Lunes, 21 de mayo de 2007
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Valencia
La batalla de las Diputaciones
enrarias@hotmail.com

Lo único que los ciudadanos no elegimos mediante papeletas es la composición de las Diputaciones. Se trata de una elección indirecta, según los resultados municipales de cada provincia.

Más allá de la polémica sobre su papel y hasta de si conviene suprimirlas, lo cuantioso de su presupuesto convierte a las Diputaciones, cómo no, en goloso objeto de disputa electoral.

Los analistas coinciden en que la matemática de diputados que corresponden a cada partido judicial daría las de Castellón y Alicante al PP y mantendría abiertas las opciones a la de Valencia.

¿Quiere esto decir que ya se puede poner cara y nombre propio a cada corporación provincial? Qué más desearían algunos. Sólo si el PSPV consigue el diputado de Requena, no pierde el de Sueca al ir desligado esta vez de EU y rebaña otro de los 18 que se juegan en Valencia, se haría con el Palau de Batlia.

Ni aun así estaría seguro Rafa Rubio de que el cargo sería para él, pese a la promesa de Ignasi Pla. Quizás el resultado de Valencia y un posible regreso precipitado a Madrid de Carmen Alborch aconseje el sacrificio, una vez más, del portavoz municipal socialista para que bregue desde la oposición con Rita Barberá.

Y es que una cosa son las promesas preelectorales y otra muy distinta la conveniencia de cumplirlas pasado el trance. A lo mejor le sucede lo propio al PP en Castellón, donde el candidato a reeditar la presidencia de la Diputación, Carlos Fabra, tiene varios casos judiciales pendientes y sufre un brutal acoso mediático. En esas condiciones, ¿le conviene a su partido la exposición pública que conlleva el cargo?

Lo de Alicante es más complejo. Reducto de un zaplanismo en retirada, la Diputación recaería de nuevo en Joaquín Ripoll, según acuerdo previo. Pero, ¿quién resiste acaso la tentación de ajustar cuentas a toro pasado, cuando ya no es precisa una aparente unidad política?

El único que lo tiene claro aunque, ¡ay!, antes tiene que ganar, es el alcalde de Xàtiva, Alfonso Rus. De lograrlo, acabaría la bicefalia de la época de Fernando Giner al frente de la Diputación de Valencia, conviviendo con sucesivos presidentes provinciales del PP: Pepe Díez, Serafín Castellano y el propio Rus.

 
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