se trata: no de gobernar así o asá, sino de arrojar al Partido Popular a los infiernos, ya que, como dice Glòria Marcos, mientras la enseña constitucional no debe significar nada bueno, “la bandera republicana reivindica la dignidad humana”.

 
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