Domingo, 20 de mayo de 2007
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Valencia
Campaña sin pena ni gloria
Los ciudadanos afirman estar al tanto del proceso electoral pero no le prestan demasiada atención y reprochan a los candidatos que incumplan sus promesas
Los ciudadanos afirman estar al tanto del proceso electoral pero no le prestan demasiada atención y reprochan a los candidatos que incumplan sus promesas
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Dentro de siete días, usted probablemente esté depositando su voto en una urna, y tal vez unos minutos después ya no recuerde prácticamente nada de lo acontecido en el ámbito político durante los quince días anteriores, copados de anuncios, promesas y mítines. Una vez cerrada la campaña electoral, la suerte estará echada.

Los partidos políticos intentan ser cada vez más innovadores, pero en ocasiones parece que se devanan los sesos para nada. Obsequios originales, rutas y propuestas imaginativas, uso de las nuevas tecnologías para llegar más lejos y más rápido... Todo un derroche de inventiva, y también de dinero, que a veces no obtiene los resultados esperados en las urnas.

El principal motivo es que los ciudadanos empiezan a estar desencantados con la política y los políticos. Insultos y descalificaciones, crispación, promesas incumplidas... son la cruz de la moneda de los multitudinarios mítines, el reparto de abrazos por doquier y los mensajes autocomplacientes.

El resultado de todo ello es que los ciudadanos ya no prestan demasiada atención a las campañas electorales, excepción hecha de los simpatizantes más acérrimos, aunque reconocen que sí que están al tanto de los principales acontecimientos.

La mayoría de los ciudadanos parece tener su voto decidido de antemano, y una campaña más o menos intensa va a influir bien poco en él. Sólo queda un pequeño grupo de indecisos, aunque también es cierto que, en ocasiones, pueden ser lo suficientemente significativos como para decantar la balanza electoral hacia un lado o hacia otro.

Desconfianza
LAS PROVINCIAS ha querido tomarles el pulso a los ciudadanos, saber qué opinan de la campaña electoral. La plaza del Ayuntamiento de Valencia a hora punta es el lugar de paso para muchas personas de distintas edades, profesiones y preferencias políticas. Pero todos ellos con un denominador común: están hartos de los políticos.

Este desencanto se refleja sobre todo en los más jóvenes. Bien porque tienen mejores cosas en las que pensar, bien porque no se sienten representados en ninguna de las opciones políticas ni en ninguno de sus líderes, bien porque ya lo tienen más que claro. El caso es que suelen cambiar de canal en su televisor cuando aparecen los anuncios electorales de rigor.

Aunque también hay excepciones. Es el caso de Tamara Ribera, una joven de 17 años que todavía no podrá ejercer su derecho al voto en la cita del 27-M. Aún así, se muestra interesada en los temas políticos, en parte, gracias a las inquietudes de su madre.

Algunos, los más mayores, lamentan el escaso interés que despierta la política entre los jóvenes. “Yo que he vivido otras épocas, valoro todo esto mucho más”, señala Arturo García.

Y pese al seguimiento en mayor o menor grado de las campañas electorales, una gran coincidencia: la desconfianza respecto a las promesas de los políticos, sean de un partido o de otro. En estos días son habituales los grandes anuncios, los proyectos increíbles, las mejores soluciones. Muchos de ellos se quedan en el baúl de los recuerdos por falta de dinero, o simplemente de memoria. Y en eso, los ciudadanos no distinguen color político.

politica@lasprovincias.es

 
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